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Otomíes


El gentilicio con el que se conoce a esta etnia no es nativo del pueblo al que se refiere, como ocurre en la mayoría de las veces cuando se trata de etnomínios referentes a los pueblos de México. Otomí es de origen náhuatl y deriva de otómitl, que significa "quien camina con flechas" o "flechador de pájaros", aunque existen otras posibilidades como que pudiera ser derivado de Oton, un caudillo de la etnia de tiempos prehispánicos. Para los otomíes el término que los identifica tiene un significado peyorativo, al estar asociado a la imagen que de ellos se tenía en la colonia y entre los nahuas, cuya imagen era la de indolentes y perezosos.

Desde varios miles de años antes de la era cristiana, el territorio de los antepasados otomíes se sitúa en la Altiplanicie Mexicana, al igual que el resto de los pueblos de habla otomangueana, con la que están emparentados lingüísticamente. En la actualidad se localizan desde el norte de Guanajuato hasta el sureste de Tlaxcala, aunque es en los estados de Querétaro, Hidalgo y México, donde se concentran la mayor representación de la etnia. Son algo más de 650.000 personas según la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de México, lo que les convierte en el quinto grupo étnico más numeroso del país.

La época que va desde el Preclásico hasta la Conquista no parece que haya despertado mucho interés entre los historiadores y estudiosos, sólo en los últimos años empieza a despertar atención por el papel o protagonismo que jugó el pueblo otomí en el desarrollo de las culturas de la Altiplanicie Mexicana. Quizás por la complicidad étnica del centro de México en esa época, que no permitía distinguir sus contribuciones, es por lo que casi nunca se menciona su protagonismo en la etapa prehispánica, aunque a la llegada de los españoles florecieron en su territorio grandes ciudades como Cuicuilco, Teotihuacan y Tula, incluso Tlacopan heredó los dominios de Azcapotzalco, con mayoría de población otomí, en el Imperio Azteca.

Hace aproximadamente 5.000 años los pueblos de habla otomangueana formaban una gran unidad, y según la gran cantidad de cognados existentes en las lenguas otomangueanas referentes a palabras alusivas a la agricultura, se estima que la expansión geográfica y la diversificación de las lenguas debió ocurrir después de la domesticación de la trinidad agrícola mesoamericana, compuesta por maíz, frijol y chile. A partir de ahí, la proto-otomangue dio origen a dos lenguas diferenciadas que son la base de los dos grupos otomangueanos, el oriental y el occidental. Siguiendo el rastro lingüístico parece probable que los oto-pames, pertenecientes a la rama occidental, llegaran a la cuenca de México aproximadamente en el año 4.000 a. C., migrando desde el sur, al contrario de lo que sostiene algunos autores. La fragmentación del grupo otopameano comenzó a darse a partir del Preclásico, de tal manera que en Período Clásico el otomí y el mazahua ya eran lenguas distintas.

El declive de la ciudad de Teotihuacan es la fecha que marca el fin del Período Clásico, cuando surgen los cambios de las redes políticas en Mesoamérica, las confrontaciones entre pequeños estados y los movimientos de población, debido mayoritariamente por las prolongadas sequías, provocando la llegada de nuevos pobladores al centro de México. Los grandes grupos nahuas comienzan a hacer acto de presencia y obligan a los otomíes a desplazarce hacia el oriente, hasta la Sierra Madre Oriental y al valle de Puebla-Tlaxcala. Los pueblos nahuas encabezan el desarrollo de grandes estados en territorio otomí y florecen grandes ciudades como Tula, a la que en el siglo IX los toltecas convirtieron en una de las principales de Mesoamérica, concentrando gran parte de la población del Valle del Mezquital, de filiación otomí. El florecimiento de Azcapotzalco, en la cuenca lacustre del valle de México, provocó la expansión de los tepanecas hacia el occidente, ocupando el territorio tradicional de otomíes, mazahuas, matlatzincas y atzincas, de modo que los pueblos otomianos cayeron en la órbita de control de los nahuas, que habían ocupado la cuenca de México. Más tarde la Triple Alianza sometió a Azcapotzalco y los tepanecas fueron asignados a Tlacopan.

A la llegada de los españoles los tlaxtecas eran aliados de los otomíes de Tecóac y, según el Códice Florentino, los nativos fueron atacados por los conquistadores, cayeron derrotados y al ver cómo habían acabado sus aliados, los tlaxtecos decidieron unirse a los españoles. Pero los otomíes jugaron un papel muy destacado en la Conquista de México, significaron una importante ayuda a Hernán Cortés, que después de la derrota sufrida en el episodio conocido como "la noche triste", los otomíes de Teocalhueyacan visitaron al conquistador y le ofrecieron comida y promesa de alianza y refugio en su pueblo. Aceptaron el ofrecimiento y permanecieron en el poblado cerca de diez días, recomponiendo fuerzas. Cortés atacó por sorpresa a los nahuas de Calacoaya por consejo de este grupo de otomíes y los derrotó, de lo que también se sirvieron los otomíes, pues eran aliados de la Triple Alianza y enemigos de ellos.

La cristianización de los otomíes se llevó a cabo en los años siguientes a la Conquista de Tenochtitlan, por los franciscanos, al tiempo que dio inicio el proceso de adaptación de las formas de organización política europeas, dando origen a las comunidades indígenas en mayordomías, que en casos como el de los otomíes de Ixtenco, Tlaxcala, constituyen uno de los pocos elementos de entidad étnica que aún se conservan. En el siglo XVI se realizó el Códice de Huamantla, quizás el más conocido, en la región de Tlaxcala, y trata de la historia de los otomíes desde la época prehispánica hasta la conquista. La ayuda que recibieron los españoles por parte de esta etnia no los libró del sometimiento, hacia la década de 1.530 todas las comunidades otomíes del Valle del Mezquital y la Barranca de Meztitlán habían sido repartidas en encomiendas. Sin embargo, al modificarse la legislación española se crearon las llamadas repúblicas de indios, que permitieron cierta autonomía a las comunidades otomíes. El sometimiento a los conquistadores nunca fue completo por parte de esta etnia, lo que demuestra el gran número de conflictos que surgieron en el siglo XVII y XVIII. Durante la Guerra de independencia permanecieron indiferentes, todos los indígenas en general, sin embargo, en el Valle del Mezquital, varios insurgentes se unieron a los grupos otomíes, que veían en la rebelión una oportunidad de deshacerse del dominio criollo y peninsular, quienes se habían apropiado de grandes extensiones de terreno otomí.

La productividad agrícola de los otomíes es escasa. El maguey es el cultivo más importante, junto a otros como maíz, frijol, nopal y chile, lo que constituye la base de su alimentación. La carencia de industria y otras formas de ganarse el sustento ha provocado la emigración de los hombres de la etnia para trabajar de peones en propiedades agrícolas en Tula, Hidalgo, en Querétaro y en San Luis Potosí. La ganadería es actividad de segundo plano, suelen tener en sus solares ovejas, cabras y algunos cerdos, incluso hay familias que tienen yunta de bueyes para labrar la tierra.

Sus casas son variadas y diferentes, según la zona que habiten. Entre las regiones fértiles se construyen de adobe con techos de teja, cartón o asbesto. En otras zonas son de paredes de barro y pencas de maguey y con techos de paja. También las hay de madera con los techos a dos aguas de tejamanil. Suelen tener entre uno o dos cuartos y un granero interior adicionado. Los suelos son de tierra por lo general. En la actualidad los nuevos materiales como el ladrillo van sustituyendo a los tradicionales.

Guamares


Como casi todas las naciones chichimecas, los guamares también eran cazadores-recolectores aunque tenían un grado cultural superior que los zacatecos y guachichiles, tenían sus adoratorios y conocían la agricultura. Esta etnia extinta habitaba una gran parte del territorio que hoy conocemos por el estado mexicano de Guanajuato, aunque sus incursiones llegaban a Jalisco y Lagos, algunas de sus bandas llegaban hasta el estado de Querétaro. El desarrollo cultural de este pueblo chichimeca fue relativamente escaso, al igual que los otros cinco que conforman el grupo, esto se puede entender y achacar en parte por su "nomadismo", su cultura se puede calificar como pobre si la comparamos con los otros pueblos o etnias de Mesoamérica. Aún así, consiguieron edificar templos-fortaleza, en un medio desfavorable, una zona árida donde las lluvias son escasas y el clima cambia según la altitud.

En el siglo XVII, Gonzalo de las Casas, dejó escrito sobre el indio guamar: "El más valiente, más belicosos, traidores y destructivo de todos los chichimecas, y el más astuto". A los guamares también se les conocían por los "chichimecas blancos" o ixtlachichimecas, no porque la pigmentación de su piel fuera más clara y de distinta tonalidad a los componentes de los otros pueblos del grupo chichimeca, si no por el color de las tierras donde vivían, entre calichales y tierras salitrosas. A la familia guamar debieron de ser los pueblos a los que los españoles señalaban como del Xiconaque y Cuxtique. La historia refleja que para los colonizadores, en las primeras décadas de la Villa de Lagos, los guamares se convirtieron en la nación más valiente, belicosa, indómita y salvaje de todos los chichimecas. Cuando llegaron los españoles el territorio que ocupaban era conocido como Pechichitane o Chichimequillas, y los xiconaques y custiques, enemigos hasta entonces entre sí, se unieron para luchar contra el enemigo común, el hombre blanco.

Todos los pueblos chichimecas participaron en la resistencia indígena que se originó contra los españoles, y mientras otros como los guachichiles se dedicaban a asaltar rebaños, pastores y caravanas en San Felipe, los guamares hacían lo mismo por su cuenta, atacando estancias ganaderas en la sierra y asaltando caminos por donde transportaban mercancías a las minas. De 1560 a 1570 comenzaron a atacar a los poblados de colonizadores españoles y los que estuvieron retenidos, que fueron apresados, fueron sometidos a un proceso de aprendizaje cultural del que se encargaron los frailes, y de lo que los indios guamares sacaron partido porque, a la destreza en el manejo del arco y las flechas, la macana y la lucha corporal, sumaron el montar a caballo, a manejar las espadas, los arcabuces y otros conocimientos. Los guamares se convirtieron en un astuto y peligroso enemigo para los invasores, a los que intimidaban con sus pinturas faciales y corporales, sus gritos y cantos bélicos, con sus ataques nocturnos y la mejor adaptación que tenían al medio ambiente, a la limitación de agua y alimentos.

Lo que se conoce como la Rebelión de los guamares, fue un movimiento indígena en la región de Guanajuato, que se inició entre los años 1563 y 1568, contra las autoridades del virreinato de Nueva España, unos episodios de la historia que se conocen por los relatos de don Pedro Ahumada de Sámano, el que puso fin al levantamiento. En 1963 los guamares destruyeron el asentamiento de Pénjamo y más tarde atacaron Comanja y asesinaron a todos los españoles que allí se habían asentado, sólo quedaron dos supervivientes. En 1569 atacaron y tomaron el puerto del Robledal, cercano a Guanajuato, y llegaron hasta Xilotepec. La historia también nos deja la creencia de que no actuaron solos, si no que tuvieron como aliados en ocasiones a los indios catequizados de San Miguel y Pénjamo.

*Consultar Chichimecas



Chichimecas


Los chichimecas eran una tribu de la familia "Nahoa", procedían del norte, de una ciudad llamada Amaquemacan y que según algunos historiadores existió en la alta California, un gran reino cercano a Huehuetlapallan, en la que habitaban los toltecas. Fueron grandes guerreros, conquistadores y fundadores de otras ciudades y territorios, sus dominios abarcaron una gran extensión del Valle de México y que hoy se conocen como estados de México, Morelos, Puebla, Veracruz, Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Jalisco y Zacatecas. Desde el norte de Querétaro hasta Saltillo y desde Guadalajara hasta San Luis Potosí; su localización hoy por hoy se ha reducido a una sola localidad, los últimos chichimecas viven en La Misión de Chichimecas, San Luis de la Paz, Guanajuato. Los chichimecas fueron una tribu de guerreros y cazadores que vivían de lo que cazaban y de lo que quitaban a los demás, esa era la manera de entender la vida, la de la ley del más fuerte, quizás por esa manera de entenderla no fue un pueblo culto, eran salvajes y todo su empeño lo volcaban en el manejo de las armas, en lo que eran hábiles, y en el arte de la guerra, al fin y al cabo era su manera de subsistencia y parece que no les fue muy mal del todo.

Chichimeca es el nombre genérico con el que los mexicas conocían al conjunto de pueblos del norte de México. Por tanto la palabra chichimeca es de origen náhuatl, chichimècah, que tiene distintos significados, porque para algunos es "linaje de perros", "lugar de perros" o "perro sin correa", proponen que chichimeca significa "gente que vive en chichiman" y que se entiende como "lugar de perros", en náhuatl chichi es perro; otros creen que chichimeca es equivalente a bárbaro o salvaje. Sin embargo, el término tiene diferentes interpretaciones, Alva Ixtlilxóchitl dice que en su idioma quiere decir las águilas, también para otros significa "chupadores", del verbo chichi que significa mamar, y según Torquemada este nombre lo recibían porque chupaban la sangre de los animales que cazaban. De todas maneras todas las interpretaciones desembocan en la misma designación, la de un estado salvaje o incivil.

Los chichimecas eran un grupo de seis pueblos con una identidad común, prácticamente, guerreros y recolectores, aunque pames, guamares, caxcanes y tecuexes llegaron a conocer la agricultura que aprendieron posiblemente de los toltecas, los otomíes y tarascos; los zacatecos y guachichiles tenían un grado cultural inferior a los demás y su forma de vida era principalmente nómada. Fueron un pueblo bárbaro y no contaban apenas con herramientas o instrumentos de producción útiles, todo se basaba prácticamente en las necesarias para la caza y la guerra, de lo que vivían, y pasaban poco más allá de las flechas y las cerbatanas. Su florecimiento como pueblo llegó en el estado de México, cuando fundaron Amecameca, un pueblo que aún existe, en recuerdo de la antigua ciudad de donde vinieron.

Los pueblos chichimecas que cultivaban la tierra lo hacían primero con el corte de árboles, roza, siembra y desyerbe, y los utensilios de labranza eran las hachas de garganta y las coas; sus cultivos eran de chile, frijol y maíz. Anterior a la introducción en la agricultura subsistían de frutos silvestres y vegetales, semillas, raíces, el dátil de mezquite y además de comer tunas hacían con ellas una especie de licor. La caza era muy importante para su base alimenticia y para vestirse, pues se vestían con pieles de animales, comían conejos, ranas, peces... La excedencia agrícola la comercializaban con otros pueblos por medio de trueque, al igual que los utensilios domésticos, de caza, artesanía y alfarería. El fraile Bernardino de Sahagún, en Historia general de las cosas de la Nueva España, menciona que los caxcanes y tecuexes hacían trueque con los otomíes, con los que intercambiaban armas por excedentes agrícolas: "Las operaciones las hacían en días de plaza en un lugar llamado tianquistli o plaza pública". Del dátil de mezquite también dice que:"Hacen de aquella fruta ciertos panes que guardan para entre año".

Con respecto al arte es poco lo que se ha encontrado relativo a los chichimecas, es obvio que cuando un pueblo se dedica a la guerra no tiene mucho tiempo para dedicarlo al arte. Quizás en la cerámica esté lo más representativo, muy poco y se conoce por las excavaciones de tumbas, algunas figurillas encontradas a modo de ofrenda, de 10 cm. de largo, se encontraron en San Luis Potosí y las que representan a mujeres muestran marcas en el cuerpo, pintura y ojos rasgados. De igual manera se encontraron algunas vasijas de barro, con adornos muy simples y que estuvieron pintadas supuestamente con color rojo. Está claro que tampoco fueron artesanos, talvez algo de carpintería, tejedores y lapidarios, pues conocían y trabajaban los pedernales y navajas para las puntas de las flechas. En sus creencias religiosas estaban la adoración al sol y a la luna.

Cuando se preparaban para la guerra lo hacían con oraciones y danzas, con la danza de la guerra conocida como "el mitote", que consistía en trabar los brazos con sus compañeros y girar vigorosamente alrededor de la hoguera; probablemente lo harían al ritmo de un tambor o con el golpeo del arco y la flecha. Fray Juan de Torquemada dejó dicho al respecto: "Pelean desnudos, untados con matrices de diferentes colores, y con arcos y flechas con puntas de pedernales, armas que por ser de caña parecen débiles, pero es increíble el estrago que, puestas en sus manos, hacen en los hombres armados y en sus caballos, aunque vengan cubiertos".

*Consultar Pames
*Consultar Guamares
*Consultar Guachichiles
*Consultar Caxcanes
*Consultar Tecuexes
*Consultar Zacatecos




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