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Olmecas


"Gente del país del hule", ese es el significado en náhuatl del vocablo olmeca, utilizado por primera vez al final de la década de 1920 por Valliant y Saville, para referirse a los componentes de esta cultura que produjo las monumentales cabezas de piedra descubiertas en distintos yacimientos arqueológicos en la llamada área nuclear olmeca. Hay que destacar que el etnónimo utilizado es muy posterior a la propia época en que se desarrollaron como pueblo, su identidad étnica fue desconocida hasta para los mesoamericanos precolombinos y se desconoce cual fue el nombre con el que los olmecas se denominaban así mismos, aunque algunas fuentes mesoamericanas parecen referirse a los antiguos olmecas como los habitantes de Tamoanchan, "el país de la abundancia".

El arte olmeca, antes que por los primeros exploradores modernos que le llamaron de esta manera a sus ruinas, ya fue redescubierto en la época de los mexicas, pues tales ruinas fueron abandonadas por sus creadores más de mil años antes de que estos últimos llegaran a la región. El área nuclear olmeca está regada por caudalosos ríos que bajan de la Sierra Madre de Oaxaca y la Sierra Madre Oriental, como son Coatzacoalcos, San Juan y Tonalá, antiguamente recubierta por una espesa selva tropical y en la actualidad ampliamente modificada por la acción del hombre. Entonces era el hábitat de numerosas especies que hoy están a punto de extinguirse del territorio mexicano, como el jaguar, guacamayas, quetzales y otras aves de precioso plumaje, reptiles y mamíferos como el jabalí y el tapir.

La cultura olmeca se desarrolló en Mesoamérica durante el Preclásico Medio y su zona metropolitana o área nuclear abarca la parte suroeste del estado de Veracruz y el oeste de Tabasco. Sin embargo, aunque se desconoce a ciencia cierta su afiliación étnica, existen numerosas hipótesis que han intentado resolver la incógnita. Tampoco está nada claro el origen que dio paso a su cultura y estilo artístico, ni hasta qué punto sus rasgos culturales son propios de su área nuclear, porque, por ejemplo, se sabe que estos rasgos culturales olmecas pudieron haber aparecido primero en Chiapas o Valles Centrales de Oaxaca, o también en las incógnitas arqueológicas que quedan pendientes y por resolver en la Depresión del Balsas, centro del estado de Guerrero, asociadas a esta cultura. Así mismo se establecieron en Morelos, Puebla y el estado de México, y lejos de las fronteras mexicanas se encuentra su presencia en Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. De todas maneras, independientemente de dónde se situó el origen de la cultura olmeca, la red de intercambios comerciales en toda Mesoamérica contribuyó a la difusión de muchos elementos culturales, como el culto a las montañas o las cuevas, a la Serpiente Emplumada, Quezatcoatl, como deidad asociada a la agricultura, la simbología religiosa del jade o el propio estilo artístico.

Los indicios más antiguos que se recogen sobre la cultura olmeca datan de alrededor del año 1200 a. C. y los más recientes del año 500 a. C., aproximadamente. Los tres centros ceremoniales más importantes de esta civilización son San Lorenzo, La Venta y Tres Zapotes, y aunque su civilización se constituyó alrededor de ellos también se manifestaron en otros sitios como en Laguna de los Cerros. El primero de estos tres centros ceremoniales, San Lorenzo, es el más antiguo de ellos y data del 1150 a. C. aproximadamente, época del inicio del florecimiento de la cultura olmeca, situado en el estado de Veracruz y en la cuenca del río Coatzacoalcos. Este centro fue saqueado en el año 900 a. C. y sus esculturas sufrieron el intento de destrucción, incluso hubo algunas que fueron enterradas y otras trasladadas al centro ceremonial La Venta.

La ubicación de este segundo centro y el más grande de los tres, se encuentra en el actual municipio de Huimanguillo y está trazado sobre un eje Norte-Sur. En él se han hallado un importante número de tumbas con ricos ajuares, cerámicas y figurillas de piedra. Al igual que colosales cabezas y tronos en piedra. Se estima que pudo acoger hasta a 18.000 habitantes y que antes de ser destruido sufrió una gran decadencia, aunque se desconocen los motivos.
El tercero de ellos, Tres Zapotes, es el más conocido por sobrevivir hasta una época más cercana, también fue el último en desarrollarse, aunque por entonces su cultura estaba ya en decadencia y lejos del esplendor vivido por los dos anteriores.
Los centros ceremoniales olmecas funcionaban como ciudades y se construyeron de adobe y tierra, razón por la que sus restos son escasos. Así mismo, se les podría considerar como los percusores de las pirámides mesoamericanas, pues sus templos los construían en la parte superior de montículos de tierra; sus edificaciones eran construidas alrededor de patios centrales.

Corría el año 1862 cuando el viajero mexicano José María Melgar y Serrano descubrió fortuitamente el primer monumento olmeca, una cabeza colosal, en Hueyapan, Veracruz. Entrados ya en el siglo XX, en 1920, Frans Blom de la universidad de Tulane descubrió el primer sitio arqueológico olmeca, La Venta, en el estado de Tabasco, aunque en principio se lo asignara a los mayas. Pero fueron casi dos décadas más tarde, al final de los años 30, cuando se llevaron a cabo las primeras excavaciones de algunos sitios detallados en la costa del Golfo, La Venta, Tres Zapotes y San Lorenzo, por parte del arqueólogo norteamericano Matthew Stirling, del instituto Smithsoniano de Washington. En los años 40, Miguel Covarrubias y Alfonso Caso, afirmaron que la cultura olmeca era tan antigua como para constituir la cultura madre de Mesoamérica, y en los 50 se confirmó mediante la prueba del Carbono 14.

Culturalmente se le asignan a los olmecas, entre otras cosas, el juego de la pelota, el calendario, la escritura y la epigrafía. El descubrimiento de un caso de escritura olmeca en el 2002, que data de 650 a. C., y otro en el 2006, de 900 a. C., la convierte en la más antigua del hemisferio occidental, al superar en tiempo a la escritura zapoteca. Pero si por algo se caracteriza esta cultura es por sus colosales cabezas talladas o labradas en piedra, las que se creen que representan a guerreros o jefes. Son 17 los ejemplares que se conocen y la mayoría de ellos están repartidos entre el Museo de Antropología de Xalapa y el Parque Museo La Venta. Las primeras nueve cabezas que se encontraron estaban enterradas en La Venta, aunque no parece que fuera éste su primer enclave, si no San Lorenzo, que se trasladaron para ser enterradas allí y que podrían representar a enemigos o a jefes, por esa razón fueron enterradas. El material en el que fueron construidas es el basalto, y tuvieron que recurrir a las canteras de la Sierra de los Tuxtlas, situadas a más de 100 kilómetros de San Lorenzo y La Venta, lo que puede dar una idea del nivel de organización, sin animales de carga y sobre suelo cenagoso, con un peso de decenas de toneladas y hasta tres o cuatro metros de altura. También existen otro tipo de escultura, los altares, bloques trapezoidales con representaciones religiosas, que tienen un agujero en forma de boca de jaguar por donde sale un personaje y que probablemente represente el nacimiento de un dios desde el inframundo.

La alimentación de los olmecas era variada, era zona de muchos animales que les servían de alimento, como los tlacuaches, changos, guajolotes, venados, tapires, pavos silvestres, aves acuáticas, peces y mariscos. Aprendieron a cultivar el maíz, frijol y calabaza; numerosos árboles frutales como la guayaba y el zapote; es probable que también criaran abejas para obtener miel.

La religión olmeca era politeísta y su gran número de dioses se relacionaban con la agricultura y otros elementos naturales como el sol, el agua, los volcanes, etc. El culto al jaguar era el centro de culto de su religión, representado en su iconografía con la característica boca olmeca. Otros animales eran considerados dioses y entre ellos estaban los sapos o el caimán, mezclando los cuerpos de unos y las cabezas de otros, creando seres mitológicos. Sus dioses también podrían haber estado relacionados directamente con sus gobernantes y formar parte de una religión dinástica.

Mayas


Al contrario de lo que sucede con otras etnias o pueblos indígenas, que en la mayoría de los casos no se encuentra mucha información al respecto o simplemente no queda más que el nombre de referencia y poco más, sobre los mayas sí tenemos la suerte de disponer de un legado cultural inmenso y de gran importancia, aunque no con esto quiere decir que ya lo conocemos todo de su forma de vida y lo que significaron en el continente americano durante más de tres milenios, desde el 2.000 a.C. hasta la conquista española, aproximadamente. Aún queda mucho por descubrir, por estudiar, por disfrutar y aprender de su cultura. Los mayas no desaparecieron, como muchos pensaban hasta hace poco e incluso hoy día todavía existen muchas personas que creen que así fue, nada más lejos de la realidad, el pueblo maya sigue latente en nuestras fechas, y sus descendientes aún viven en la región y hablan algunas de esas lenguas mayenses. El imperio o civilización como tal sí se da por desaparecido a partir de la consumación de la conquista española sobre su territorio, en 1697, con la toma de Tayasal, capital de los mayas Itzá y Zacpetén, capital de los mayas Ko'woj en el Petén, la actual Guatemala. No obstante, el último estado maya desapareció cuando el gobierno mexicano de Porfirio Díaz ocupó en 1901 su capital, Chan Santa Cruz, con lo que se dio fin a la llamada "Guerra de Castas".

De toda la información que disponemos actualmente sobre esta civilización, que como digo no es poca, trataré de resumir a grandes rasgos parte de su cultura, con el riesgo de dejarme atrás muchísimos datos de interés, sería imposible intentar de agrupar todo este legado histórico en tan breve espacio, por lo que pasaré por encima a groso modo sobre sus costumbres y manera de vivir. Su desarrollo como pueblo se dio en territorio centroamericano y mexicano, denominado como Mesoamérica, entre los países de Belice, Guatemala, Honduras, el Salvador y en cinco estados de México, Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán. Los mayas no constituían un estado unificado, si no que se organizaban en ciudades-estado, todas independientes entre sí y extendidas sobre la vasta región anteriormente mencionada. Tampoco hablaban una sola lengua, durante ese largo tiempo se hablaron cientos de dialectos que generaron un número aproximado de 44 lenguas mayas diferentes.

Referente a su arte y arquitectura son conocidos los centros arqueológicos extendidos por toda la región, que son visitados por millones de turistas de todo el mundo, y que van desde Copán, Quiriguá, Piedras Negras, Palenque o Tikal, entre otros. Los materiales que utilizaron para sus construcciones fueron la madera y la piedra básicamente. Entre la madera fueron la caoba y el zapote, por ser más resistentes al ataque de las termitas, y entre las piedras fueron la caliza, arenisca y mármol, las escogidas para levantar sus edificaciones. Sus construcciones fueron de todo tipo, desde sus palacios rectangulares y alargados, templos, fortificaciones, baños de vapor (temazcal), calzadas que unían las ciudades principales (sacbeob), o espacios deportivos para llevar a cabo los juegos de pelota. Sus pirámides escalonadas son impresionantes, coronadas por templos y decoradas con una variada gama de colores y relieves. Muchos de estos decorados consisten en inscripciones de la escritura jeroglífica maya, aún no descifrada del todo.

Sobre su escritura, además de las inscripciones, se conservan algunos códices que cuentan sobre astronomía, matemáticas, medicina, historia, botánica... Desarrollaron un sistema de escritura como ningún otro pueblo del continente, el más completo de todos. Entre estos legados culturales y científicos están: El Códice de Dresde, escrito en el siglo XIII y que contiene un tratado de adivinación y astronomía; El Códice de París, que contiene profecías y adivinaciones y que se cree data también del siglo XIII; El Códice de Madrid, cuyo contenido son horóscopos y almanaques; El Códice Grolier, el que peor se conserva y que se trata de un calendario completo.

El calendario por el que se guiaban era tan preciso como el que nosotros utilizamos actualmente. El año solar (haab) también constaba con 365 días, pero distribuidos en 18 meses de 20 días cada uno y otro más de sólo cinco días. Los nombres de estos meses eran Pop, Uo, Zip, Zotz, Tzec, Xul, Yxkin, Mol, Chen, Yax, Zac, Ceh, Mac, Kankin, Moan, Pax, Kayab, Cumbu y Uayeb.
Su sistema matemático era de numeración vigesimal posicional, y también tenían un signo que representaba al cero para de esta manera realizar operaciones matemáticas más complejas. El punto tiene un valor numérico de 1 y la raya de 5. Así podían contar hasta 19. Para realizar números mayores tenían que colocar estos signos en distintas posiciones, al igual que nosotros para hacer números mayores al 9.

El maíz fue la base de la alimentación maya. Lo utilizaban para hacer bebidas como el atole, o alimentos como los tamales y tortillas. Referente a los tamales se conoce que los hacían con una pasta de maíz y una mezcla de carne , vegetales, o de ambos componentes. Todo se envolvía en hojas de maíz y se cocinaban con la técnica predominada pibil, que consiste en el horneado bajo tierra. También la yuca formó parte importante en la alimentación maya. Otros aportes caloríficos fueron el cacao y sus derivados, elaboraban el chocolate, o xocolatl en náhuatl, con agua, pues no tenían ganado que les proporcionaran leche; entre otras costumbres curiosas era la de no beber agua sola, casi siempre lo hacían mezclada con derivados del maíz, frutas y otros ingredientes. De igual modo la chaya era consumida por su aporte en vitaminas, planta muy parecida a la ortiga, el chicle, que lo extraían del chicozapote, la sal, de la calabaza también consumían sus pepitas y sus flores, el chile habanero, el frijol, la miel de abeja melipona y una extensa lista de frutas. Entre sus carnes preferidas estaban las del venado, el pecarí o puerco salvaje, el tepezcuintle, el armadillo, el manatí, el conejo, el malixpec, el tapir, el jabalí, el mono, la tuza, el cereque, el faisán, las palomas, el pavo de monte, el guajolote o pavo doméstico, perdiz, codorníz, chachalaca, gallinola, iguana...

Sus aldeas estaban compuestas tanto de casas unifamiliares, donde vivían padres e hijos y otros miembros adoptados de la familia, como por edificios multifamiliares, donde habitaban personas unidas por lazos sanguíneos comunes de elevada posición social. Los materiales que usaban para sus construcciones eran diversos, desde muros y techos de madera y palma a otros materiales más resistentes, como la piedra y el estuco. La vivienda maya podía estar formada por tres estructuras principales separadas, dormitorios, cocina y bodega, a la que se podían añadir otras estructuras separadas para talleres, baños saunas, etc. Dormían en el suelo, sobre plataformas adosadas a los muros, donde colocaban colchones rellenos de algodón, o simplemente sobre tapetes en el suelo. Sus habitaciones carecían de ventanas y las usaban para dormir y guardar sus pertenencias, también poseían huertos para el consumo familiar. Los habitantes comunes vivían en las afueras de las ciudades, en el centro de éstas lo hacían los sacerdotes y la nobleza, en castillos, pirámides y templos ceremoniales.

La religión siempre estaba presente en todos los aspectos de la vida de los mayas, en sus ritos agrícolas y ceremonias públicas, en el arte y la cultura. De importancia vital, la religión siempre estuvo ligada al control político, a la ideología que sustentó a esta la civilización y en manos de los sacerdotes. La religión maya tenía tres características fundamentales: Religión politeísta, se adoraba varios dioses a la vez; Religión de Aspectos Naturalistas, los dioses eran los elementos naturales, los fenómenos atmosféricos y los cuerpos celestes; Religión Dualista, el bien y el mal eran igual de divinos, siempre en lucha pero inseparables, como la noche y el día.

Chontales de Tabasco


El vocablo chontal proviene del náhuatl, chontalli, y significa extranjero; puede referirse tanto a los chontales de Tabasco, a los oaxaqueños o al departamento nicaragüense llamado Chontales. Sin embargo, la relación entre ellos es nula, no existe procedencia que los relacione a pesar de esta denominación bajo la misma palabra. Los chontales tabasqueños, o mayas-chontales, son un grupo mayense que se consideran descendientes de los olmecas históricos, que se autodenominan yokot'anob o yokot'an, y que quiere decir: "el pueblo que habla yoko ochoco". La localización de esta etnia mexicana se halla en el estado de Tabasco, en cinco municipios, que son: Centla, El Centro, Jonuta, Macuspana y Nacajuca, en donde se concentra el número más elevado de indígenas pertenecientes a la etnia, en los otros cuatro primeros municipios sólo se encuentran en determinadas áreas del municipio. En Centla se ubican en la parte norte del municipio, en los pantanos, lagunas y manglares; en Macuspana también al norte; en Jonuta era en los sitios más apartados hasta hace poco tiempo; en cambio, en El Centro, se sitúan a orillas del río Grijalva y en los límites con el municipio de Centla.

La historia sitúa a los yokot'anob como descendientes de los olmecas porque es allí, en el mismo territorio que hoy ocupan, donde el pueblo olmeca lo hizo entre los años 2000 y 100 a.C. Los estudios arqueológicos realizados al respecto revelan que los mayas tuvieron su apogeo alrededor del siglo III y es en esa época cuando la cultura chontal de Tabasco vivío su máximo esplendor, en un territorio donde también los toltecas estuvieron presentes, según estudios arqueológicos. Y nada es de extrañar que los yokot'an hablaran la lengua náhuatl, pues ya sabemos de su influencia en la zona, hasta la llegada de los conquistadores españoles. También sabemos por los restos arqueológicos encontrados que los maya-chontales siempre prefirieron para vivir las zonas costeras, las orillas fluviales y las zonas pantanosas o húmedas, al menos es en esos sitios donde se encuentran los complejos más importantes referentes a la arqueología chontal. No obstante, era y es una etnia que también vivía de la agricultura, no sólo de la pesca, utilizaba el sistema de raza en "los altos" mientras que cultivaba los terrenos de humedad cuando se retiraban las aguas después de las inundaciones anuales, y así, de esta manera, siempre disponían de maíz nuevo para consumir. También eran grandes y prestigiosos comerciantes, y aunque se conoce que la pesca era otra alternativa para subsistir, no se conoce con exactitud si se realizaba en alta mar o en la zona acuática de los llanos.

El río Grijalva le debe su nombre a Juan de Grijalva, quien en 1518 realizó una incursión por el territorio, un año antes de que llegara Hernán Cortés y se entrevistara con Tabscoob, el señor de la región. Quienes a pesar de los tratados diplomáticos que llevaron a cabo terminaron enfrentándose el mismo año, 1519, y tras una batalla en Centla los españoles dirigidos por Cortés sometieron a los indígenas chontales. Aún así, acabaron por aliarse en medio de un ambiente epidémico propiciado por las nuevas enfermedades, llevadas consigo por los conquistadores desde el viejo continente. Para el siglo XVII la población indígena había desaparecido en un 95% y la selva recuperaba el territorio que siglos atrás les fueron arrebatados por los nativos, que sobrevivieron al periodo colonial en un punto importante, también hoy considerado el centro del mundo yokot'an, Nacajuca, donde en 1614 se fundó la primera iglesia. Un tiempo duro, el de la colonia, donde los españoles desarrollaron la ganadería para obtener sebo y pieles, y los cultivos de cacao y palo de tinte, los indígenas que formaron parte de estas empresas siempre lo hicieron en calidad de servidores.

En el siglo XX los chontales tabasqueños llegaban a los embarcaderos en cayucos, a vender su mercancía, cal de ostión, vigas y puntales de mangle, carbón y pescado, materias primas de las que eran abastecedores para los mestizos y blancos, aunque siempre trataban de evitarlos y negociar directamente con ellos. Los indígenas veían cómo eran despojados de sus tierras por los españoles por la ampliación de la ganadería y eran arrinconados a las zonas pantanosas e inundables. Con el siglo XX llegó lo mejor y lo peor para el pueblo chontal, lo mejor se podría decir que fue la aparición de petróleo en su territorio y las primeras instalaciones en Comalcao y Macuspana, y eso era sinónimo de riqueza, de progreso y trabajo, y así fue, los nativos comenzaron a trabajar como peones sin cualificar contratados al servicio de Pemex. Lo peor fue precisamente la manera de gastar la riqueza que generaba, los sueldos se gastaban en alcohol y prostitución, dos tipos de negocio que proliferaron en la región y esto acabó atrayendo a las religiones evangélicas y protestantes y con ellos se fueron eliminando las costumbres y creencias ancestrales de los yokot'an, como la estructura familiar tradicional basada en familias extensas.

La lengua de los chontales o yokot'an pertenece a la familia maya, junto con el ch'ol y el chortí, entre otros; dentro del mismo idioma existen tres importantes dialectos, el de Macuspana, El Centro y el de Necajuca, pero la mayoría de la población chontal es bilingüe. Fueron malos tiempos lo dos primeros tercios del siglo pasado para esta lengua maya, pero a partir de los primeros años ochenta recibió un gran impulso oficial para recuperar su uso. Sus viviendas tradicionales rurales eran de jahuacte y palma, soportados sobre pilares de madera dura que aguantara la humedad del entorno, no tenían ventanas pero en cambio eran frescas. Disponían de un refugio previsto para las inundaciones y un tapanco que servía de almacén; se construían varias en el mismo solar que se interrelacionaban por lo extensas que eran las familias; cuando las inundaciones lo exigían se desarmaba la casa, lo indispensable se metía en cayucos, y la familia buscaba un nuevo lugar donde residir. Su artesanía es variada, dos tipos de artesanía, la utilitaria y la que se hace para el turismo. La artesanía artesanal se basaba principalmente en la construcción de cayucos, en caoba o cedro, pero la desaparición de los bosques, y la selva en sí, ha obligado a ir dejando a un lado la costumbre. Aún así se continúan elaborando tambores, tunkules y "pitos", con los que se toca la música en las danzas y ceremonias. Para el turismo prevalecen las jícaras, figuras y cucharas de madera, y una minúscula cerámica que se usa para las ofrendas a los sobrenaturales selváticos y que se toma como juguete.

Los chontales piensan que las enfermedades surgen por una ruptura con el orden cósmico, y para su remedio tienen dos opciones tradicionales compatibles, el herbolario es lo principal pero se suele combinar con ceremonias a lo sobrenatural. Su concepción del mundo sobrenatural los sitúa en la creencia de una serie de divinidades relacionadas con su entorno, los dioses de la tierra, los dueños de las lagunas y el manglar, y tienen una misión inmediata que cumplir, la sobreexplotación y destrucción del entorno natural y que actúan castigando al infractor, enfermándolo, haciéndole perder la razón o matándolo.
























http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

Choles


A los antepasados de los choles se les atribuye las construcciones arqueológicas de la zona donde habitan, que actualmente son los municipios de Palenque, Tila, Sabanilla, Tumbalá, Salto de Agua, Ocosingo, Yajalón, Catazajá, Huitiupán y Chilón, ubicados en el norte del estado de Chiapas, y en los municipios de Amatlán, La Libertad y Macuspana, en el sur del estado de Tabasco. Son una etnia de México que pertenecen a la gran cultura maya, se llaman así mismo "Winik", un vocablo maya y que significa "hombre o varón". En la sociedad mexicana se les conoce a los winik como choles pero ellos consideran y matizan que winik significa hombre y xixik mujer, aunque también es utilizado para referirse a sus congéneres y a ellos mismos, por lo que utilizan el término winikon bãlojon para referirse en forma más exclusiva. En su región, a los habitantes de Tumbalá los llaman xk'ukwits, que quiere decir "los del cerro del quetzal"; así como a los de Tila ajlumob, que significa "señores de la tierra"; y otulob a los habitantes de El Limar.

Para referirse a los extranjeros utilizan el vocablo Kaxlan, no importa que sean finqueros, iglesia, gobierno, ladinos... Para ellos son los que "no trabajan" o "no producen alimento", "los que viven del trabajo de los winik". La zona en la que viven los choles es montañosa, con clima cálido húmedo, y cercano a su territorio pasan los caudalosos ríos Tulijá y Amarillo, y afluentes del Usumacinta, donde se encuentran la cascada de Misol-Ha y las de Agua Azul. Su lengua es el ch'ol, que pertenece a las lenguas mayenses, a la rama occidental "cholano" o "chontalano". De todas las lenguas habladas en el estado de Chiapas, el ch'ol representa el 12´5%. A los choles se les conoce también como "milperos", la palabra chol significa "milpa" en su idioma. En el siglo XVI los conquistadores comenzaron a llamar chol tanto al idioma como a la etnia, pero en la lengua de los winik idioma quiere decir "t'an", por lo que su lengua sería "ch'ol t'an"; para ellos existe una clara diferencia entre el vocablo chol y ch'ol. Su economía se basa en la ganadería, porcicultura y agricultura, cultivan el maíz, frijol, café, caña de azúcar, ajonjolí y algunas especies de árboles frutales.

En el siglo XVI, en 1530, los conquistadores españoles invadieron el territorio de los choles y estos huyeron al interior de la selva lacandona, y dos décadas después, el fraile dominico Pedro Lorenzo llevó a cabo la tarea de convencimiento para que se trasladaran a las lindes de la selva, para que salieran de su interior y formara allí sus poblados, sin otra finalidad que la de allanar el camino para la evangelización de los indígenas. Así fue cómo los tzeltales se trasladaron a Bachajón y Ocosingo; los pochutlas a Ocosingo y los choles a Palenque, Tila, Tumbalá, Yuyuxlumil, Octiopá y San Pedro Sabana. Después vendrían malos tiempos para la etnia de los choles, que cayeron en las garras de los religiosos y terminaron esclavizados en las encomiendas por los españoles en Chilón, San Pedro Sabana y Yuyuxlumil o río Amarillo. Pero si ya fueron "carne de cañón" en esa época, en la de la Revolución Mexicana, en la independencia de Chiapas y su anexión a México y en la Guerra de Reforma, fue tres cuartas de lo mismo, aquí, en este contexto, los españoles no pintaban nada pero de igual manera sirvieron para alimentar las revueltas intestinas y como fuerza bruta para realizar cualquier tipo de trabajo y la población quedó diezmada.

Más tarde fueron llegando las grandes compañías alemanas e inglesas y los choles también fueron utilizados por los extranjeros, en este caso fue su territorio, el que vio cómo saqueaban sus bosques de maderas preciosas y con ello, ante la dificultad de transportar las maderas a los centros comerciales, tomaron la opción de nuevos cultivos en la zona. Los finqueros introdujeron el café en 1874, cultivo de moda por aquellos tiempos, y consiguieron que se convirtiera en una importante zona productora. No obstante, los choles continuaban de la misma manera, viendo cómo sus tierras producían generosamente y ellos seguían de la misma forma que en las antiguas haciendas, de peones de finca o mosojantel. Hacia 1936 las grandes fincas cafetaleras quedaron divididas por la Reforma Agraria y, aunque algunas fincas ya cultivaban el café, dejaron el cultivo en las otras que producían la milpa y maíz, para sumarse a las anteriores y monopolizar los cultivos, debido al precio que adquirió el café y la demanda del producto; esto hizo que la artesanía decayera por el abandono de las milpas.

El chol tradicional vive en una choza rectangular que se sostiene por seis horcones enterrados en el suelo, de ch'ute o de cintok, a los que amarran barras horizontales y recubren su estructura con bejareque y una mezcla hecha de barro, estiércol y paja. El techo de palma y zacate y el suelo apisonado. Por lo general la casa, de un solo cuarto, tiene dos puertas, una al exterior o de entrada y la otra al patio; algunas disponen de una sola ventana y otras de dos, y aunque no todas disponen de ello, sí las hay con un anexo para cocina, bodega o gallinero. La situación preferida de los choles para construir sus viviendas es en las zonas escondidas de vegetación y cercanas a los ríos. En los centros urbanos las tradicionales chozas van dando paso a las casas de concreto y techos de láminas; sus puertas y ventanas son de hierro.

Una de las instituciones más importantes para los choles es el matrimonio, para ellos la familia es muy importante, y aunque por naturaleza son endógamos, en ocasiones contraen matrimonio con miembros de otros pueblos o aldeas. Antiguamente los matrimonios se arreglaban entre las familias cuando los novios aún eran niños, y cuando se casan, el novio, contribuye a la economía de su suegro durante un periodo de tiempo que va desde los seis meses a tres años. El compadrazgo es un vínculo muy apreciado que une a las familias. En la actualidad los choles practican el rito católico y evangélico, en sincronización con sus antiguas creencias mayas. Consideran que la tierra es la madre que da la vida, por lo tanto piensan que no se puede comercializar con ella, que no puede convertirse en propiedad privada. Una madre que ofrece pero que también exige, un ser vivo de donde los humanos nos proveemos y que pasa a ser usufructo solamente si es trabajada. Sus ritos ceremoniales son para rendir culto a la tierra, en cuevas y manantiales, donde piden por las lluvias y buenas cosechas, mediante rezos, aguardiente y velas; para ello también se sacrifican animales.
























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