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Chalchitecos


El Historiador guatemalteco Adrián Recinos afirma que el origen de las tribus de Chalchitán es náhuatl, claramente demostrado por costumbres y monumentos, confirmado por la semejanza de las lenguas: "El mismo nombre Chalchitán procede de la raíz náhuatl chalchi (verde), que forma la base del nombre primitivo de la costa de Veracruz, Chalchiuchuecán (tierra de conchas verdes)". La historia nos cuenta que los primeros chalchitecos procedían de la península de Yucatán, México, y se establecieron al Este de lo que hoy es el municipio de Aguacatán, Huehuetenango, Guatemala. Según algunos escritos hoy podemos estimar que 800 años antes de que los españoles llegaran a tierras americanas y conquistaran las tierras guatemaltecas ya existía el centro más antiguo de toda la región, que no recibía ese nombre si no que se denominaban Coacutec, por supuesto también de procedencia náhuatl. Chalchitán fue un nombre posterior a la llegada de la primitiva tribu que salió de Tulán, cuyo nombre era Coacul. De la misma manera que tampoco se autodenominaban chalchitecos si no B'ali'm Wunak, que quiere decir "hombres tigres".

Según las mismas fuentes: "La tribu de Chalchitán y Pueblo viejo vino probablemente con las tribus de mames que destruyeron en México las ciudades toltecas, ya que hacia el siglo VII Chalchitán, lo mismo que Quiriguá (México) y Copán (Honduras), florecieron como antiguas e importantes ciudades en estos países". Los estudios arqueológicos realizados sobre las ruinas de Chalchitán, revelan que fue la ciudad más antigua del territorio y que se desarrolló a partir de la etapa preclásica, 1.500 a.C. a 300 d.C., con una larga interrupción a finales del mismo periodo, hasta el postclásico temprano, 1.000 a 1.200 d.C. Fue por estas fechas cuando se cree que los habitantes del antiguo Chalchitán se trasladaron al lugar conocido como Tnum o Pueblo Viejo y que se encuentra en la aldea que hoy se conoce como Chichoché, desde el 1.200 al año de la conquista de Alvarado, 1.524. Para esta fecha Pueblo Viejo ya llevaba mucho tiempo en decadencia, sin embargo algunas fuentes creen que los conquistadores terminaron por destruirlo después de la toma de Zaculeu, en 1525, aunque no existen huellas de dicha sumisión por parte de los chalchitecos.

Sobre este enclave arqueológico el cronista Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán reconoce a Chalchitán y Pueblo Viejo como: "punto del reino de Guatemala donde al tiempo de la conquista se veían portentosos restos de edificios y fortalezas". Otros vestigios encontrados se localizan en la aldea de Pichiquil, a 15 Km. de distancia de Aguacatán, dos centros y siete montículos; de igual manera y a 9 Km. de Aguacatán, en la aldea La Estancia, también había montículos pero parece que el último de ellos fue destruido en 1995 por unos extranjeros para excavar, según el líder chalchiteco Andrés Puentes. De acuerdo con las mismas fuentes, en la conquista, durante el siglo XVI, no representaba un peligro para los españoles, pues no era una nación que pudiera atemorizarlos. Sin embargo, a pesar de no poseer una fuerte organización política y militar, habría que destacar su carácter rebelde y que no se dejaban dominar ni siquiera por las intendencias municipales: "posiblemente por eso lo suprimieron el 27 de febrero de 1891, junto a otros pueblos, y pasó a convertirse en un barrio de Aguacatán". Chalchitán y Aguacatán siempre fueron dos pueblos diferentes en los primeros veinte años posteriores a la independencia, hasta que Chalchitán es suprimido y pasa a ser un barrio de Aguacatán bajo el gobierno de Manuel Lisandro Barillas. Aún así, nunca estuvieron de acuerdo con la decisión del anexo, aunque no fue hasta principios de los años 1990 cuando empezaron a demandar su reconocimiento.

Aunque para muchos de los chalchitecos el término tribu ya forma parte del pasado, si consideran que sigue teniendo validez, no deja de ser parte de su organización social. Los chalchitecos tienen una particularidad que los preserva como grupo étnico y que generan sus apellidos, al margen de los registrados en el Registro Municipal. Esta práctica lleva 150 años llevándose a cabo por parte de la iglesia católica. En su tradición ellos ya nombraban a sus miembros, pero la iglesia les asignaba otros en castellano, y por los cálculos se estiman que son unas 200 tribus actualmente, con un numero que van desde los 170 a 250 las más numerosas, hasta de 50 a 10 las menos. Primero se ponía el nombre, por ejemplo Pal, y después se añadía el apellido, que bien podría ser Wa'n. De esta manera se llamaría Pal Wa'n. Pero la iglesia católica los llamaba, por ejemplo, Gaspar Velásquez. Si era de la tribu Pix' y se llamaba Pal Pix' la iglesia le ponía Gaspar Ortiz.

Su organización política y religiosa se está perdiendo con el tiempo, la jerarquía chalchiteca es una de tantas manifestaciones prehispánicas que están en decadencia y van perdiendo terreno en favor de los católicos y evangelistas. Sus actividades productivas van en concordancia con las de los aguacatecos*, con los que comparten territorio y están más relacionados política, social, étnica, económica y culturalmente, aunque existen vínculos que se ven cismados ante las difíciles relaciones entre ellos debido a la anexión de Chalchitán. Una de estas hostilidades se plasma en las elecciones para cargos públicos, la rivalidad y el descontento de los chalchitecos se evidencia por la negación que reciben de los aguacatecos.


















* Consultar Aguacatecos





http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

Aguacatecos


Para comenzar habría que hacerlo diciendo que los aguacatecos, o awakatekos, no se autonombran de esta manera tal y como se les conoce, esta denominación se refiere a Aguacatán como municipio y utilizado por voces españolas, que significa "lugar de abundantes aguacates". Los indígenas aguacatecos se autodenominan qatanum, que quiere decir "nuestra gente" en aguacateco, que entre ellos se llama qa'yol, "nuestra palabra". Es el idioma por el que se comunican y se entienden estos 31.000 individuos, aproximadamente, que componen la comunidad indígena aguacateca, asentada principalmente en Aguacatán, municipio del departamento Guatemalteco de Huehuetenango; aunque también se pueden localizar algunas minorías en Chiapas y Veracruz, en territorio mexicano. Esta etnia de origen maya, por su cercanía territorial, está bien relacionados con los chalchitecos, los ixil y los mam.

En relación con su historia, el pueblo aguacateco está documentado, reflejado en documentos históricos, desde 1643, año en el que el dominico irlandés Tomás Gage, y durante una expedición misionera, dio fe de su existencia, lo evidenció en sus crónicas junto al cultivo de uvas que desarrollaban los indígenas del lugar. No obstante, los arqueólogos han sacado a la luz recientemente restos aguacatecos de la época prehispánica, en Chalchitán, poblado originalmente conocido como Coacutec, por sus orígenes nahuas, lo que evidencia que este pueblo tiene como tal un largo recorrido por la historia. A finales del siglo XIX, en 1891, Chalchitán fue anexorado como barrio al municipio de Aguacatán, lo que estableció relaciones sociales más pronunciadas entre las dos etnias, los aguacatecos y los chalchitecos. Francisco de Fuentes y Guzmán, en su obra "Recordación Florida", dice que en Aguacatán y Chalchitán habitaban alrededor de 480 pobladores, que hablaban un idioma con pronunciación gutural, lo que significa que el sonido emitido era pronunciado con la garganta, tocando el dorso de la lengua con la parte posterior del velo del paladar, o acercándose a él formando una estrechez por la que pasa el aire respirado. La ALMG, Academia de Lenguas Mayas de Guatemala, realizó una asamblea en diciembre de 1999, en la que instaló la Junta Directiva de la Comunidad Lingüística Awakateka con más de 75 miembros, y aunque los principios no fueron fáciles, con el tiempo y esfuerzo los miembros se han ido multiplicándose desde entonces.

El pueblo aguacateco es agrícola principalmente y el ajo y la cebolla sus productos estrella, y aunque la dedicación pastoril es importante para la producción de lana, y los tejidos artesanales que de ella se obtienen, no es lo suficiente para retener a muchos emigrantes de esta etnia, que buscan lejos de sus fronteras, sureste de México y Estados Unidos, la oportunidad para desempeñar las labores que mejor saben hacer, las relacionadas con la agricultura.
En cuestiones religiosas, la aportación que encontré es más extensa que la realidad productiva, lo que les obliga a estar más a expensas de lo que sus dioses le socorran que a lo que la tierra les dé. De todas maneras sus costumbres no están muy alejadas de otras etnias cercanas, en su caso, los aguacatecos, actualmente tienen una religión mezcla del catolicismo, de otras religiones protestantes y de elementos nativos y de adoración de los antepasados, lo que dice que sus costumbres no fueron olvidadas con el tiempo y lo prehispánico aún se halla entre sus hábitos cotidianos. Perduran sus dioses con rasgos naturales, como montañas o primaveras, que son sitios para sus dueños sobrenaturales, y los cuerpos celestes son dioses representados de esta manera; el culto a los muertos y la adoración de los antepasados continua siendo una tradición para los aguacatecos, aunque también hay que resaltar que en proceso de desaparición. La influencia activa de padres y abuelos difuntos continua ejerciendo un papel importante en el desarrollo de la vida del aguacateco, a los que se suponen ayudan más allá de la tumba si estos han residido armoniosamente, o castigan si ocurre la animosidad o celosía, por lo que se puede decir que la muerte forma parte de la vida en esta comunidad indígena.

Los chamanes desarrollan un papel muy importante dentro de la comunidad, pues lo mismo ejercen de intermediarios o mediadores entre los vivos y los muertos, que de médicos, o se encargan de realizar las ceremonias o ritos. Son los que hacen preguntas directamente a los difuntos antepasados y comunican a sus familiares las decisiones desde ultratumba, lo que se interpreta que la importancia de los chamanes en los consejos que dicten marca el desarrollo de las vidas de los individuos. La limpieza espiritual es seguida a la comunicación entre ambos mundos, que se lleva a cabo por parte del chaman, con la dispersión de frijoles sobre la tierra y recogiéndolos, al tiempo que se recitan los días de la semana del antiguo calendario maya. Entre sus ceremonias más propias estaban los festivales regulares, anterior a 1960, llamados K'ej, que significa fiestas. Duraban siete días y durante este tiempo se hacían desfiles, había música, bailes y mucha bebida. En este tiempo de fiesta los chamanes llevaban a cabo distintas ceremonias y ritos. Eran tres los grupos de baile ritual, dos de ellos orientales, Tz'Unum y Muztec, y uno occidental, Moros. En los bailes las obligaciones eran heredadas, de padre a hijo y de madre a hija; los rituales menores fueron los deberes de ciertas familias.

También en la curación y las enfermedades juegan un papel relevante los difuntos, que son capaces de curar por mediación de los chamanes, alquilados para llevar a cabo esta tarea, u otras de parecida labor, como son en el consejo. Una fusión entre medicina y moralidad, lo que deduce que en manos del individuo y su comportamiento está la posible cura de sus males físicos. La creencia de los aguacatecos no concibe un cielo o un infierno después de la muerte, si no que lo suponen como un lugar, o estado, donde los muertos están activos. Esta creencia entre los aguacatecos llegó a tener tanto arraigo a sus antepasados fallecidos que muchas vidas fueron consumidas por la adoración a estos familiares muertos.

Pero esta tradición a los antepasados fue suplantada por otras religiones en la década de los 50 del siglo pasado, cuando los misioneros católicos y protestantes llegaron a Aguacatán, y convencieron a los indígenas de las bondades de sus religiones, otras alternativas a sus creencias religiosas. Lo que destruyó la unidad en cada grupo etnico, unos fueron convertidos y otros continuaron conservando la práctica tradicional.








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