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Sobrevida de pacientes trasplantados es de dos a doce años, depende de los cuidados

COSTA RICA
LOS DE RIÑÓN SON MÁS EXITOSOS
14 DE MAYO DE 2014
LADY ROJAS

La sobrevida luego de un trasplante de órgano depende mucho de los cuidados que un paciente tenga luego de la intervención quirúrgica, pero si sigue todas las indicaciones del médico una persona puede vivir de dos a doce años, incluso hay pacientes que ya tienen 22 años de haber recibió un órgano.

Riñón

De acuerdo con el coordinador de Trasplantes de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), Dr. Marvin Agüero, en Costa Rica, el trasplante de riñón es uno de los más exitosos, incluso más del 80 % de los pacientes trasplantados están vivos luego de los cinco años de haber recibido el órgano.

“Tenemos pacientes trasplantados desde hace 22 años con vida, en ellos el promedio de vida ronda generalmente los 15 años. Esto va a depender de los cuidados que el paciente tenga, de un adecuado tratamiento y seguimiento médico y además de la prevención de complicaciones,” destacó el Dr. Agüero.

Para el Coordinador de Trasplante de la Caja es fundamental que haya un adecuado tratamiento, para evitar el rechazo del órgano.

En el caso del trasplante de riñón hay que tener sumo cuidado para prevenir infecciones urinarias, las complicaciones propias de la diabetes.

Hígado

Cuando se habla de trasplante de hígado, que es el segundo en cuanto al tema de sobrevida, se da una proyección de 10 y 12 años.

“En el hígado sí se dan más episodios de rechazo, ya que es un órgano muy complejo ya que es el almacén donde se generan los sistemas de defensa del cuerpo, por lo que limpia la sangre y la orina, ensambla células de defensa, proteínas de defensas y es más susceptible a generar tóxicos. Se debe prevenir las infecciones para evitar el rechazo del mismo. Las condiciones de hábitat y sociales van a determinar la buena evolución de paciente,” explicó el experto.

Corazón

Cuando se realiza un trasplante de corazón, se da una sobrevida de ocho años, de acuerdo con el Dr. Agüero, la mayoría de pacientes con este tipo de trasplante fallece porque no se cuidaron.

“Es muy difícil ver que un trasplante de corazón falló por complicaciones propias de la cirugía, la mayoría de los casos es porque se dan complicaciones de otras enfermedades asociadas de fondo,” detalló el Coordinador del Programa de Trasplantes.

Pulmón

Cuando se habla del trasplante de pulmón, la sobrevida es de tres a cuatro años como mínimo, ya que de acuerdo con el Dr. Agüero, una persona podría vivir una gran cantidad de años dependiendo de los cuidados que tenga.

Intestino delgado

El trasplante de intestino delgado solo se ha realizado una vez en nuestro país, por lo que los años de sobrevida son muy bajos, incluso no se manejan estadísticas ya que el único caso que recibió el trasplante logró vivir dos meses, debido a que se trata de una cirugía muy compleja.

Según las estadísticas de la Caja, en el 2012 se realizó 495 trasplantes de órganos y tejidos, siendo el de mayor incidencia el de córnea con 260, seguido por el de riñón con 147 y médula ósea con 50.

Se realizó además un total de 50 trasplantes de hueso y ocho de hígado.








Publicado en http://www.crhoy.com/sobrevida-de-pacientes-trasplantados-es-de-dos-a-doce-anos-depende-de-los-cuidados-u6l7x/

Huetares


Los huetares, o güetares, es el nombre que recibían un importante grupo indígena que habitaba el centro de Costa Rica en el siglo XVI y que actualmente se localizan en los territorios de Quitirrisí en el Cantón de Mora, y Zapatón en el Cantón de Puriscal de la provincia de San José. Nada tiene que ver el número de habitantes que componían el grupo por aquellos tiempos en los que llegaron los conquistadores españoles con los censados en la actualidad, según el INEC, 2000, son 1006 personas las registradas y la mayor concentración se halla en Quitirrisí, 952 componentes.

No está nada claro cuales son los pueblos indígenas costarricenses que se debieran considerar como huetares, porque a juzgar por su idioma parece que se trataba de una lengua franca que hablaban, o al menos entendían, la mayoría de las comunidades indígenas del siglo XVI que pertenecían al espacio cultural conocido como Área Intermedia, situada especialmente en el Valle Central y la cuenca de los ríos Virilla y Grande de Tárcoles, hasta la desembocadura de este último en el Pacífico. Los patrones de asentamiento de estas comunidades, relativamente disperso, es una de las características que tenían en común estos grupos étnicos; al igual que su agricultura, basada en el maíz, frijoles y otros cultivos; o el refinamiento que mostraban sus trabajos en piedra, como son los metates, esculturas, mesas y altares ceremoniales; y la no práctica de la antropofagia o canibalismo. Pero a pesar de tantos puntos en común no parecía que existiera un relación de unidad entre ellos, ni política; sus relaciones entre grupos iban desde la subordinación y la alianza pasando por la enemistad y los enfrentamientos bélicos. Algunos de estos reinos principales se suponen que eran los del Rey Garabito, en la vertiente del Pacífico; el reino de Pacaca, y los dominios de los reyes Guarco y Correque, cuyos territorios se extendían desde el río Virilla hasta Chirripó.

La historia tradicional de este pueblo los ha dividido en dos grupos, los huetares de Occidente y Oriente, marcando el río Virilla como punto de referencia separador. Aún así, según Molina Montes de Oca, entre los reinos de Garabito y Pacaca no parece que existiera relación alguna de subordinación o dependencia, perteneciendo al mismo grupo cultural, por lo que los denomina en dos grupos, catalogándolos como huetares del norte y huetares del sur. También parece que Garabito tenía un cierto poder sobre otros reyes, según se puede extraer de un documento existente fechado en 1569, en el que enumeran los nombres Cobobici (probablemente Corobicí), Abazara, Chucasque, Barva y Yoruste; también menciona que este último confinaba con Curriravá (Curridabat), población situada geográficamente en la parte occidental del Valle Central de Costa Rica, al sur de la cuenca del río Virilla, insinuando así que los dominios de Garabito se extendían desde este río a la costa del Pacífico. Con respecto al reino de Pacaca, independiente de Garabito, en 1560 gobernaba un rey llamado Coquiva, que al parecer se sometió a los españoles demasiado pronto, quizás fuese buscando alianza y protección porque su territorio no se estima muy vasto en su ámbito geográfico. Por aquellas fechas, entre los nombres de reyes huetares de Oriente, figuran los nombres de El Guarco y Correque, que después se bautizaría con el nombre de Don Fernando Correque, que alcanzaría un extenso territorio en dominación, desde el río Virilla hasta Chirripó, que incluía numerosos reyes y pueblos vasallos, entre los que se encontraban Aserrí, Corrirava, Ujarrás, Atirro y otros.
De entre los llamados huetares quedan excluidos otros pueblos del sur y sudeste de Costa Rica, que también pertenecían a la llamada Área Intermedia, como los Quepo, Boruca, Tariaca, etc. Estos hablaban otras lenguas, otros distintivos culturales distintos y sin relación alguna entre sí.

La primera referencia que se tienen de los huetares pertenece al encuentro que tuvo con ellos Gil Gonzáles Dávila, entre 1522 y 1523, posiblemente en las inmediaciones de la actual población de Tabarcia, en la vertiente del Pacífico costarricense. Entre 1524 y 1526 fueron sometidos los primeros huetares, los indígenas de Pacaca, al régimen de encomiendas creado por los conquistadores a su favor, avecindados en la villa de Bruselas, en la banda oriental del Golfo de Nicoya. Se tiene constancia, por un documento existente de 1548, que el conquistador Francisco Hernández de Córdoba repartió a los indígenas de las regiones vecinas a Bruselas "y al dicho Juan Esteban encomendó en los términos de la dicha villa de Bruselas, los indios de Nicopasaya y Pacaca en los Bueteres". El nombre de Bueteres es el nombre que se intuye dieron en un principio a los huetares y que fueron llevados como esclavos a Bruselas, que desapareció definitivamente en 1527 y permitió con ello que los huetares recuperaran su libertad.

El pueblo huetar fue gradualmente sometido por los españoles en la segunda mitad del siglo XVI, desestructurando casi por completo sus sociedades. Tanto Garabito como Correque acabaron por rendirse al avasallaje de los españoles y se les obligó a seguir las normas que establecieron las nuevas autoridades extranjeras y la iglesia. Quedaron sometidos a la encomienda y, al repartimiento, las enfermedades, trabajos forzados y la destrucción de su modo de vida tradicional, acabaron por diezmar la población huetar y con ello la desaparición total de su lengua, fruto del proceso de aculturación llevado a cabo. Se sabe que para 1675 todos los indígenas del Valle Central de Costa Rica ya hablaban español.
Su lengua pertenecía a la familia chibcha, desaparecida en el siglo XVII, de la que solo se conocen de ella algunas palabras, conservadas principalmente en la toponimia de varios lugares costarricenses.

Guaymíes (Ngöbe)


Cuando los conquistadores españoles llegaron a lo que hoy conocemos como la Reserva o Comarca en el Oeste de Panamá, encontraron a tres tribus distintas de indígenas, con idioma y jefes diferentes. Cada uno de los grupos se llamaba al igual que el jefe que los gobernaba, así era Nata en la provincia de Coclé, Parita en la Península de Azuero y Urraca en la provincia de Veraguas. Este último era el mayor de los jefes y el más conocido a día de hoy. Fue tanta la oposición a que su pueblo cayera en el sometimiento de los extranjeros llegados por mar que después de tanto batallar obligó al capitán español Diego de Albítez a firmar un tratado de paz en 1522. El hecho de que Urraca muriera como hombre libre nueve años más tarde del mencionado tratado, en 1531, dice de la resistencia que opuso para la dignidad de su pueblo. Según Bartolomé de las Casas, Urraca fue apresado y encadenado, lo enviaron a Nombre de Dios, en la costa atlántica, pero el cacique indígena se escapó y se refugió en las montañas; prometió que su lucha contra los españoles sería hasta la muerte, y así fue. Era tan temido por los españoles que evitaban enfrentarse a sus hombres.

Durante la colonización, el pueblo guaymí nunca se rindió, siempre lucharon hasta que, en el siglo XIX, Panamá se unió a Colombia; para entonces los guaymíes se habían dividido en dos grandes grupos. Por un lado los de las tierras bajas en la costa del Atlántico y por otro los que habitaban los bosques tropicales en las tierras altas de las provincias de Veraguas y Chiriquí. A este grupo último no parece que la independencia de España y la unión al país vecino de Colombia le influyera en aceptación, o colmara sus deseos, de escapar del dominio español; sin embargo, con el paso del tiempo fueron asimilando la nueva situación y adaptándose a la sociedad moderna.

El pueblo Guaymí es el grupo étnico más numeroso de cuantos existen o habitan en Panamá, se calculan en numero de personas cercano a los 250.000, con un alto índice de natalidad existente. La mayor concentración de guaymíes se localiza en las provincias de Chiriquí, Bocas del Toro y Veraguas, en Panamá; de igual manera, un numero considerable de guaymíes se hayan en el pueblo costarricense de Conte, en el extremo sur del país, donde emigraron desde cincuenta años atrás en busca de trabajo en las fincas cafetaleras. La zona que habitan está denominada como "La Comarca", una región a la que el gobierno panameño otorgó un cierto reconocimiento especial semejante a una comunidad autónoma, lo que ha propiciado que se conserven sus raíces y tradiciones culturales de la etnia. La comarca Ngöbe-Buglé está gobernada por sus Caciques Generales, Caciques Regionales, Jefes Inmediatos, Voceros y Comisionados, los que llevan a cabo Congresos Nacionales donde dirimen las cuestiones más importantes de la comunidad.

Los guaymíes descienden de los Chibchas, que abarcaron Centroamérica y llegaron a constituir la zona más poblada de la zona intermedia, entre los imperios mexicanos e inca. Guaymí es el término que tradicionalmente se utilizó en la región Ngabe, derivado de la expresión Buglere "guaymiri". El idioma español no contiene el sonido que representa el ä, es el motivo por el que los periódicos locales u otros medios impresos suelen escribir el nombre de la etnia erróneamente, como Ngabe, Ngobe o Ngöbe. El idioma hablado por los Ngöbe se llama Ngäbere, y tanto esta lengua como la Blugere pertenecen a la familia lingüística chibcha; mutuamente ininteligibles entre sí.

Los guaymíes son trabajadores especializados en el cultivo del café y en sus aldeas suelen cultivar yuca, arroz, frijoles, maíz, banano, cacao, otóe, pixbae, coco, ñampi, plátano, ñame y caña de azúcar; para su autoconsumo se dedican a la crianza de animales como el puerco (cerdo) o las gallinas, entre otros. La emigración que se produce en los meses que dura la recolección del café es importante, miles de ellos se trasladan a las zonas cafetaleras del país, como Boquete, Volcán y Renacimiento. Sus economías también se soportan, aunque mínimamente, en los trabajos de artesanía que elaboran, tales como los bolsos o "chácaras", hechos con pita y que los fabrican en distintos tamaños, desde monederos hasta grandes bolsas que sirven para transportar incluso a niños. Las gargantillas llamadas chaquiras las elaboran de cuentas, conchas y huesos, de distintos colores y diseños geométricos. La situación económica de los Ngöbe es precaria, aún así tienen acceso a cuidados médicos las 24 horas del día.

La poligamia es algo usual entre los guaymíes, es más, un hombre que posea varias esposas está considerado como un hombre próspero. Por lo general la mayor de las esposas es la que posee mayor rango y ejerce cierta autoridad entre las demás; normalmente cada esposa vive en choza independiente de las demás con sus hijos, pero en ocasiones en las que los recursos económicos son mínimos viven todos bajo el mismo techo. Son caseríos o pequeñas aldeas que están formadas por conjuntos familiares de 2 a 6 chozas, sencillas, en forma circular, con las paredes y techo vegetal y el suelo de tierra; generalmente disponen de dos cocinas o fogones, una en el interior y otra exterior. En Bocas del Toro se encuentra una variante de las viviendas, adaptadas al terreno, son cuadradas o rectangulares y se soportan sobre pilares de madera a lo largo de las playas y costas.

La religiosidad de los guaymíes se basa en los espíritus, divididos entre buenos y malos, y ante cualquier suceso o fenómeno inexplicable siempre existe el espíritu causante o responsable de lo acaecido o acontecido. Entre sus costumbres tienen enorme importancia los curanderos, a los que llaman "Sukia", conocedor de la botánica de la zona y a quien se entregan para sus curaciones. Estos personajes, también suelen ser el presidente de todas las reuniones o actos sociales de la comunidad.

Guatusos (Malekus)


La historia de este pueblo costarricense cuenta que siempre mantuvo su hostilidad hacia los conquistadores españoles, los que nunca consiguieron someterlos. Se ubican en las llanuras del norte del país, en tres asentamientos, El Palenque Margarita, Tonjibe y El Sol, en el Cantón de Guatuso, provincia de Alajuela, Costa Rica. Es una de las etnias más pequeñas del país, tanto en territorio como en número de habitantes, según el INEC, 2000, la población indígena asentada en dicho territorio es de 460 personas, concentradas en estos tres ranchos mencionados, llamados "palenques", y que son varias familias unidas por parentesco que conservan sus rasgos físicos y expresiones culturales.

Los guatusos o malekus, junto a los bibrí y cabécar, fueron tres grupos que nunca consiguieron conquistar los españoles durante el periodo colonial y su presencia no se comienza a notar hasta el siglo XVIII, en 1719, conociéndose como "indios guerreros del Río Frío". En 1750, el religioso Francisco Zepeda, menciona haber encontrado unas 500 casas de indios, que los acogieron amigablemente, en las cabeceras de los afluentes del río San Juan, sobre la cordillera de Tilarán, que durante las épocas lluviosas la gente construía sus casas en los árboles para evitar las inundaciones, y que entre ellos los había indios rubios y blancos. Algunos años más tarde, en 1778, es el padre Tomás López, prior de San Francisco de Térraba, el que conoce de su existencia por los residentes de Orosí y Tortuga, en las costas de Nicaragua, y probablemente pertenecientes al grupo Rama, como "numerosos y fieros guerreros que viven en las cabeceras del Río Frío". El concepto que de los guatusos tenían los indios de Orosí y Tortuga se debía a la enemistad creada a raíz de unos enfrentamientos que tuvieron anteriormente y que dejaron un balance de cinco muertos a manos de los guatusos. Pero para el padre Tomás López esas hostilidades no fueron excusas suficientes y en 1783 intentó una excursión a las cabeceras del Río Frío, navegando sobre el Río La Muerte, y lo que encontraron fue una andanada de flechas. López decidió continuar solo y ordenó a sus compañeros que abandonaran y huyeran río abajo.

A su osadía no se le puede negar valentía, pero tampoco una descabellada desfachatez, cuando, crucifijo en mano, se presentó a los guatusos o malekus. El resultado es fácil de adivinarlo, y para los que creyeran en un resultado feliz siento desilusionarlos, porque, la tradición oral de los malekus aún conserva la memoria acerca de un cura capturado en el Río La Muerte y ejecutado posteriormente. Esta desafortunada aventura parece que animó a otros religiosos, como Zepeda y Adán, a interesarse por la evangelización de otros grupos étnicos y a olvidarse de los malekus, al menos eso parece ser, porque, según Castillo 2004: 86-92, "no parece haber infiltraciones de la doctrina cristiana en el sistema de creencias de este grupo".

Aún así, no parece que estos del padre López fueran los primeros contactos que tuvieron los guatusos con el hombre blanco. Una leyenda cuenta que un estudiante de teología en León desapareció en las faldas del volcán Tenorio, que su padre lo fue a buscar y que lo único que encontró fue a la mula atada a un árbol y algunos de sus objetos que le pertenecían. Nunca más se supo del levita, aunque se supone que los indios corovicíes lo habrían matado, pues por esos tiempos hacían incursiones en sus antiguos dominios. No obstante, existe otra creencia, la de que convivía con ellos predicando la doctrina cristiana, según las palabras de cuatro indias que fueron capturadas por aquel entonces. Sobre él se dejó escrito: "siguió el estado eclesiástico y se ordenó de epístola, pero por ciertas desazones y reprensiones que tuvo con su prelado el Sr. Obispo de León, se llenó de melancolía y fingiendo a sus padres que iba a cazar se huyó de su compañía y montando la cordillera de Tenorio, se pasó a vivir con los Huatusos" (J.E.P. Margarita: 2001: 10).

Luego vino el contacto con el comandante del Fuerte San Carlos, Trinidad Salazar, en 1849, que subió el Río Frío con muchos soldados nicaragüenses en grandes botes y fueron atacados con flechas por los guatusos, mientras acampaban en uno de los bancos del río, matando e hiriendo a muchos de ellos. De todos los que consiguieron escapar con vida, ninguno pudo dar fe de haber visto a uno solo de los indígenas asaltantes. Más tarde vinieron otros contactos como el que llevó a cabo el Capitán Parker, ex Texas Ranger y ex filibustero residente en San Juan del Norte, que a diferencia de otras veces no fueron atacados y los indígenas huyeron de sus ranchos a lo largo del río. En el siglo XIX, los malekus, tuvieron otra de sus luchas por la defensa de sus territorios, contra los huleros nicaragüenses y de la que salieron mal parados. Fue en 1868, cuando una pequeña partida de huleros bien organizados y armados dieron muerte a cientos de malekus junto a su jefe de guerra Urojua, en la batalla del Río La Muerte. Más tarde, entre 1870 y 1910, los miembros de la tribu decayeron por distintas causas, entre ellas la muerte a manos de los huleros, capturados y vendidos como esclavos en Nicaragua, muerte por maltrato antes de ser vendidos o víctimas de las enfermedades del viejo continente. A lo largo del siglo pasado fueron otras las injusticias que el pueblo guatuso padeció, como la represión de sus costumbres ancestrales a manos de la policía hasta ir perdiendo sus tierras y reducidos a pequeñas áreas marginales en la actualidad.

La clasificación de su familia lingüística es Chipcha-Guatuso, relacionada con el idioma Rama de Nicaragua. El nombre Maleku significa "persona", y en plural, maleku marama, quiere decir "nuestras personas".
Sus asentamientos se conservaban aún a primeros del siglo pasado como antiguamente, en palenques diseminados a orillas del Río Frío, y en sus alrededores sembraban plátanos, yuca, maíz, caña ojoche y cacao. Los construían sin paredes, con techos de palma suita o de corozo. Actualmente sus asentamientos han cambiado siguiendo los proyectos de viviendas gubernamentales, grupos de viviendas muy juntitas, agrupadas, separadas por unos pocos metros. Hechas de cemento y madera, techos metálicos y pisos de concreto.
La economía maleku está basada en las prácticas relacionadas con la caza, la producción agrícola y artesanal, donde recrean técnicas y diseños tradicionales elaborados con materias primas naturales, como el jícaro, semillas, balso y otras.
Sus creencias religiosas se basan especialmente en tabúes alimenticios y ceremonias especiales, entre las que incluyen bebida de chicha, danzas y cantos. Los videntes tienen una especial relevancia e importancia en el apartado religioso, aunque el último vidente maleku murió en 1958, sin dejar heredero, al que se le daban ofrendas de semillas de cacao.

Corobicíes


De esta etnia costarricense realmente no hay mucho fiable de lo que se pueda escribir, sólo algunos datos históricos y muchas conjeturas al respecto. Al igual que muchos otros pueblos desaparecieron como por arte de magia y hoy en día cuesta mucho encontrar referencias de su existencia. Se conoce que habitaron en la provincia de Guanacaste, Costa Rica, en la margen oriental del golfo de Nicoya, estos datos se conocen por el hecho histórico que sucedió en 1522, cuando el pueblo corocibí fue visitado por el conquistador Gil Gonzáles Dávila, que identificó a su rey con el nombre de Corevisí. También por la relación en el recuento que hizo el tesorero de la expedición Andrés de Cereceda, en la que anotó que en el reino de Corevisí se bautizaron 210 personas.

El territorio de los corobicí, o reino de Corevisí, se hallaba ubicado en la desembocadura del río Homónimo, hoy conocido por el nombre de Tempisque, a cuatro leguas del los dominios del monarca Sapandi o Zapandí, y a ocho del reino de Diriá, situado a orillas del río del mismo nombre que el monarca. Sin embargo, existen dudas al respecto porque, según cuentan las crónicas de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés al referirse a Zapandí: "E a par de él al Noroeste está otro cacique que se llama Corobicí", si en lugar de noroeste se lee nordeste ubicaría a los corobicí en el curso superior del río Tempisque, territorio correspondiente a los afluentes del río Las Piedras, entre los cuales hay uno que recibe el nombre de Corobicí.

Casi todo lo demás que se pueda encontrar relativo a esta etnia son suposiciones rayando el romanticismo, como por ejemplo que la lengua que hablaban fue calificada por los españoles de "hermosa y antigua". Su cultura pertenecía al Área Intermedia, diferente a las culturas que las colindaban o rodeaban, que pertenecían a las culturas de Mesoamérica.

En el reparto del "botín", o encomiendas, que se efectuó en 1569 por el gobernador Pero Afán de Ribera y Gómez, mencionó al rey Garabito o "Cobobicí", con lo que pretendía, quizás, nombrar al monarca de los corobicíes. Una de las hipótesis más extendidas de su desaparición es que, como consecuencia de la conquista española, se retiraron a las montañas y cruzaron la Cordillera Volcánica de Guanacaste para establecerse en las llanuras del norte de Costa Rica, por lo que muchos estiman que dieron de esta manera origen al actual pueblo maleku.



Chorotegas


Terrence Kaufman asegura que los chorotegas eran los habitantes de la antigua ciudad prehispánica de Cholula cuando fueron desplazados por los nahuas, y propone que chorotega es una etimología basada en el náhuatl clásico, chorotega, cholõltecah, y que precisamente significa "habitantes de Cholula". Todos los estudios relacionados con los chorotegas nos dicen que su procedencia es Mesoamérica y que llegaron a Centroamérica a finales del siglo VI, que son originarios de grupos náhuatl-pipil-nicarao, que hablaban lenguas del tronco lingüístico oto-mangue y que sus migraciones se dieron hasta el siglo XI, aproximadamente. En Nicaragua se asentaron en la vertiente del Pacífico, desplazando a su vez a otros pueblos ya existentes de la llamada Área Intermedia, actitud que tuvieron que sufrir ellos mismos cuando más tarde llegaron a la región los pueblos de lengua náhuatl, y que también tomaron asentamiento en Nicaragua, especialmente en la región del istmo de Rivas. Los conflictos en territorio nicaragüense fueron con los pueblos Miskitos Matagalpas, Sumos y Ramas, a los que desplazaron hacia el centro, norte y costa del Caribe.

En Costa Rica ocuparon toda la península de Nicoya, la región de Chomes en la margen oriental del golfo de Nicoya, los dominios del rey Gurutina y las costas de la ensenada de Tivives. Esta última fue conocida con el nombre de Chorotega o Chorotega Vieja, zona que supuso el confín de las culturas mesoamericanas en la vertiente del Pacífico. Fuera de los territorios de Nicaragua y Costa Rica, también erradicaron en la costa de Honduras, El Salvador, Chiapas y Oaxaca. A los chorotegas se les conoce también por los nombres de cholultecas, mangue, dirián y orotiña.

La cultura chorotega era la más desarrollada en la zona centroamericana que habitaron, la agricultura la desarrollaron intensivamente y a mayor escala que los demás pueblos de la región. Sus cultivos se alternaban entre el maíz, los frijoles, calabazas, algodón, chile, cabuya, tabaco y cacao, además de los árboles frutales; utilizaban el sistema de quemas. También fueron unos excelentes ceramistas y tallistas de piedra, de igual manera hacían artículos domésticos y culturales como incensarios, metates, pebeteros, efigies de dioses. Parte del legado cultural chorotega en Nicaragua lo dejaron en enormes figuras de piedra, encontradas en la Isla Zapatera, santuario en el lago Cocibolca o Nicaragua, más tarde estos grandes símbolos de piedra fueron transportados al colegio de los jesuitas en Granada y por último, su actual ubicación, al convento de San Francisco, también en la misma ciudad colonial.

Después de algunos siglos asentados en la zona del Pacífico nicaragüense aparecieron los nahuas, en el año 1200 d.C. En principio su pretexto era el de continuar a otras tierras más al sur del istmo, pero sólo quedó en pretexto, la verdadera intención no era otra que invadirlos y ocupar la región que habitaban. Cosa que consiguieron desplazándolos hacia las mesetas de los pueblos donde se ubican en el territorio geográfico de Diriamba, Jinotepe, Masaya y la península de Nicoya en Costa Rica. Los grupos indígenas del norte de Nicaragua, de Monzonte y San Lucas, son considerados sus descendientes. Los chorotegas que actualmente se cuentan, tanto dentro como fuera de los territorios nicaragüenses y costarircenses, se calculan alrededor de 800 individuos.

La formación política de los chorotegas era la de cacicazgos guerreros, coexistiendo a veces con cacicazgos teocráticos. Su organización se caracterizaba por un sistema de rangos, a los que se accedían por méritos guerreros o por el bien de la comunidad. Los sacerdotes ocupaban el escalón más elevado por orden de rangos, eran los que fijaban los calendarios, organizaban las fiestas religiosas, efectuaban los sacrificios y enseñaban la doctrina sagrada.

"
Los ancianos escuchaban el secreto de las confesiones por haber faltado a algún deber sagrado, como quebrantar las fiestas, blasfemar de los dioses, etc. Como penitencia podían ordenar llevar leña al templo o barrerlo. Con el acto ritual de barrer el templo se abría camino a los dioses de la lluvia". (Bobadilla 1959, IV:381. Citado en Luis Ferrero, 1975, p. 120)

También Fernández de Oviedo nos dejó al respecto: "Estos indios Chorotegas son de otra lengua de por sí, e más varones e hombres de guerra que los de las lenguas de Nicaragua, e la lengua de Nicaragua e la de México o temistitan en la nueva España es toda una. Los Chorotegas todos comen carne humana, e también hay gentes de ellos entre los de Nicaragua. Tenían guerras los unos con los otros, porque así como difieren en las lenguas Asia en ceremonias e ritos e amista, y en todo lo son diferentes"."Esta en golfo de Chorotega e dentro de aquel ancon, que se puede decir mas propiamente Golpho, una Isla rodeada e poblada e otras pequeñas yermas, que son escollos".

"Es de las más hermosas e apacibles tierras los llanos de Nicaragua que se puede hallar en estas Indias, porque es fertilísima de maizales e legumbres; de fenoles de diversas maneras; de mucha e diversas fructas, de mucho cacao… Hay multitud de gente, así en aquella provincia de nagrando, donde esta la ciudad de León como en otras de aquel reino, e muchas de ellas. No se gobernaban por caciques e único señor. Sino a manera de comunidades por ciertos números de viejos escogidos por votos: e aquellos creaban un capitán general para las cosas de la Guerra… los de la lengua de chorotega que son sus enemigos, tienen los mesmos templos; pero la lengua, ritos e ceemoneas e costumbres diferentes de otra forma. Tanto que no se entienden. Los chontales así mesmo son diferentes de los uno e de los otros en la lengua, e no se comunica la de los unos con los otros, ni se parece mas que la del vizcaíno con el tudesco".

"Tenían libros de pergaminos que hacían de cueros de venado, tan ancos como una mano o más, e tan lenguas como diez o doce pasos, e más o menos, que se encogías, e doblaban, e resumían en el tamaño e grandeza de una mano por sus dobleces uno contra otro, y en apuesto tenían pintados sus caracteres o figuras de tintas roxa o negra, de tal manera que auque no eran lectura ni escritura, significaban e se entendían por ellas todo lo que querían muy claramente; y de estos tales libros tenían pintados sus términos y eredamiento, e lo que más le parecía que debían estar figurado, así como los caminos, los rios, los montes e boscajes e lo demás, para los tiempos de contienda o pleitos determinarlos por allí, comparecer de los viejos guegues como viejo".











http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

Cabécares


Son cerca de 10.000 los individuos existentes y pertenecientes a esta etnia indígena de Costa Rica, el pueblo cabécar. Están asentados en distintos territorios de distintas provincias costarricenses aunque el mayor porcentaje se halla en el territorio indígena de Alto Chirripó, cantón de Turrialba, provincia de Cartago, aproximadamente unas 4.700 personas, el resto de su población se localiza por los territorios de Bajo Chirripó en los Cantones de Turrialba y Matina, provincias de Cartago y Limón; Naari Awari en los Cantones de Matina y Siquirres, Tayny en el Cantón Central y Talamanca Cabéar de Cantón Talamanca en la provincia de Limón. Ujarrás y China Quichá en los Cantones de Buenos Aires y Pérez Zeledón, de las provincias de Puntarenas y San José.

El clima de la Reserva Indígena Talamanca es tropical lluvioso con precipitaciones tipo barlovento en la vertiente, producido por el sistema montañoso de la cordillera que sirven de barrera para los vientos alisios, que van de este-noroeste. La época de lluvia es de mayo a diciembre y de enero a abril las precipitaciones son en menor cantidad, en cambio, durante la temporada seca los vientos son fuertes sobre las sabanas, en Ujarrás. El termómetro por estas tierras marca una media de 26.6º, que son moderadamente fértiles para la agricultura y regadas por los ríos Telire, Coén, Lari, Urén y Yorkin. En el interior de la Reserva de Talamanca existen dos áreas bien marcadas, las zonas más elevadas de las montañas y el valle. En las zonas altas predominan las pendientes y no es mucha la población que allí se localiza, de igual modo los cultivos son escasos. De distinta manera se da en el valle, con menos inclinación que en la parte alta, en él se concentra la mayoría de la población y son mas numerosos los cultivos, aunque en época de lluvias los ríos cambian frecuentemente su curso y producen graves inundaciones y las perdidas de cosechas son violentas y periódicas.

La reserva de Talamanca posee uno de los ecosistemas más ricos de Costa Rica, su naturaleza constituye un hábitat que favorece el desarrollo de distintas especies de animales y plantas, que han servido de base para el desarrollo del pueblo cabéar y también de los bribri. El plátano es el motor de su economía, pero su significación va más allá que un producto agrícola, toda la sociedad, su cultura está impregnada de las actividades que demanda este cultivo. Sin embargo, en los últimos años los cultivos se han ampliado, sus tierras se han prestado a la siembra de cacao, banano y café, que suponen un aporte muy importante al apartado económico de la zona, sumado a los productos artesanos, entre los que hay que destacar los bolsos y hamacas de cabuya y pita, decorados con tintes naturales. Relativo a la crianza y consumo de animales hacen una distinción entre sus usos, entre los domésticos y los silvestres. Los primeros, como el chanco o la gallina, sí se pueden comerciar, en cambio los silvestres son sólo para el autoconsumo, por la creencia de que si hacen algún tipo de negocio con ellos serán castigados por los "dueños" de los animales. No obstante, esta creencia no se extiende a otros tipos de negocios dentro de la clandestinidad, como licores o cerveza, al igual que la red de comercios que se expanden por el territorio, pulperías de abarrotes, ropa, herramientas, maderas y otros productos del bosque.

La emigración es un mal que perjudica a esta cultura, como a otras de sus mismas características, sus miembros se trasladan a otros territorios, lo mismo fuera que dentro de la reserva, y sus costumbres se van perdiendo, mezclándose con otras que las absorben y devoran. Las últimas migraciones significativas se dieron en los siglos XVIII y XIX, cuando algunos grupos o clanes se trasladaron de la zona atlántica a la del Pacífico. Más cercanas a estas fechas fueron entre 1964 y 1973, época en la que se contaron la emigración de 54 jefes o padres de familia, de los que 28 lo hicieron con toda su familia a distintas zonas de la región, especialmente al Valle de Talamanca, donde se han establecido en las últimas décadas, a lo largo de los caminos y en las nuevas vías de acceso a las comunidades. Los centros urbanos han cambiado el patrón de asentamiento, ha llegado la luz eléctrica, los centros de salud y educativos se sitúan más cercanos, y sus casas, en algunas zonas del Pacífico, se construyen con nuevas tecnologías. De todas maneras los problemas sanitarios son importantes, por precariedad, por la tendencia al hacinamiento, el agua la obtienen por cañerías o directamente de riachuelos, por lo que prevalecen los problemas intestinales debido al agua y alimentos contaminados.

Su idioma es el Cabécar, perteneciente también a la familia lingüística chibchense, al igual que las etnias vecinas, y con los que están emparentados, el Téribe, el Bribri, el Boruca, el Guaymí y el Maleku. Su religión anda repartida entre el catolicismo y el chamanismo, y están relacionados con otros grupos étnicos como los bribri y los chorotegas. De su historia hay algunos pasajes cotidianos significativos que resaltaré para dar fin a esta ficha étnica dedicada a la cultura Cabécar. El religioso Thiel cuenta que: "A finales del siglo XIX el obispo de Costa Rica ingresa por la región de Chirripó; allí pregunta a la población de una localidad indígena cabécar, si querían admitir la religión cristiana y bautizarse; después de estar instruidos en todo, entraron en conferencia entre ellos mismos. A poco rato dijo uno en nombre de todos que tenían mucho miedo en aceptar el cristianismo, porque le habían dicho que siendo cristianos debían dejar el lugar dónde habían nacido y que se pretendía llevarlos a Moravia, lugar muy malo para ellos porque los plátanos se producen mal en él; que ellos aceptarían el cristianismo quedándose en sus casas".

También cuenta Thiel que: "En ese mismo recorrido se le dijo a una anciana que si quería recibir el bautismo y dijo que no porque se moría. Esta es la misma dificultad que luego nos pusieron los indios de La Estrella".











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Borucas


Los antepasados del actual pueblo Boruca, Brunca o Brunka, como también son conocidos, constituyeron un grupo de pueblos que gobernaron la mayoría de la costa del Pacífico en Costa Rica, desde Quepos, en la actual frontera con Panamá, hasta la península de Osa. Sin duda este pueblo indígena vivió días más gloriosos que los actuales, hoy son poco más de 2.000 representantes de la tribu los que se concentran en la reserva que lleva el nombre de la etnia, en la provincia de Puntarenas, en el cantón de Buenos Aires, y en la vecina reserva de Rey Curré, en el sudeste del país. La Reserva Boruca-Térraba fue una de las primeras reservas constituidas en Costa Rica y fueron declarados terrenos baldíos, tierras comunales, por la Ley general de las tierras comunales, aprobadas por el gobierno nacional de Costa Rica en 1939, haciendo propietarios exclusivos a los pueblos indígenas, y varias leyes posteriores, en 1961 y 1977, establecieron que las reservas serían autonomías y marcaron límites sobre el uso de la tierra dentro de las reservas.

La reserva se extiende por la cordillera de Talamanca, con 138,02 kilómetros cuadrados de extensión, y se encuentra a 120 Km. al sur de la ciudad costarricense de Buenos Aires. Arqueológicamente el pueblo boruca está ubicado en el área cultural conocida como Intermedia, al igual que todas las etnias de Costa Rica, situadas entre las dos áreas de más alta cultura precolombina, Mesoamérica y el Perú. Sus idiomas son el boruca y el español, pero es este último el generalizado en detrimento del materno, el que muchos dicen entender pero no más de la treintena lo hablan con fluidez. El lenguaje de los borucas casi está desaparecido y sólo los mayores conservan y conocen el antiguo idioma perteneciente a las lenguas chibchas. Esta familia de lenguas se extiende por todo el istmo, desde la zona oriental de Honduras hasta el norte de Colombia, entre ellos Nicaragua, Costa Rica y Panamá. El nombre proviene de una lengua extinta llamada Chibcha o Cubun muisca, el idioma que se hablaba en la ciudad de Bogotá cuando la llegada de los europeos; sin embargo, es en Costa Rica, en la frontera con Panamá, donde los últimos datos lingüísticos sitúan el núcleo original del habla chibcha, donde se encuentra la mayor variedad de lenguas derivadas.

La actividad productiva y económica de la reserva está basada principalmente en la agricultura, a pequeña escala, en cultivos familiares. La producción de artesanía es otra fuente importante de ingresos y en la que participan todos los miembros de la familia. Las mujeres borucas aún continúan tejiendo a la manera precolombina, en los telares de cintura, u otras artesanías como las calabazas pintadas. Pero el producto estrella boruca son las mascaras pintadas de alegres colores o en el color natural de la madera de balsa, el material con las que la tallan o fabrican. Las mascaras de los diablitos son el símbolo que identifica actualmente al pueblo boruca, con ellas se representa la Danza de los Diablitos en las Fiestas de los Diablitos, celebrada cada invierno, que representan al diablo estilizado y que son usadas por los hombres en las fiestas. Es teatro indígena en la calle, del pueblo, lo que se pone en escena. La Fiesta de los Diablitos se basa en un conflicto, la lucha de los diablitos contra el toro, un personaje que altera la armonía del lugar con su altanería y simboliza la lucha de los indígenas contra los españoles. La fiesta se desarrolla durante tres días más su víspera, durante la noche anterior el diablo mayor convoca a los diablos a la vida mediante el sonar de su caracol y es la señal que da comienzo a la diversión, donde los jóvenes salen cubiertos por sus mascaras y trajes hechos con sacos de gangoche y la comunidad se vuelca a celebrarlo con tamales, chicha y música. A la mañana siguiente aparece el antagónico toro, personificado en un armazón cuadrado, cubierto de tela y enmascarado, y es juzgado por un jurado popular; el animal lucha durante tres días contra los diablitos y en la última jornada, a eso de las 3p.m., ocurre el momento más importante de la fiesta, el tumbazón, cuando el toro mata a todos los diablitos y en último lugar al diablo mayor, entonces el animal huye y se esconde. A continuación los diablitos reviven como por arte de magia y dan caza al toro, lo capturan y lo queman en la hoguera durante la noche.

Las creencias religiosas de los borucas están basadas en el chamanismo, prácticas tradicionales en la comunicación con el mundo de los espíritus y el chamán es el intermediario, enlace entre este mundo y el otro. Su estructura política depende en cierto modo del poder de un consejo de ancianos, compuesto por los cuatro o seis hombres más viejos de la ciudad, que tienen la autoridad de aceptar o rechazar el nombramiento del oficial de policía nombrado por el gobierno de Costa Rica.














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Bribris


A la llegada de los europeos al continente americano, según el religioso Bernardo Thiel, el número de pobladores pertenecientes al pueblo bribri, sumada al pueblo cabécar, alcanzaba la cifra de unos veintisiete mil indígenas, aunque otras fuentes estiman que podía ser aún mayor el número de habitantes por aquel entonces. Lejos quedaron aquellos días del siglo XVI y la cifra de habitantes registrada, hoy la población ha mermado con respecto a las estimaciones de Thiel, aún así, no significa que continúe la cuenta atrás para esta etnia costarricense, la mayor de todas cuantas habitan Costa Rica, todo lo contrario, el pueblo bibri ni ha dejado de latir ni ha perdido la esencia de su cultura ancestral. Hoy por hoy se calculan en número cercano a los 11.000 componentes, dispersados en dos regiones a ambos lados de la cordillera de Talamanca. En Huetar Atlántica y Brunca, en la primera de las regiones se sitúan en los territorios de Talamanca y Kekoldi-Cocles, en el cantón de Talamanca, provincia de Limón; y en la segunda habitan en Cabagra y Salitre, Cantón de Buenos Aires, provincia de Puntarenas.

El Censo Nacional del año 2000 daba un registro de 9.645 personas, la mayoría ubicadas en el territorio Talamanca Bribri, a lo largo del cause del río Sixaola, que tiene 146 km. de largo, hace de frontera entre las Repúblicas de Panamá y Costa Rica y desemboca en la vertiente del Mar Caribe. Este pueblo costarricense está relacionado con otras etnias, con los cabécares y los chorotegas y además del español se habla su idioma materno, el bribri, del que se conserva su escritura y símbolos de antaño. El hecho de ser un pueblo autosuficiente ha provocado que hayan quedado en situación aislada con los principales centros de civilización, por lo que algunos de sus miembros han optado por la doble nacionalidad, tienen cédulas de identidad panameña y costarricense, de lo que salen beneficiados en la obtención de ayuda médica en emergencias, de ambos países.

La etnia bribri tiene entre sus costumbres y cultura algunos elementos que la hacen muy particular, por ejemplo a la hora de construir sus viviendas, fabricadas de madera, sobre pilotes y techadas con hojas secas. Los bribris son un pueblo independiente y eso se nota al levantar sus hogares, lo hacen muy separadas unas de otras, tanto que es frecuente encontrarse la más cercana de sus vecinos a una hora de camino. Su actividad productiva más importante es la agricultura, el cacao y el plátano son los productos más importantes pero también cultivan maíz, frijoles, tubérculos... Así mismo, se dedican a la cría del cerdo, cazan aves y pescan. La expresión artesanal es importante en la cestería y en la fabricación de instrumentos musicales, para lo que utilizan diversos elementos naturales como jícara, cabuya, pita, tintes naturales y otros. Con respecto a la cultura, como decía anteriormente, es un pueblo que late y eso es un buen síntoma, para fortalecerla se realizan esfuerzos orientados a reafirmarla y promover sus valores y tradiciones propias, mediante grupos culturales que rescatan y proyectan danzas como el "Sorbón" y otras actividades educativas como son la lengua Bribri y la transferencia a las nuevas generaciones de los conocimientos sobre plantas medicinales.

De igual modo los bribri practican su propia religión animista, basada en un chamanismo autóctono, y se podría decir que es la más antigua de todas las religiones que se practican en Costa Rica. Las creencias bribri se basan en el culto a Sibú, creador y héroe cultural; en el poder de los chamanes o awápa; y en una sociedad estructurada en clanes. Su base son las tradiciones orales transmitidas mediante generaciones y a lo que los chamanes llaman "Suwoh", que significa "alma, historia o viento". El Suwoh cuenta y explica cómo el mundo de Sibú interactúa con el mundo de los humanos y viceversa, cada cosa u objeto de este mundo tiene la forma contraria en el otro y espiritualmente es diametral, opuesto a lo que vemos aquí en la tierra. Sus creencias ponen el mundo al revés de como nosotros lo vemos en los ojos de las deidades o espíritus. Un ejemplo de ello es cómo ven los bribris a las termitas, pequeñas, minúsculas, sin embargo en el mundo espiritual sería Ásura, una gigantesca criatura; los peces son yucas, porque el agua es tierra, según dice Uréke, el dueño y señor de los peces; Duwáruk, el dueño de los animales, los ve como plantas y para él los monos son aguacates; o el dios del trueno Kikírma, que ve a los diablos como aves comestibles, es por eso que les dispara con su cerbatana, el rayo.










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