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Huetares


Los huetares, o güetares, es el nombre que recibían un importante grupo indígena que habitaba el centro de Costa Rica en el siglo XVI y que actualmente se localizan en los territorios de Quitirrisí en el Cantón de Mora, y Zapatón en el Cantón de Puriscal de la provincia de San José. Nada tiene que ver el número de habitantes que componían el grupo por aquellos tiempos en los que llegaron los conquistadores españoles con los censados en la actualidad, según el INEC, 2000, son 1006 personas las registradas y la mayor concentración se halla en Quitirrisí, 952 componentes.

No está nada claro cuales son los pueblos indígenas costarricenses que se debieran considerar como huetares, porque a juzgar por su idioma parece que se trataba de una lengua franca que hablaban, o al menos entendían, la mayoría de las comunidades indígenas del siglo XVI que pertenecían al espacio cultural conocido como Área Intermedia, situada especialmente en el Valle Central y la cuenca de los ríos Virilla y Grande de Tárcoles, hasta la desembocadura de este último en el Pacífico. Los patrones de asentamiento de estas comunidades, relativamente disperso, es una de las características que tenían en común estos grupos étnicos; al igual que su agricultura, basada en el maíz, frijoles y otros cultivos; o el refinamiento que mostraban sus trabajos en piedra, como son los metates, esculturas, mesas y altares ceremoniales; y la no práctica de la antropofagia o canibalismo. Pero a pesar de tantos puntos en común no parecía que existiera un relación de unidad entre ellos, ni política; sus relaciones entre grupos iban desde la subordinación y la alianza pasando por la enemistad y los enfrentamientos bélicos. Algunos de estos reinos principales se suponen que eran los del Rey Garabito, en la vertiente del Pacífico; el reino de Pacaca, y los dominios de los reyes Guarco y Correque, cuyos territorios se extendían desde el río Virilla hasta Chirripó.

La historia tradicional de este pueblo los ha dividido en dos grupos, los huetares de Occidente y Oriente, marcando el río Virilla como punto de referencia separador. Aún así, según Molina Montes de Oca, entre los reinos de Garabito y Pacaca no parece que existiera relación alguna de subordinación o dependencia, perteneciendo al mismo grupo cultural, por lo que los denomina en dos grupos, catalogándolos como huetares del norte y huetares del sur. También parece que Garabito tenía un cierto poder sobre otros reyes, según se puede extraer de un documento existente fechado en 1569, en el que enumeran los nombres Cobobici (probablemente Corobicí), Abazara, Chucasque, Barva y Yoruste; también menciona que este último confinaba con Curriravá (Curridabat), población situada geográficamente en la parte occidental del Valle Central de Costa Rica, al sur de la cuenca del río Virilla, insinuando así que los dominios de Garabito se extendían desde este río a la costa del Pacífico. Con respecto al reino de Pacaca, independiente de Garabito, en 1560 gobernaba un rey llamado Coquiva, que al parecer se sometió a los españoles demasiado pronto, quizás fuese buscando alianza y protección porque su territorio no se estima muy vasto en su ámbito geográfico. Por aquellas fechas, entre los nombres de reyes huetares de Oriente, figuran los nombres de El Guarco y Correque, que después se bautizaría con el nombre de Don Fernando Correque, que alcanzaría un extenso territorio en dominación, desde el río Virilla hasta Chirripó, que incluía numerosos reyes y pueblos vasallos, entre los que se encontraban Aserrí, Corrirava, Ujarrás, Atirro y otros.
De entre los llamados huetares quedan excluidos otros pueblos del sur y sudeste de Costa Rica, que también pertenecían a la llamada Área Intermedia, como los Quepo, Boruca, Tariaca, etc. Estos hablaban otras lenguas, otros distintivos culturales distintos y sin relación alguna entre sí.

La primera referencia que se tienen de los huetares pertenece al encuentro que tuvo con ellos Gil Gonzáles Dávila, entre 1522 y 1523, posiblemente en las inmediaciones de la actual población de Tabarcia, en la vertiente del Pacífico costarricense. Entre 1524 y 1526 fueron sometidos los primeros huetares, los indígenas de Pacaca, al régimen de encomiendas creado por los conquistadores a su favor, avecindados en la villa de Bruselas, en la banda oriental del Golfo de Nicoya. Se tiene constancia, por un documento existente de 1548, que el conquistador Francisco Hernández de Córdoba repartió a los indígenas de las regiones vecinas a Bruselas "y al dicho Juan Esteban encomendó en los términos de la dicha villa de Bruselas, los indios de Nicopasaya y Pacaca en los Bueteres". El nombre de Bueteres es el nombre que se intuye dieron en un principio a los huetares y que fueron llevados como esclavos a Bruselas, que desapareció definitivamente en 1527 y permitió con ello que los huetares recuperaran su libertad.

El pueblo huetar fue gradualmente sometido por los españoles en la segunda mitad del siglo XVI, desestructurando casi por completo sus sociedades. Tanto Garabito como Correque acabaron por rendirse al avasallaje de los españoles y se les obligó a seguir las normas que establecieron las nuevas autoridades extranjeras y la iglesia. Quedaron sometidos a la encomienda y, al repartimiento, las enfermedades, trabajos forzados y la destrucción de su modo de vida tradicional, acabaron por diezmar la población huetar y con ello la desaparición total de su lengua, fruto del proceso de aculturación llevado a cabo. Se sabe que para 1675 todos los indígenas del Valle Central de Costa Rica ya hablaban español.
Su lengua pertenecía a la familia chibcha, desaparecida en el siglo XVII, de la que solo se conocen de ella algunas palabras, conservadas principalmente en la toponimia de varios lugares costarricenses.

Cabécares


Son cerca de 10.000 los individuos existentes y pertenecientes a esta etnia indígena de Costa Rica, el pueblo cabécar. Están asentados en distintos territorios de distintas provincias costarricenses aunque el mayor porcentaje se halla en el territorio indígena de Alto Chirripó, cantón de Turrialba, provincia de Cartago, aproximadamente unas 4.700 personas, el resto de su población se localiza por los territorios de Bajo Chirripó en los Cantones de Turrialba y Matina, provincias de Cartago y Limón; Naari Awari en los Cantones de Matina y Siquirres, Tayny en el Cantón Central y Talamanca Cabéar de Cantón Talamanca en la provincia de Limón. Ujarrás y China Quichá en los Cantones de Buenos Aires y Pérez Zeledón, de las provincias de Puntarenas y San José.

El clima de la Reserva Indígena Talamanca es tropical lluvioso con precipitaciones tipo barlovento en la vertiente, producido por el sistema montañoso de la cordillera que sirven de barrera para los vientos alisios, que van de este-noroeste. La época de lluvia es de mayo a diciembre y de enero a abril las precipitaciones son en menor cantidad, en cambio, durante la temporada seca los vientos son fuertes sobre las sabanas, en Ujarrás. El termómetro por estas tierras marca una media de 26.6º, que son moderadamente fértiles para la agricultura y regadas por los ríos Telire, Coén, Lari, Urén y Yorkin. En el interior de la Reserva de Talamanca existen dos áreas bien marcadas, las zonas más elevadas de las montañas y el valle. En las zonas altas predominan las pendientes y no es mucha la población que allí se localiza, de igual modo los cultivos son escasos. De distinta manera se da en el valle, con menos inclinación que en la parte alta, en él se concentra la mayoría de la población y son mas numerosos los cultivos, aunque en época de lluvias los ríos cambian frecuentemente su curso y producen graves inundaciones y las perdidas de cosechas son violentas y periódicas.

La reserva de Talamanca posee uno de los ecosistemas más ricos de Costa Rica, su naturaleza constituye un hábitat que favorece el desarrollo de distintas especies de animales y plantas, que han servido de base para el desarrollo del pueblo cabéar y también de los bribri. El plátano es el motor de su economía, pero su significación va más allá que un producto agrícola, toda la sociedad, su cultura está impregnada de las actividades que demanda este cultivo. Sin embargo, en los últimos años los cultivos se han ampliado, sus tierras se han prestado a la siembra de cacao, banano y café, que suponen un aporte muy importante al apartado económico de la zona, sumado a los productos artesanos, entre los que hay que destacar los bolsos y hamacas de cabuya y pita, decorados con tintes naturales. Relativo a la crianza y consumo de animales hacen una distinción entre sus usos, entre los domésticos y los silvestres. Los primeros, como el chanco o la gallina, sí se pueden comerciar, en cambio los silvestres son sólo para el autoconsumo, por la creencia de que si hacen algún tipo de negocio con ellos serán castigados por los "dueños" de los animales. No obstante, esta creencia no se extiende a otros tipos de negocios dentro de la clandestinidad, como licores o cerveza, al igual que la red de comercios que se expanden por el territorio, pulperías de abarrotes, ropa, herramientas, maderas y otros productos del bosque.

La emigración es un mal que perjudica a esta cultura, como a otras de sus mismas características, sus miembros se trasladan a otros territorios, lo mismo fuera que dentro de la reserva, y sus costumbres se van perdiendo, mezclándose con otras que las absorben y devoran. Las últimas migraciones significativas se dieron en los siglos XVIII y XIX, cuando algunos grupos o clanes se trasladaron de la zona atlántica a la del Pacífico. Más cercanas a estas fechas fueron entre 1964 y 1973, época en la que se contaron la emigración de 54 jefes o padres de familia, de los que 28 lo hicieron con toda su familia a distintas zonas de la región, especialmente al Valle de Talamanca, donde se han establecido en las últimas décadas, a lo largo de los caminos y en las nuevas vías de acceso a las comunidades. Los centros urbanos han cambiado el patrón de asentamiento, ha llegado la luz eléctrica, los centros de salud y educativos se sitúan más cercanos, y sus casas, en algunas zonas del Pacífico, se construyen con nuevas tecnologías. De todas maneras los problemas sanitarios son importantes, por precariedad, por la tendencia al hacinamiento, el agua la obtienen por cañerías o directamente de riachuelos, por lo que prevalecen los problemas intestinales debido al agua y alimentos contaminados.

Su idioma es el Cabécar, perteneciente también a la familia lingüística chibchense, al igual que las etnias vecinas, y con los que están emparentados, el Téribe, el Bribri, el Boruca, el Guaymí y el Maleku. Su religión anda repartida entre el catolicismo y el chamanismo, y están relacionados con otros grupos étnicos como los bribri y los chorotegas. De su historia hay algunos pasajes cotidianos significativos que resaltaré para dar fin a esta ficha étnica dedicada a la cultura Cabécar. El religioso Thiel cuenta que: "A finales del siglo XIX el obispo de Costa Rica ingresa por la región de Chirripó; allí pregunta a la población de una localidad indígena cabécar, si querían admitir la religión cristiana y bautizarse; después de estar instruidos en todo, entraron en conferencia entre ellos mismos. A poco rato dijo uno en nombre de todos que tenían mucho miedo en aceptar el cristianismo, porque le habían dicho que siendo cristianos debían dejar el lugar dónde habían nacido y que se pretendía llevarlos a Moravia, lugar muy malo para ellos porque los plátanos se producen mal en él; que ellos aceptarían el cristianismo quedándose en sus casas".

También cuenta Thiel que: "En ese mismo recorrido se le dijo a una anciana que si quería recibir el bautismo y dijo que no porque se moría. Esta es la misma dificultad que luego nos pusieron los indios de La Estrella".











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