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Tepehuanes y Tepecanos


Los tepehuanes son un agrupamiento de pueblos nativos de México, cuyo territorio se extiende desde el estado de Jalisco hasta el de Zacatecas, abarcando la Sierra Madre Occidental. Son tres las distintas ramas que se reconocen de este grupo de etnias, tepehuanes del norte, tepehuanes del sur y tepecanos; que junto a los pimas y pápagos componen la rama Tepima de la familia yuto-azteca.

Los tepehuanes del norte, habitan en la región sur del estado de Chihuahua, principalmente en los municipios de Guadalupe y Calvo y en menor número en el municipio de Guachochi. Los tepehuanes del sur, lo hacen en los municipios de Mezquital y Pueblo Nuevo en el estado de Durango, y en el municipio de Huajicori, en Nayarit. Por su parte, los tepecanos, habitaban algo más al sur que estos dos grupos con los que están emparentados. Antiguamente lo hacían en la región del norte de Jalisco y posiblemente en parte del sur de Zacatecas. Entre los tepehuanes del sur y los tepecanos era tan mínima la diferencia cultural y lingüística que algunos antropólogos, como Jhon Alden Mason, los consideran una única etnia con dos núcleos geográficos distintos.

La nación tepehuana u ódami, hasta poco antes de la llegada de los conquistadores españoles, era la más extensa del norte de México, en cuanto a territorio se refiere. En el siglo XVI su territorio se extendía hasta el sur de Durango y el norte de los estados de Nayarit, Jalisco y Zacatecas. Eran vecinos de los tubar y zoe al noroeste, los acaxee en Durango, los xixime en Sinaloa, los conchos, coras y huicholes al suroeste y tobosos al noroeste. Según las crónicas de los primeros misioneros que llegaron al territorio ódami, estos eran belicosos y politeístas, y mantenían cierto dominio sobre otros pueblos vecinos como los acaxee, a los que le exigían tributo. Las minas y la extracción minerales estuvieron estrechamente relacionadas con la colonización del territorio y de ahí el consecuente establecimiento de pueblos españoles y mestizos alrededor de los complejos mineros.

Los misioneros franciscanos, y en menor medida los jesuitas, fueron los evangelizadores en la época colonial. La estrategia colonizadora en este caso no fue muy distinta a otras llevadas a cabo en los nuevos territorios conquistados para los españoles, no por, sino para, porque mucho tuvieron que ver en toda esta conquista los propios indígenas de otros pueblos, que formaron alianzas con los extranjeros, de otra manera hubiera sido imposible que "un sólo puñado de barbudos" hubieran conseguido la gesta. La evangelización se hizo posible concentrando a la población dispersa por medio de misiones establecidas en lugares estratégicos por ser sitios mineros o agrícolas, en donde los nativos trabajaban para la economía colonial.

Pero claro, no todo fue coser y cantar, la colonización tuvo sus puntos ásperos, no fue todo un camino de rosas. Durante el siglo XVII hubo varias insurrecciones indígenas contra el orden colonial establecido en la Nueva Vizcaya. La primera de ellas se dio entre 1616 y 1620, con un trasfondo religioso y mesiánico y con el mensaje de los líderes pregonando que se trataba de un mandato divino para recuperar sus tierras y expulsar de ellas a los españoles. Esta insurrección de los ódami abarcó misiones, haciendas y poblados españoles, arremetiendo incluso contra la capital de Durango por aquel entonces, Guadiana. Tres años más tarde, en 1619, el gobernador de la Nueva Vizcaya ya había convencido a muchos insurrectos para que se rindieran con el ofrecimiento de la amnistía. En cambio, con los que no se rindieron no hubo piedad, sus principales líderes fueron ahorcados y la población tepehuana reducida a las misiones.

Por otro lado, al norte del actual estado de Jalisco, los primeros misioneros en llegar fue allá por 1581, los frailes Pedro del Monte y Andrés de Medina. Por los relatos que nos dejaron estos dos religiosos sabemos que por aquel tiempo Chimaltitlán y Nostic eran poblaciones tepehuanas. También por los documentos revisados por el padre Nicolás Valdés o por otros datos como el idioma hablado en algunas localidades como Colotlán y El Teúl, y coincidencias con la historia oral de los tepehuanes, sabemos que su territorio abarcaba desde la Sierra de los Morones al oriente hasta la Sierra de los Huicholes al poniente y desde Azqueltán en el norte hasta San Cristóbal de la Barranca al sur.

A la llegada de los españoles, muchas de estas poblaciones fueron abandonadas por los tepehuanes, especialmente las situadas al límite sur del territorio, de donde emigraron a otras regiones tepehuanas en el norte, incluyendo Durango. Históricamente, el territorio de los tepehuanes del sur se extendía hasta San Cristóbal de la Barranca y los tepehuanes que habitaban la región de Villa Guerrero y Totatiche fueron integrantes de este mismo grupo. A lo largo de la historia, a los habitantes de estos pueblos se les denominó tepecanos, sin embargo, lingüísticamente y culturalmente formaron parte de la misma etnia que los pueblos tepehuanos del sur de Durango.

El idioma de los ódam pertenece al tronco yuto-azteca en su rama primaria, la que se reconoce como lengua tepehuana. Se puede decir que con sus vecinos coras, huicholes y mexicaneros sólo tienen entre sí un parentesco lejano. Dentro de esta misma lengua se dan diferentes dialectos, fonético y léxico, entre los que viven en Mezquital y Pueblo Nuevo.

Son varias las versiones que se dan sobre el significado de la palabra tepehuan, que sin duda es de origen náhuatl. Derivado de tepetl, "cerro", y huan, partícula posesiva, quiere decir "dueño de cerros". Pero existe otra interpretación diferente que señala al término tepehuani como significado de "conquistador o vencedor de batallas".

Tecuexes


El grupo étnico tecuexe era uno de los denominados chichimecas. Se cree que se formó de grupos zacatecos y habitaban en un área considerable de extensión territorial del norte del Estado de Jalisco, de Guadalajara y al oeste de Los Altos, incluyendo Mexticacán, Jalostotitlán, Tepatitilan, Yahualica, Juchitlán y Tonalán. También ocuparon la región central, cerca de Tequila, Amatlán, Cuquío y Epatan. De su forma de vida se sabe que vivían en zonas cercanas a los ríos, para aprovechar todas las ventajas que les ofrecían los causes, pescaban, cazaban, recolectaban frutos silvestres y cultivaban frijol y maíz. Eran habilidosos en artesanías, carpintería y en sonidos musicales que no necesitaban de instrumentos complejos. Los tecuexes, al igual que los demás pueblos pertenecientes al grupo chichimeca, para principios del siglo XVII ya habían desaparecido como entidad cultural distinguible.

Cuando los primeros conquistadores españoles se adentraron con sus aliados indígenas por la recién denominada provincia de Nueva Galicia, se encontraron con un gran número de nativos nómadas que pertenecían al grupo chichimeca. En su Descripción de la Nueva Galicia, publicado en 1621, Domingo Lázaro de Arregui dejó contabilizadas 72 lenguas distintas, las que estimaba que se hablaban en la recientemente creada provincia colonial.

Alfredo Moreno González también nos deja en su libro Santa María de los Lagos, la explicación de la palabra Chichimeca, que a lo largo de los años ha recibido diferentes interpretaciones, desde que los españoles se la designaron al grupo, eso sí, influenciados por sus aliados aztecas, y refiriéndose como un epíteto todo incluido con connotación maligna, comenzando a llamar desde entonces al extenso territorio donde se asentaban como La Gran Chichimeca. Algunas de estas interpretaciones fueron "linaje de perros", "perros altaneros" o "chupadores de sangre". De todas maneras, parece que los indígenas del sur no tenían una buena estima o concepto creado referente a los del norte. Esto no quita que tuvieran un cierto respeto hacia ellos, a los que distinguían como defensores valientes y audaces de sus tierras ancestrales.

Al igual que con los otros pueblos chichimecas, son pocos los datos que llegaron hasta nuestros días refiriéndose a su forma de vida prehispánica. La razón principal se debe al desplazamiento generalizado que sufrió la región a partir de 1529 y, como ya repetí en otras ocasiones, a los cuatro factores más importantes que influyeron para que esto sucediera. El primero de estos factores fue la campaña llevada a cabo por Nuño Beltrán de Guzmán, 1529-30, en la frontera norte de Nueva España, y de la que Peter Gerhard escribió: "Guzmán, con una gran fuerza de los españoles, aliados mexicanos, y los esclavos tarasca, pasó por aquí en una campaña rápida y brutal que duró desde febrero hasta junio, 1530, la estrategia de Guzmán era aterrorizar a los indígenas con frecuencia, no provocando muerte, la tortura y la esclavitud".

El segundo factor fue la rebelión del Mixtón, 1541-1542, un intento desesperado por parte de los indígenas cazcanes por sacar a los conquistadores de Nueva Galicia. Pero la respuesta que encontraron los nativos ya nos la cuenta la historia. Ante la desesperada situación creada, el virrey Mendoza reunió un ejército para repeler el levantamiento, de 450 españoles y unos 30.000 soldados aztecas y tlaxcaltecas, que en una serie de asedios y asaltos cortos se fue adueñando de la situación y sofocando la rebelión. Esta derrota causó miles de muertes entre el bando sublevado. Peter Gerhard cuenta al respecto: "miles fueron expulsados de las cadenas a las minas, y muchos de los supervivientes (en su mayoría mujeres y niños) fueron transportados desde sus lugares de origen para trabajar en granjas y haciendas españolas".

El tercero de estos factores fue la Guerra Chichimeca, la guerra de guerrillas que continuó hasta la última década del siglo XVI, participando en ella indios chichimecas en defensa de sus tierras en Zacatecas, Guanajuato, Aguascalientes y el norte de Jalisco. La Guerra Chichimeca dio comienzo en 1550, como respuesta al movimiento de fronteras que se fue dando a medida que los españoles entablaban nuevas relaciones y alianzas con grupos indígenas amistosos. Por último, la cuarta causa, fueron las enfermedades contagiosas las que causaron estragos entre la población nativa americana. Durante el primer siglo de conquista, los indígenas de México sufrieron 19 grandes epidemias, viruela, difteria, gripe, fiebre escarlatina, sarampión, fiebre tifoidea, paperas, influenza y cocoliztli. Peter Gerhard estimó que, para 1520, la población nativa de la Nueva Galicia era de 855.000 personas.

*Consultar Chichimecas

Mexicaneros


Entre los mitos y leyendas de los mexicaneros existe el de la creación de su pueblo, y cuenta que el padre de los mexicaneros nació en San Pedro Jícoras, después del asentamiento en su peregrinación hacia el norte de Tenochtitlan, y que allí se puso de acuerdo con la serpiente y el águila para darles la costumbre. Le dejó la costumbre del águila, el xuravét, para aclamar al agua, al águila, al sol, a todo lo existente en la tierra, a las cosas, a los mares, a todos los santos... Los santos que crearon la costumbre lo hicieron en el patio en cinco días, el cuarto por la noche bailaron, ellos mismos buscaron el venado para bailar, lo hicieron chuina y lo comieron, bendijeron los elotes y ya cuando amaneció presentaron tamales para aclamar a Dios.

Esta es la parte romántica, pero la historia real de esta etnia dicta mucho de lo que cuentan las leyendas, en verdad no existen datos arqueológicos e históricos de este grupo étnico en el estado de Durango y en el municipio del Mezquital para dar consistencia a sus orígenes como pueblo. En Los Mexicaneros de Durango no son de Tlaxcala, de Leopoldo Valiñas, 1981, se mencionan algunas hipótesis o teorías al respecto, y van desde que son grupos nahuas que siempre habitaron la zona, que son grupos nahuas de occidente llevados a la zona por españoles, que los mexicaneros fueron originariamente hablantes de otras lenguas (coras, tepehuán y huichol) y que fueron nahuatlizados, hasta la teoría de que son descendientes de gente que hablaba una variante del náhuatl y que huyó hacia la sierra.

La parte fiable de su historia se sitúa en épocas más recientes, un ejemplo es el del capítulo referente a la Revolución y Guerra Cristera, en la que no se menciona la participación de los mexicaneros en estos movimientos sociales, sin embargo, si se puede constatar los levantamientos de la población de San Pedro Jícoras y la comunidad de Huazamota como punto de reunión Cristera en la región. Fue ésta una época convulsa de la historia, donde prevalecían los robos, incendios, violaciones, hambre y ataques de vandalismo por parte de los grupos indígenas y mestizos de la región, junto a esporádicos enfrentamientos con grupos "gobiernistas".

La localización geográfica de esta etnia se halla en la región que abarca los estados mexicanos de Durango, Nayarit, Jalisco y Zacatecas, una región interétnica donde conviven y se relacionan con otros grupos, como huicholes, tepehuanos y coras. Entre las principales comunidades mexicaneras cuentan las de Santa Cruz en Nayarit, o San Agustín de Buenaventura y San Pedro Jícoras en Durango. Esta última población pertenece al municipio del Mezquital, colinda al norte con los municipios de Durango y Nombre de Dios; al noreste con Suchil; al noroeste con Pueblo Nuevo, todos éstos del estado de Durango; Al sur con el estado de Nayarit y al sureste con Jalisco. En el Mezquital conviven huicholes, tepehuanos y mexicaneros; la población mestiza se asienta en la cabecera municipal, en los aserraderos y en los centros comerciales de la zona.

Su idioma recibe el nombre de mexicanero y se trata de un dialecto del náhuatl, una lengua del tronco Uto-azteca. Se trata de la variante más septentrional de esta lengua, aunque la familia Uto-azteca se halla difundida más al norte. Los hablantes de esta lengua se estiman alrededor de los 1000 y residen principalmente en las comunidades rurales de San Pedro Jícora y San Agustín Buenaventura, en el municipio de Mezquital en Durango. El mexicanero es uno de tantos dialectos nahuas, lo único que lo diferencia de otros es que utiliza el sufijo -lo para expresar sujetos en plural.

Las actividades económicas de los mexicaneros se basan en la pesca y la agricultura. La pesca es una actividad exclusiva de los hombres y los niños. Del río San Pedro extraen distintas especies como la mojarra, bagre, trucha, matalote, xalmich o pez de arena, aguja y camarón. El único cultivo que se realiza es el del maíz, en un promedio de siembra de cinco a diez medidas por familia, cada medida es igual a 4.35 Kg., su cultivo se realiza en pendientes pedregosas con el método de roza; también se dan algunos árboles frutales en la ribera del río San Pedro. La explotación forestal ya no se practica, por la falta de áreas madereras. La fauna la constituyen ardillas, conejos, coyotes, zorras, tejones, mapaches, gatos de monte, tigres, águilas, urracas, zopilotes, iguanas, escorpiones y alacranes.

Entre las artesanías que manufacturan los mexicaneros se encuentran los utensilios que emplean para uso cotidiano, canastas, cestos y chiquihuites de carrizo, bateas de madera, morrales de algodón, ollas, cazuelas, platos y comales de barro. También se fabrica un arco musical, o tahuitol, de madera y guacima o frijolillo, con una cuerda de ixtle este arco es colocado sobre una jícara o xical que funciona como caja de resonancia al percutir la cuerda con dos palitos de madera.

El patrón bajo el cuál se asientan los mexicaneros respecto a su residencia es patrilocal y en grupos domésticos. Los nuevos matrimonios buscan un nuevo terreno donde levantar su vivienda generalmente cercano al del padre del marido, para lo que nesecitan permiso de la comunidad. El levantamiento de la nueva vivienda se hace con ayuda de familiares y amigos o vecinos.
Son dos tipos de vivienda las que existen entre los mexicaneros, una para la temporada "de secas", cercana a las siembras, y otra para el tiempo "de aguas", éstas se construyen por lo general en los cerros. Las viviendas para el tiempo de lluvias facilitan subir a los animales a pactar sin necesidad de exponer las milpas. Las construcciones son rectangulares con paredes de adobe y techos de paja a dos aguas y sostenidos por estructura de madera. Cuentan con tres secciones, un dormitorio, cocina y carretón, donde se guarda el grano.

La religión de los mexicaneros es el catolicismo, pero también entre sus costumbres está la celebración de los xuravét, ritos donde se recrea la mitología. Estas ceremonias tienen carácter agrícola y en ellas se pide a Dios por la salud, las cosechas, la vida, todas las cosas de la tierra, el agua, las plantas, los animales, el sol, los santos, los mares... Estas peticiones las realiza el Mayor, que es la persona elegida por Dios para organizar y conducir el xuravét durante toda su vida.

Huicholes


El huichol, también conocido por wirrárika, es un grupo étnico que habita en el oeste central de México, en la Sierra Madre Occidental, donde convergen los estados de Jalisco, Nayarit, Zacatecas y Durango, aunque es en los dos primeros donde se concentran un mayor número de población. Los componentes de esta etnia se llaman a sí mismos wirrárika, que significa "la gente", en su lengua, llamada por los lingüistas wixaritari o vaniuki, a la que también se le conoce por lengua huichola, o huichol. La palabra huichol es un etnómino despectivo que los mexicas dieron a los wixaritari mucho antes de que los conquistadores españoles aparecieran por sus tierras.

Actualmente, los puntos de referencia para su localización, se encuentran en los municipios de Mezquitic y Bolaños, al norte del estado de Jalisco, en la Yesca y el Nayar en el estado de Nayarit, y algunos grupos minoritarios en los estados de Zacatecas y Durango. Sus gobiernos tradicionales están instalados en cinco centros ceremoniales, que son: San Andrés Cohamiata (Tateikie), Santa Catarina Cuexcomatitián (Tuapurie), San Sebastián Teponahuaxtlán (Wautia) y Tuxpan de Bolaños (Tutsipa) en el estado de Jalisco, y Guadalupe Ocotán ( Xatsitsarie) en Nayarit. Aunque están asentados de manera dispersa dentro del territorio, en Jalisco han logrado que los mestizos no se instalen en sus comunidades, todo lo contrario ocurre en Nayarit, donde la convivencia con mestizos y coras es frecuente dentro del mismo territorio.

No está muy clara la procedencia de este grupo, ni siquiera para los antropólogos e historiadores, que basándose en la mitología, arqueología y lengua de los wixaritari, que es como se les llama en forma plural, es probable que provengan de distintos grupos que en otro tiempo fueron asentándose en la Sierra Madre Occidental. Algunas hipótesis estiman que procedían de tribus pertenecientes a la familia yuto-azteca, que posiblemente huyeron de algún imperio mesoamericano y que al llegar se encontrarían con otros grupos establecidos en el territorio. Los antepasados wixaritari, al menos eso parece ser, fueron independientes y no formaban parte de los grandes imperios, y es muy probable que algunas tribus de indios del norte, teochichimecas , formaran parte de los antiguos huicholes, si nos atenemos al Códice Florentino de fray Bernardino de Sahagún, donde se describe un ritual teochichimeca semejante al que realizan los huicholes con el peyote. Así mismo, se cree que, al igual que con las tribus del norte, se mezclaran en otras épocas con otros grupos de las tierras bajas de la costa, a juzgar por lo que recogen sus tradiciones orales que dicen que los dioses salieron del mar y fueron peregrinando hacia el oriente de la sierra.

Ya en el periodo de la conquista, la historia cuenta que las tropas españolas que se adentraron en la zona iban comandadas por Nuño de Guzmán, quien fue destruyendo el estado de Nayarit a su paso hacia el noroeste, dejando un rastro de sangre y forzando a los sobrevivientes a huir hacia la sierra, lugares que escaparon de la conquista por su difícil acceso. En la última década del siglo XVI y principios del XVII comenzaron a poblarse sus alrededores y para delimitar el territorio conquistado los españoles fundaron los pueblos de Colotlán, Mezquitic, Huajimic, Huejuquilla y Tenzompa. Las leyes de desamortización, en el periodo Independiente, provocaron el despojo de sus tierras y durante la rebelión de Manuel Lozada, el "Tigre de Álica", algunos huicholes lo apoyaron. Más tarde, en 1887, durante el gobierno de Porfirio Díaz, nuevamente se intentó deslindar las tierras, provocando una nueva ola de violencia y enfrentamientos entre las propias comunidades. La Revolución no fue ni mucho menos pacífica en la sierra, que fue paso de distintos grupos armados, lo que hizo que los huicholes sufrieran las consecuencias, aún sin aliarse a ningún bando en concreto. Seguidamente fue la guerra cristera la que llevó más violencia a la zona y en la actualidad continúan en guerra, más pacífica y sin violencia, la lucha por defender sus tierras por la invasión constante de los mestizos que presionan por apoderarse de los recursos de su territorio.

Su lengua forma parte de la familia yuto-azteca y está emparentada con el nanáhuatl, el yaqui, el pueblo, el cora y el tepehuano. Junto con el cora forman un subgrupo dentro del grupo sonorense de la rama meridional. Los huicholes llaman a su idioma tewi niukiyari, que quiere decir "palabras de la gente". La lengua huichol contiene influencias significativas del náhuatl y del español.
La accidentada topografía de la zona registra una amplia variedad de climas, pero ofrece pocas superficies cultivables por su inclinación. La mayoría de las zonas de la región son boscosas, explotadas por las compañías de Jalisco, que han proporcionado pocos beneficios a la población indígena pero en cambio han erosionado el suelo.
Sus tierras de labor son comunales y en ellas se cultivan principalmente el maíz, calabaza, amaranto, frijol y chile, para lo que se sigue utilizando el sistema de estacas y la yunta de bueyes cuando el terreno lo permite.
La migración temporal está muy arraigada entre los huichiles, que tienen organizada de tal modo su vida, religión, política y economía, que pueden trasladarse de un lugar a otro y regresar tiempo después.
La artesanía del pueblo wirrárika es importante y variada, que se clasifican en dos grupos, los que se elaboran con fines comerciales y los que tienen un fin o reflejan vivencias religiosas. Los primeros están representados artísticamente en cuadros de estambre elaborados sobre tablas de madera con cera, o con las piezas formando figuras trabajadas con chaquira sobre bules, violines, tortugas, etc. Los objetos rituales tradicionales reflejan sus sentimientos religiosos, plasmados en ropa, en la construcción de templos y en instrumentos musicales.

Sus viviendas están construidas en su mayoría con adobe, pero también las hay de piedras recubiertas de lodo y techos de paja, principalmente de una sola habitación que sirve de dormitorio y cocina a la vez. Para sus deidades y ancestros suelen dedicar unas pequeñas construcciones hechas de adobe junto a las viviendas, que reciben el nombre de ririki, "Casas de Dios". Se agrupan en ranchos y frecuentemente las parejas jóvenes recién casadas se suelen ir a vivir con la familia del hombre, sin ser ésta una costumbre generalizada.

Sus creencias religiosas están basadas en cuatro deidades principalmente: Maíz, Águilas, Ciervos y Peyote, descendientes todos del sol, al que nombran "Tau". Sus ceremonias o actos religiosos se llevan a cabo en el monte Wirikuta o "Quemado", en el estado de San Luís Potosí, que dividen en dos, un lado destinado a las mujeres y el otro a los hombres, donde suelen hacer uso del peyote, el cactus alucinójeno. Para los huicholes la historia verdadera se encuentra en los mitos, en el arte y en todas las expresiones o manifestaciones simbólicas del pueblo.

Guachichiles


Los guachichiles eran uno de los seis pueblos que integraban el grupo étnico llamado chichimecas, junto a zacatecos, pames, guamares, caxcanes y tecuexes. El nombre lo recibieron por su costumbre frecuente de pintarse la cabeza de colorado, también los había que se colocaban unos bonetes puntiagudos de cuero colorado que les daban apariencia de gorrión. El término guachichil proviene del náhuatl, Quachíchitl, que significa "gorrión"; "cabeza" viene de quaitl y chichiltic quiere decir "cosa colorada o bermeja". Su territorio se situaba donde actualmente se encuentran los estados mexicanos de San Luis de Potosí, Zacatecas, el sur de Coahuila y parte del norte de Jalisco. Ocuparon todo el Altiplano Potosino, parte de Guanajuato, Jalisco y Zacatecas; la zona se extendía desde el sur, por el río Lerma o Grande, en Michoacán y Guanajuato, hasta las tierras de Comanja y, en los límites con la zona de Ríoverde, el lindero subía hacia el norte.

El pueblo guachichil era considerado valiente y guerrero, y sobre ellos dejó escrito Gonzalo de las Casas: "Ocupan mucha tierra y así es la más gente de todos los chichimecas y que más daño han hecho. Hay muchas parcialidades y no se conocen bien todas". Fue un pueblo rebelde que no se dejó conquistar fácilmente, para ello los españoles tuvieron que utilizar a los tlaxcaltecas, introduciéndolos en su territorio para civilizarlos y cristianizarlos, pues se le consideraba un pueblo salvaje. En la actualidad se le tiene por extintos, aunque en el estado de Coahuila, en el municipio de Arteaga, cerca de Saltillo y por la carretera 57 rumbo a Matehuala, San Luis de Potosí, existe una población con el nombre de El Huachichil, donde se dice quedaron asentados los últimos indios guachichiles; una zona boscosa donde abunda la caza y los llamados frutos regionales, tales como los dátiles, flor de palma, cabuches, nopales, etc. Por este detalle histórico a los pobladores actuales se les puede considerar como descendientes de los antiguos guachichiles.

Los guachichiles se sentían como los hijos del viento, hasta tal punto que no utilizaban tumbas o cementerios para enterrar a sus muertos. Las cenizas de sus difuntos las recogían en una bolsa de gamuza fajada a la cintura; las cenizas que no pertenecían a sus seres allegados, a excepción de los nervios de la espalda que la utilizaban para atar el pedernal a la flecha y algunos huesecillos como trofeo, las lanzaban al aire. Pensaban que polvo eran y al polvo volvían. No entendían de altares ni adoraban a ídolos o dioses, lo más religioso que se podría entender eran las exclamaciones que lanzaban al cielo mirando a las estrellas, para librarse de los rayos y los truenos u otras fuerzas sobrenaturales.

Como decía anteriormente, los guachichiles no fueron presa fácil para los extranjeros que invadieron sus tierras y modo de vida, su rebeldía fue la causa, entre otras, por la que sufrieron una de las más extensas y cruentas persecuciones que sufrieron los nativos indígenas. Fue a partir de 1550, cuando se comenzaron a dar los asaltos a los nuevos habitantes llegados del exterior, junto a los guamares y otros pueblos chichimecas, motivo por el que el Virrey Don Luis II de Velasco comisionó a Herrera para castigarlos.

El 4 de marzo de 1592, Pedro de Anda fundó el Real del Cerro de San Pedro y Minas del Potosí, pero ante la falta de agua para el consumo humano en el lugar hubo de buscarse en los territorios próximos y se encontró al este de la mesa del Anáhuac, donde los españoles se asentaron. Para este asentamiento fueron removidos de sus territorios a los grupos nativos, guachichiles y tlaxcaltecas. Estos últimos pronto comenzaron a manifestarse hostilmente contra sus vecinos indígenas apoyados por los españoles, lo que originó la distribución de la comunidad de San Luis de Potosí bien diferenciada entre guachichiles, tlaxcaltecas, tarascos, zacatecas, chichimecas, chichimecas-pames de Santa María del Río, otomies y españoles extremeños cuando la procedencia era incierta.

La ciudad de San Luis de Potosí nació de la riqueza minera existente, en noviembre de 1592, fundada cuando el indio guachichil de nombre Moquamalto se rindió ante fray Diego de la Magdalena y el capitán Miguel Caldera, en lo que hoy se conoce como Plaza de los Fundadores. A la riqueza de lo que el oro significaba acudieron foráneos de otros muchos lugares y culturas, lo que propició una ciudad multiétnica y multicultural, originando así un verdadero crisol de mestizaje único, no sólo en México si no en toda Latinoamérica.


*Consultar Chichimecas




Coras


Aunque la primera expedición de los conquistadores españoles por el territorio cora se realizó en 1592 no fue hasta el siglo XVIII cuando consiguieron someter a esta etnia mexicana. No les fue fácil la conquista de la sierra del Nayar y de hecho fue el último territorio conquistado. Pocos años después de la primera incursión en el territorio, en 1612, se llevó a cabo una sublevación contra los españoles en la que los coras, junto a los tarahumaras y los tepehuanes, fueron los protagonistas. En el siglo XVIII, en 1720, el pueblo indígena tuvo que enfrentarse a graves problemas que los obligaron a organizar asaltos a pueblos vecinos, la escasez de comida que la sequía provocó y los brotes de epidemia que se extendían por todos los territorios vecinos les obligaron a buscar soluciones a sus problemas de esta manera. Algunas poblaciones a las que asaltaron fueron Acaponeta, Centispac y Aztlán, pero parece ser que no lograron lo que pretendían pues la historia cuenta que fueron derrotados y les cerraron el paso hasta la costa de Nayarit, de donde se abastecían de sal, un elemento sagrado que utilizaban en los rituales.

Fue en 1722 cuando finalmente los conquistaron y cuando comenzó a entrar en vigor y se impuso la nueva organización política y religiosa que los extranjeros traían consigo. La usurpación de sus tierras fue motivo de otras sublevaciones en el futuro, en el siglo siguiente. En el XIX y a raíz de las leyes de la Reforma de nuevo fueron protagonistas en numerosos alzamientos de protesta por la recuperación de sus territorios, fue un movimiento contagioso que se fue extendiendo a otros territorios y con la misma finalidad, las protestas abarcaron a los estados de Nayarit, Jalisco, Zacatecas, Durango y Sinaloa, en la que se unieron a los coras los huicholes, mexicaneros, tepehuanos y campesinos mestizos. En la Revolución mexicana los habitantes de la región del Nayar apoyaron a los villistas, sin embargo, pasado el tiempo los coras se unieron a las tropas carrancistas. Ya en el siglo pasado, a principios del XX, tuvieron el último levantamiento armado en la rebelión cristera, en distintos bandos, primero participaron a favor y después en contra.

El territorio cora se localiza en el estado de Nayarit, aunque también se hayan asentamientos en el vecino estado de Jalisco. Sus límites al norte llegan hasta el estado de Durango y al de Jalisco por el oriente; al sur lo marcan los ríos Jesús María y Chapalagana hasta el río Santiago, y San Pedro Ixcatlán y el río San Pedro por el oeste. Los municipios donde se concentra la población cora principalmente son El Nayar, Acaponeta, Rosamorada y Ruiz, en el estado de Nayarit. Son 120.000 hectáreas lo que comprende el territorio cora, donde conviven con huicholes, mexicaneros y mestizos; situado en la sierra del Nayar, perteneciente a la Sierra Madre Occidental, el tramo que atraviesa el estado de Nayarit. Su altura va desde los 700 m. hasta los 2.200 m. Sus tierras las riegan el río San Pedro o Grande y el Santiago. Las lluvias que caen sobre la región están entre los 800 y 1.500 mm. anuales, pero es en el mes de junio cuando las precipitaciones son más intensas.

Los coras se autonombran Nayeri, etnónimo de donde deriva el actual nombre del estado en que habitan, alrededor de 24.500 personas pertenecientes a la etnia. Su idioma es el Cora, perteneciente al tronco lingüístico yutoazteca, emparentado con el náhuatl, aunque también hablan el español, y un hibrido al que llaman "castilla", una mezcla del cora, español moderno y expresiones del español antiguo.

La organización social del pueblo cora es de familias extensas, por lo general cuando se casan los hijos forman su propia familia pero se quedan a vivir en la casa paterna. Entre las costumbres de los coras también es normal que los ancianos tengan dos esposas, las dos reconocidas socialmente, y aunque las dos viven bajo el mismo techo y se reparten las tareas del hogar cada una cría los hijos procreados. En otro tiempo también era normal que el hombre se casara con las hermanas de la esposa. Sus casas son construidas de adobe con techo de teja y ladrillo, con dos cuartos, uno destinado a recamara y el otro a cocina, donde se encuentra el fogón. También cuentan con patios con bardas de piedra, donde siembran árboles frutales y hortalizas. Los coras viven básicamente de la agricultura, durante el ciclo agrícola los hombres y mujeres abandonan la residencia habitual para instalarse o establecerse cerca de los campos de cultivo que son propiedad comunal, por un tiempo de seis meses aproximadamente. Un periodo en el que recolectan y obtienen los productos básicos para todo el año. La emigración también es importante entre los coras, lo hacen temporalmente de febrero a mayo, algunos jóvenes al estado de Oregón, Estados Unidos. La artesanía cora es escasa y rara vez sale más allá de la región, los productos más representativos son los morrales de lana, algodón o fibra sintética, los huraches de piel con suela llanta y los sombreros de yute.

Para la etnia cora la salud y la religión van cogidas de la mano, piensan que la enfermedades pertenecen al ámbito de lo sobrenatural, es un mal que los dioses y espíritus mandan cuando están enojados porque no recibieron sus ofrendas correspondientes, que se tratan de flechas, algodón o jícaras con pinole. Los dioses tienen como aliados a los curanderos, que tienen la capacidad de provocar y curar enfermedades, por eso, aunque se utilicen medicamentos institucionales, antes deben de arreglar sus cuentas y asuntos con los dioses para que surtan efecto. Sus lugares sagrados son una infinidad y sus mitos e historias se van transmitiendo de generación en generación, se narran cómo se construyó el mundo, se creó la lluvia, el fuego, el tabaco, el maíz, etc. Cada dios cora tiene su morada en las montañas y es ahí a donde van a depositar sus ofrendas, en las cuevas, en los ríos, en los charcos, en las rocas, en los manantiales, en las peñas...

Chichimecas


Los chichimecas eran una tribu de la familia "Nahoa", procedían del norte, de una ciudad llamada Amaquemacan y que según algunos historiadores existió en la alta California, un gran reino cercano a Huehuetlapallan, en la que habitaban los toltecas. Fueron grandes guerreros, conquistadores y fundadores de otras ciudades y territorios, sus dominios abarcaron una gran extensión del Valle de México y que hoy se conocen como estados de México, Morelos, Puebla, Veracruz, Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Jalisco y Zacatecas. Desde el norte de Querétaro hasta Saltillo y desde Guadalajara hasta San Luis Potosí; su localización hoy por hoy se ha reducido a una sola localidad, los últimos chichimecas viven en La Misión de Chichimecas, San Luis de la Paz, Guanajuato. Los chichimecas fueron una tribu de guerreros y cazadores que vivían de lo que cazaban y de lo que quitaban a los demás, esa era la manera de entender la vida, la de la ley del más fuerte, quizás por esa manera de entenderla no fue un pueblo culto, eran salvajes y todo su empeño lo volcaban en el manejo de las armas, en lo que eran hábiles, y en el arte de la guerra, al fin y al cabo era su manera de subsistencia y parece que no les fue muy mal del todo.

Chichimeca es el nombre genérico con el que los mexicas conocían al conjunto de pueblos del norte de México. Por tanto la palabra chichimeca es de origen náhuatl, chichimècah, que tiene distintos significados, porque para algunos es "linaje de perros", "lugar de perros" o "perro sin correa", proponen que chichimeca significa "gente que vive en chichiman" y que se entiende como "lugar de perros", en náhuatl chichi es perro; otros creen que chichimeca es equivalente a bárbaro o salvaje. Sin embargo, el término tiene diferentes interpretaciones, Alva Ixtlilxóchitl dice que en su idioma quiere decir las águilas, también para otros significa "chupadores", del verbo chichi que significa mamar, y según Torquemada este nombre lo recibían porque chupaban la sangre de los animales que cazaban. De todas maneras todas las interpretaciones desembocan en la misma designación, la de un estado salvaje o incivil.

Los chichimecas eran un grupo de seis pueblos con una identidad común, prácticamente, guerreros y recolectores, aunque pames, guamares, caxcanes y tecuexes llegaron a conocer la agricultura que aprendieron posiblemente de los toltecas, los otomíes y tarascos; los zacatecos y guachichiles tenían un grado cultural inferior a los demás y su forma de vida era principalmente nómada. Fueron un pueblo bárbaro y no contaban apenas con herramientas o instrumentos de producción útiles, todo se basaba prácticamente en las necesarias para la caza y la guerra, de lo que vivían, y pasaban poco más allá de las flechas y las cerbatanas. Su florecimiento como pueblo llegó en el estado de México, cuando fundaron Amecameca, un pueblo que aún existe, en recuerdo de la antigua ciudad de donde vinieron.

Los pueblos chichimecas que cultivaban la tierra lo hacían primero con el corte de árboles, roza, siembra y desyerbe, y los utensilios de labranza eran las hachas de garganta y las coas; sus cultivos eran de chile, frijol y maíz. Anterior a la introducción en la agricultura subsistían de frutos silvestres y vegetales, semillas, raíces, el dátil de mezquite y además de comer tunas hacían con ellas una especie de licor. La caza era muy importante para su base alimenticia y para vestirse, pues se vestían con pieles de animales, comían conejos, ranas, peces... La excedencia agrícola la comercializaban con otros pueblos por medio de trueque, al igual que los utensilios domésticos, de caza, artesanía y alfarería. El fraile Bernardino de Sahagún, en Historia general de las cosas de la Nueva España, menciona que los caxcanes y tecuexes hacían trueque con los otomíes, con los que intercambiaban armas por excedentes agrícolas: "Las operaciones las hacían en días de plaza en un lugar llamado tianquistli o plaza pública". Del dátil de mezquite también dice que:"Hacen de aquella fruta ciertos panes que guardan para entre año".

Con respecto al arte es poco lo que se ha encontrado relativo a los chichimecas, es obvio que cuando un pueblo se dedica a la guerra no tiene mucho tiempo para dedicarlo al arte. Quizás en la cerámica esté lo más representativo, muy poco y se conoce por las excavaciones de tumbas, algunas figurillas encontradas a modo de ofrenda, de 10 cm. de largo, se encontraron en San Luis Potosí y las que representan a mujeres muestran marcas en el cuerpo, pintura y ojos rasgados. De igual manera se encontraron algunas vasijas de barro, con adornos muy simples y que estuvieron pintadas supuestamente con color rojo. Está claro que tampoco fueron artesanos, talvez algo de carpintería, tejedores y lapidarios, pues conocían y trabajaban los pedernales y navajas para las puntas de las flechas. En sus creencias religiosas estaban la adoración al sol y a la luna.

Cuando se preparaban para la guerra lo hacían con oraciones y danzas, con la danza de la guerra conocida como "el mitote", que consistía en trabar los brazos con sus compañeros y girar vigorosamente alrededor de la hoguera; probablemente lo harían al ritmo de un tambor o con el golpeo del arco y la flecha. Fray Juan de Torquemada dejó dicho al respecto: "Pelean desnudos, untados con matrices de diferentes colores, y con arcos y flechas con puntas de pedernales, armas que por ser de caña parecen débiles, pero es increíble el estrago que, puestas en sus manos, hacen en los hombres armados y en sus caballos, aunque vengan cubiertos".

*Consultar Pames
*Consultar Guamares
*Consultar Guachichiles
*Consultar Caxcanes
*Consultar Tecuexes
*Consultar Zacatecos




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Caxcanes


Según las crónicas del padre Antonio Tello, los caxcanes tenían una cierta similitud en la lengua con los mexicas, dice que: "Los pueblos de caxcanes son gente que casi habla el lenguaje mexica y se precian de descender de los mexicas pero no hablan el lenguaje mexica tan culto y refinadamente como ellos". También por las mismas fuentes se cree que descienden de las 7 tribus que salieron del mítico Aztlán. Los caxcanes eran uno de los seis pueblos que pertenecían al grupo de los chichimecas, nombre genérico que los mexicas le dieron a los pueblos que vivían al norte de México, una vasta región que actualmente conocemos por Aridoamérica. Las cuatro naciones chichimecas* más importantes o principales eran los pames, guamares, zacatecos y guachichiles, y junto a éstos los tecuexes y caxcanes.

El pueblo caxcán era el más numeroso de los denominados chichimecas y habitaban por los territorios de El Teúl ( hoy conocido por Teúl de Gonzáles Ortega), Tlaltenango, Juchipila, Teocaltiche (Nochistlán), Aguascalientes y Jalisco; y dentro de la tribu había un subgrupo llamado "los Tezoles". De igual manera y por las crónicas, se cree que a partir del colapso de la cultura de los Chalchihuites hubo un desplazamiento hacia el sur de algunos grupos que con el tiempo pasarían a llamarse caxcanes. En español, caxcán significa "no hay", un nombre que se les quedó a los conquistadores españoles cuando llegaron a su territorio y les preguntaban por comida y otras cosas ¿de dónde lo he de tomar? Y los indígenas les respondían en su lenguaje "no hay".

Los caxcanes fueron un pueblo aguerrido, fueron conquistadores y fundadores de pueblos como Amecatl, Tuitlán, Juchipila, El Teúl, Noschitlán y Teocaltiche, donde los belicosos tecuexes se habían aliado con sus vecinos los zacatecos y guachichiles, para tratar de frenar la acometida caxcán y su invasión. Una de las últimas guerras en la que estuvieron enfrentados los caxcanes y sus vecinos fue la que se ocasionó por la comercialización de la sal, un enfrentamiento que involucró a una extensa zona, conocida por la guerra regional de 1513. No se puede decir que los pueblos chichimecas se llevaran bien, al contrario, siempre fueron enemigos reconocidos y especialmente en la época de la conquista española, donde los caxcanes se aliaron con los conquistadores para luchar contra los otros pueblos de la región.

Pero la alianza entre los caxcanes y los conquistadores no llegó a buen puerto, porque hartos los indígenas de años de vejaciones por parte de los españoles, el jefe caxcán Tenamatztle encabezó la rebelión más grande que hubo en esa época. Los caxcanes lucharon hasta la muerte y antes de ser apresados o entregarse se lanzaron por un precipicio. Fue la guerra conocida como la del Mixtón, a finales de 1540, que dio comienzos en las localidades de Huaynamota y Huazamota, en territorio del estado de Nayarit, y provocada por los abusos de autoridad de algunos encomenderos. La resistencia que opusieron los chichimecas, especialmente caxcanes y zacatecos, fue aguerrida, brava y difícil para los españoles, que nunca pensaron que la conquista del norte de México, después de dominar a los mexicas, tardaría más de dos siglos en llevarse a cabo. Tuvo que intervenir directamente el virrey Antonio de Mendoza, quien dio fin a la insurrección con un ejército que, según las crónicas, se componía de cincuenta mil hombres, entre ellos aliados de otros pueblos, como los tlaxcaltecas, huejotzincas, cuauhquechultecas, mexicas, xilotepecas y acolhuas.

El sistema político y social de los caxcanes se podría definir como un sistema aldeano, con un centro a modo de cabecera, una aldea mayor, y lo que se podrían llamar cuatro barrios de menor población a su alrededor y dependientes del núcleo central. Los caxcanes no eran un pueblo refinado, aunque tenían sus adoratorios y conocían la agricultura, especialmente los que vivían cercanos a fuentes de agua, río o manantiales. Pero por norma general, al igual que los otros pueblos chichimecas, los caxcanes se dedicaban más a la caza y a la recolección de frutos silvestres. Sin embargo, a diferencia también de sus vecinos chichimecas, y debido al contacto con los otomíes y los tarascos llegaron a alcanzar el sedentarismo


*Consultar Chichimecas







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