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Corea del Norte: testimonios


Niños encarcelados en los campos de trabajos forzados desde el mismo día que nacieron, madres alimentando a sus desnutridos hijos con serpientes y ratas o familias enteras encarceladas porque uno de sus parientes había desertado son algunos de los testimonios más dolorosos e inhumanos que se desprende del último informe de la ONU sobre los crímenes contra la humanidad en Corea del Norte.
Atrocidades indescriptibles que relatan 80 testimonios donde se habla de ejecuciones, desapariciones y torturas.
 
Uno de los problemas que azota el régimen de Kim Jong-un es el del control de información. Las noticias están capadas y es el gobierno quien da el visto bueno a la publicación de las informaciones. 

“Te lavan el cerebro... nadie sabe la vida que hay en el exterior. Desde que naces, solo existe Corea del Norte. Desde los 4 años lo único que hacen en la escuela es lavarte el cerebro hasta en tu propia casa. No se pueden escuchar algunos canales de radio. Quieren que la gente se ciegue y no vea más allá de las fronteras.”
Jang Hae-sung escribió mal el nombre de Kim Il-sung y fue internado en un campo de concentración por seis meses como causa de su error.
Otro testigo admitió que veía películas piratas pero tenía miedo por si le encontraban. Muchos de los 'piratas' que encontraron fueron asesinados. Las autoridades norcoreanas le advirtieron que solo podía ver películas de origen norcoreano. En muchas ocasiones las autoridades iban casa por casa verificando los ordenadores de las personas y cortaban la luz para que los datos quedaran bloqueados y así requisarlos. En una ocasión, dice este testigo, un amigo tuvo que tirar el cd por la ventana para no ser detenido.

En 2006, una pareja de 31 años fue detenida y torturada por que estaban viendo películas surcoreanas. Testigos pudieron certificar que la pareja estuvo cercad e la muerte debido a las palizas brutales que les daban en la cárcel.
En 2009, un testigo, que planeaba volar desde Corea del Norte, fue detenido por hablar con una compañía de de teléfono surcoreana. Los agentes dijeron que se trataba de un caso de espionaje y lo asesinaron. 
Jang Hae-sung afirma que “mis amigos, gente que escribe habitualmente, no puede escribir lo que quiere.” Uno de sus amigos escribió en un post que sólo podía escribir lo que ellos querían y fue mandado a un campo de concentración.
Jeong Jin-hwa deja claro que la censura en los medios es muy fuerte.“Hay mucha gente que ha sido detenida por escribir sus opiniones.”
Kim Song-ju cree que la religión en este países como la droga y debe ser eliminada.
 Kim Soo-am del Instituto Coreano Unificado habla sobre el sistema de castas, conocido como songbun:
“Los niveles de clases perjudican a la hora de obtener más o menos comida. La gente que vive en la capital tiene más accesos a la sanidad o a servicios sociales pero aqullos que vivan en los pueblos están perdidos.”
 Kwon Young-hee describe la discriminación que pasó su familia por ser de origen surcoreano.
“No podíamos vovler a nuestra ciudad de origen. No nos dejaron. Cuando nos quisimos dar cuenta, ya eramos mayores. Mi hermana fue vejada en la Universidad por ser de Corea del Sur”
Otro testigo afirmó:
“Las mujeres en Corea del Norte no pueden llevar vaqueros. Prefieren que lleven faldas y zapaton negros de acuedo con el estilo socialista. Las mujeres casadas si pueden llevar vaqueros. En verano no pueden llevar sandalias con joyas. Si las mujeres no lo aceptan serán enviadas a campo s de concentración.”
Ji Seong-ho, que perdió un hígado en un accidente de tren, afirmó:
“La discriminación a las personas con discapacidad en Corea del Norte es abusiva. Si a una persona le falta una mano, le llaman el manco y así pasa con la familia de este. Personas ciegas, sordas o mudas son discriminadas de forma brutal.” 
Kim Hyuk, que se busca la vida desde los siete años al perder a su madre, nos acerca su vivencia a los largo de los años.
 “Dormíamos en la estación del tren. Cogíamos comida de los alrededores de la estación y vivíamos como podíamos. Pedíamos limosna pero nadie nos ayudaba.”
 El hermano de Kwon Young-hee fue detenido en China en 1994 por intentar huir de Corea del Norte. Se fue a China para encontrar comida pero su ilusión se fue al traste. Le ataron a un camión con destino China y estuvo a punto de morir.
“Desde que le ataron al camión su cara estaba ensangrentada, su ropa destrozada y para colmo, cuando se cayó al suelo en algunas ocasiones, le obligaron a levantarse y seguir caminando. Querían que los vecinos vieran a mi hermano sacrificado y que todos se mofaran de él.”
Otro de los testigos que ha hablado para la ONU recredece la situación que vivió en uno de los campos de concentración.
“Los prisioneros eran vejados hasta tal punto que tenían que hacer trabajos forzosos desnudos. Nos metían la mano por nuestras partes íntimas para encontrar aparatos móviles o dinero, después nos encerraban en celdas atados de pies y manos.”

Jee Heon A fue detenido junto a una mujer embaraza en un acto de repatriación. Durante el traslado, la mujer embarazada salió de cuentas y su hijo murió. Una de las mujeres que intentó ayuda a la mujer embarazada aseguró que los agentes abusaron de ellas como querían.”
Otro de los testigos dice ver como abusaron de una mujer embarazada hasta que consiguieron que abortara. Los agentes reclamaban que llevaba un niño chino en su vientre.
Kim Young-hwan fue uno de los testigos al ver como muchas madres lloraban desesperadamente al ver a sus hijos asesinados:
“… si un niño nace, rapidamente se le asesina. Muchas de las veces los ahogan. Los testigos aseguran que ponían al bebe boca abajo para que dejara de respirar y eso lo hacen con la madre al lado de su hijo.
 Kim Young-hwan trabajó muchos años codo con codo con personas que habían sido víctimas de tráfico de niños:
“… estas niñas eran vendidas a personas que vivían en pueblos rurales de China y reciben un trato inhumano. Muchas de ellas son explotadas como esclavas.”
 Jin-hye describe la situación de malnutrición que pasó junto a su familia en la década de los noventa. Sus dos hermanos y su abuela murieron por desnutrición.
"Cuando nació mi hermano pequeño, mi abuela quiso matarlo por que su madre no podía amamantarlo. Mi madre tuvo que suplicarle a mi abuela que no le matara. Había una falta muy grande de comida y eso generaba que los mayores intentaran matar a los más pequeños. Al final mi hermano pequeño murió en mis brazos por que no tenía nada que llevarse a la boca.”
El acceso a la comida era muy limitado en la zona en los años ochenta. Un testigo alega que las fuerzas militares se encargaban de suministrar la poca comida que les llegaba:
“Daba igual que trabajaras todo el año en las granjas que no recibirías ninguna recompensa por parte de las autoridades, es más, todo lo que ganabas se lo quedaban ellos en las redadas que hacían en las granjas.”

Un ex oficial norcoreano que trabajó en la investigación sobre la agricultura describe el sistema de producción de comida en el país:
“La compensación era más personal que social. Si tienes una cantidad limitada de comida, debías dársela las personas más importantes del país.”
El padre de Jo fue torturado en una de sus detenciones. Murió durante el traslado de un centro a otro.
“En el proceso del traslado no pudo ni comer ni beber. Fue torturado en varias ocasiones con varias heridas de gravedad en las piernas, asi que realmente no es que muriera, sino más bien lo mataron.”
Otro testigo asegura haber sido vejado por varios agentes por intentar viajar a China. Le golpearon en los riñoes hasta llegar a ser hospitalizado.
“Me dieron golpes en la espalda y riñones hasta que dejara de gritar. Intentaron matarme pero no lo consiguieron.”
 Jeong Jin-hwa describe cómo eran los campos de concentración norcoreanos.
“Todos los norcoreanos saben de la existencia de estos campos. Tenemos la percepción de que cuando entras no sales. Es un lugar muy cruel.”
Shin Dong-hyuk nació en un campo de concentración y no sabía lo que era la vida fuera de las rejas. Sus padres fueron encerrados en este centro por culpa de un familiar.
“Nací criminal y moriré siendo un criminal. Solo hay dos tipos de personas en esos campos, los hombres armados y los prisioneros. Éramos víctimas de violaciones que siempre quedaran en nuestra memoria.” Fuente: La Información


Gobiernos dictatoriales en el mundo actual

Muchas veces se elaboran rankings con las peores dictaduras, pero aquello parece ser algo difícil de realizar. La gran pregunta es cómo establecer si un dictador es peor que otro y, en ese sentido, lo esencial es comprender que toda dictadura es negativa. No existen dictadores de menor o mayor dureza, pues todos apuestan a lo mismo, es decir, la supresión de los derechos más esenciales de todo ser humano.
A continuación, una lista, dividida por continentes, para saber cuáles son los estados dominados (y no gobernados) por una figura omnipresente. Cabe consignar que en algunos casos se trata del clásico prototipo del dictador, mientras que en otros puede ser una persona con un cargo o denominación especial como emperador, rey, etc.
América (1)
Dictaduras mundiales
Foto: AP
Raúl Castro tomó el control de Cuba por la enfermedad de su hermano Fidel.
La única dictadura que aún persiste en toda América es la de Cuba. Dominada por Fidel Castro desde 1959, actualmente está bajo la tutela de su hermano Raúl, quien ha sucedido a Fidel ante los problemas de salud que éste ha tenido en los últimos años. Nunca se han llevado a cabo elecciones de peso y libres de toda influencia del clan Castro.
Europa (1)
Bielorrusia es lamentable lastre del Viejo Continente. En teoría, gobernado por el presidente Alyaksandr Lukashenka, pero aquello no es más que un engaño, pues el mandatario lleva cuatro períodos y en los últimos comicios (2010) nuevamente ganó en base a manipulación y falta de transparencia.  Arresto de candidatos opositores, censura en Internet y acoso a la prensa se cuentan entre las múltiples acusaciones en su contra.
Asia (19)
Quizás las dictaduras más conocidas sean las de China, Myanmar, Corea del Norte, Siria y Yemen. Sin embargo, otros países han caído bajo el poder dictatorial. Se trata de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Laos, Vietnam, Nepal, Paquistán, Omán, Tailandia, Azerbaiyán, Kazajstán, Uzbekistán, Kirguistán y Turmkenistán.
Como se puede ver, cada uno de estos regímenes cuenta con un instrumento diferente (monarquía, califato, golpe de estado, gobierno de partido único, etc.), lo cual hace muy diverso el mapa dictatorial asiático.
Lo que sí puede establecerse es que hay tres zonas con fuerte presencia de dictadores. La Península Arábiga (cuatro países), Asia Central (cinco) y Sudeste Asiático (cuatro) aportan, en total, con 13 de las 19 dictaduras asiáticas.
Los regímenes dictatoriales más emblemáticos son los de China, Corea del Norte y Vietnam (herencia de la Guerra Fría), pero también los de Yemen y Myanmar (por su duración).
África (16)
Dictaduras mundiales
Foto: Reuters
Robert Mugabe lleva cerca de 30 años dirigiendo el destino de Zimbabwe.
Todavía bajo la era postcolonial, diversos estados africanos no han logrado sobrepasar la etapa del partido y/o gobierno único, proceso muy común en el África independiente.
A eso se suman aquellos países que pudieron avanzar en su democratización, pero que, en medio de eso, sufrieron sendos golpes de estado.
Por último, no sebe olvidar el caso de la monarquía en Swazilandia –una de las pocas en África- y la caótica situación que se vive en Somalía, lo cual hace imposible siquiera intentar clasificar a dicha nación dentro de algún parámetro.
Los países africanos que actualmente viven bajo dictaduras son 16 y se trata de Egipto, Mauritania, Sudán, Eritrea, Etiopía, Djibouti, Chad, Guinea Ecuatorial, Angola, Swazilandia, Camerún, Zimbabwe, República Democrática del Congo, República del Congo y Gabón.
Las dictaduras más conocidas son las de Zimbabwe (Robert Mugabe lleva cerca de 30 años en el poder), Guinea Ecuatorial, Sudán y Egipto, pero quizás una de las más relevantes, por lo que significó en el proceso de democratización, es la de Mauritania.

Exportaciones, paraísos fiscales y conflictos por las desiguladades en China


El mes pasado se anunció que Chi­na se había convertido en 2013 en la primera potencia comercial del mundo, algo que ha vuelto a extender las especulaciones sobre cuándo se convertirá en la primera economía mundial. Por otro lado, hace apenas dos semanas varios periódicos internacionales revelaban una intensa actividad de parientes de dirigentes del Partido Comunista Chino (PCCh) en paraísos fiscales. No obstante, aunque relevantes, estas noticias no son sino el aspecto más mediático de las contradicciones del proceso chino de transformación.
China ha construido su éxito económico sobre la expansión de las desigualdades. La limitación del incremento de los precios agrícolas ha provocado uncontinuo proceso de migración campo-ciudad. Esta migración ha nutrido de fuerza de trabajo a las fábricas de la industria exportadora. Sin embargo, al no poder acceder a un permiso de residencia urbano, los migrantes rurales se han encontrado sin derechos dentro de su propio país. La presión que esto ha generado sobre los salarios ha permitido inundar el mercado mundial de productos made in China. 

A pesar del discurso de conflicto con Estados Unidos, este modelo de crecimiento se ha estructurado en simbiosis con la economía norteamericana: mientras ésta se convertía en el principal mercado de las exportaciones chinas (sólo superado por la UE, tomada en su conjunto), el Ban­co Central de China ha ayudado a financiar los “déficit gemelos” (fiscal y externo) de EE UU mediante continuas compras de bonos del Tesoro. 

Aunque esto ha permitido a la economía china crecer como lo ha hecho, también ha generado un profundo incremento de las desigualdades sociales. El 10% de las familias urbanas más ricas ha pasado a acaparar más de un cuarto de la renta disponible generada. La corrupción es un fenómeno generalizado. No obstante, un enriquecimiento como ése no puede explicarse sólo por ella. Por el contrario, la fuente principal de la que ha bebido es la extracción de beneficios por parte de las empresas chinas.  La élite política que pone la riqueza familiar a salvo en paraísos fiscales es únicamente la cara visible de una burguesía de la que ha pasado a formar parte, pero de la que en absoluto es su miembro principal. No en vano, es probable que la publicación de los denominados “China­leaks” vaya a tener más impacto externo que interno. No sólo debido a la censura informativa que reina en China, sino también a que la corrupción que percibe la población es la más cercana; entre otra, la de los dirigentes locales que expropian, en beneficio de alguna compañía local, tierras públicas explotadas en usufructo por familias campesinas. 

Protestas populares

Frente a estas prácticas se han producido importantes protestas populares, como las que se desarrollaron en Wukan, en la provincia de Guang­dong, a finales de 2011. No obstante, la gestión de las protestas llevada a cabo por el PCCh, basada en el consentimiento de las que surgen espontáneamente, la represión de cualquier atisbo de organización política que pretenda ir más allá de ellas y la destitución de algunos de esos dirigentes corruptos, se ha demostrado hasta ahora capaz de evitar un cuestionamiento generalizado de la legitimidad del poder del Partido.
Los cambios en su cúpula que se han producido en los dos últimos años parecen señalar hacia una continuidad con esas políticas. Xi Jin­ping impulsó nada más acceder al cargo de secretario general una campaña de lucha contra la corrupción dentro del PCCh. Al mismo tiempo, el Comité Central del Par­tido autorizó en su III Sesión Ple­naria la creación de un Comité de Seguridad Estatal a través del cual se quieren coordinar las medidas de represión y control social. En esa misma sesión, también se aprobó conferir un rol “decisivo” al mercado dentro de la economía china, que aún se encuentra parcialmente controlada por el Es­tado. Esta medida, cuyo principal objetivo va a ser la puesta en marcha de una liberalización financiera, amenaza con volver a incrementar la desigualdad interna. Abrir nuevos ámbitos de negocio para el capital parece la única vía que tiene China para sortear la crisis. No obstante, si quiere evitar un incremento de la inestabilidad social, el Gobierno del PCCh deberá retomar las medidas redistributivas que durante los últimos meses parece haber dejado de lado.

En ese caso, la única manera de que esas medidas no cuestionen los intereses de la burguesía china será tratar de “externalizar” el conflicto distributivo interno tratando de acaparar los mercados de materias primas, deslocalizar fábricas y empezar a competir en sectores de alta tecnología. Si esto acaba siendo así, la batalla contable sobre cuál es la primera economía del mundo podría llegar a convertirse en un conflicto real entre China y EE UU. Por el momento, la relación entre ellos sigue estable a pesar de las filtraciones de los medios internacionales.

Represión del Gobierno chino contra los uigures

La mano dura de Pekín contra los separatistas uigures cobra fuerza. El 14 de enero fue detenido en su domicilio el intelectual Ilham Tohti. En noviembre, el intelectual denunció un ataque en Pekín de un grupo de policías en represalia por sus declaraciones a medios de comunicación internacionales sobre el atentado ocurrido en octubre en Tiananmen, en el que murieron cinco personas. Según líderes de la comunidad uigur en el exilio, en una de las protestas de jóvenes de la etnia musulmana uigur en 2009, más de 10.000 uigures desaparecieron, aunque el Gobierno sólo reconoce 200 desaparecidos. Fuente: Diagonal

Crímenes de lesa humanidad en Corea del Norte


En una decisión que no tiene precedentes, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDH) ha aprobado una resolución histórica que establece una Comisión de Investigación que examinará “las violaciones sistemáticas, generalizadas y graves de los derechos humanos” en Corea del Norte.
Varias agencias de Derechos Humanos y organizaciones cristianas, entre ellas la Christian Solidarity Worldwide, han llevado adelante una campaña durante dos años para convencer a la ONU de la necesidad de centrar la atención internacional en los crímenes perpetrados contra el pueblo de Corea del Norte por uno de los regímenes más brutales del mundo.
CSW recomendó por primera vez una investigación internacional en 2007 en su informe Corea del Norte: un caso para responder, Un Llamado a la Ley. En 2011 ayudó a establecer la Coalición Internacional para acabar con los crímenes contra la humanidad en Corea del Norte (ICNK), que reúne a más de 40 organizaciones de derechos humanos en todo el mundo en la petición de investigar la violación de derechos en Corea del Norte.
A principios de este año el Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Navanethem Pillay, se hizo eco de estas campañas mientras que el Relator Especial sobre la situación de los derechos humanos en Corea del Norte, Marzuki Darusman, describió los abusos del gobierno de Corea del Norte en materia de derechos como “atroces” y recomendó el establecimiento de “un mecanismo más detallado para la investigación” en su informe más reciente.
La Comisión de Investigación indagará la violación de derechos humanos como “el derecho a la alimentación, los campos de prisioneros, la tortura y los tratos inhumanos, las detenciones arbitrarias, la discriminación, las violaciones de la libertad de expresión, violaciones del derecho a la vida, violaciones de la libertad de movimiento, y las desapariciones forzadas, en particular en forma de secuestros”, con el fin de garantizar la plena responsabilidad, en particular cuando estas violaciones pueden constituir crímenes contra la humanidad.
El director de CSW, Andrew Johnston acogió “con satisfacción esta resolución, que es el resultado de años de abogacía y campañas”. “Esperamos que la Comisión de Investigación exponga el alcance de violaciones del gobierno de Corea del Norte en materia de derechos y suponga los primeros pasos hacia la justicia para el pueblo de Corea del Norte, que han sufrido terriblemente bajo uno de los regímenes más brutales y opacos del mundo”, concluyó.
En los últimos días ha aumentado la tensión entre Corea del Norte y los países a los que considera enemigos, en especial Estados Unidos, Japón y Corea del Sur.
“EEUU no debe que olvidar que la Base de la Fuerza Aérea de Anderson en Guam, donde despegan los B-52, y las bases navales en Okinawa y el resto de Japón, donde hay submarinos nucleares, se encuentran dentro del alcance de tiro”, ha asegurado el portavoz del Comando Supremo del Ejército Popular.
En el comunicado divulgado por la agencia estatal KCNA, el portavoz militar advirtió a EEUU de que “reaccionará a las bombas del enemigo con un ataque nuclear más poderoso”, una amenaza que, aseguró, “no es para nada un discurso vacío”.
La agresiva campaña de amenazas verbales que Corea del Norte inició hace dos semanas en respuesta tanto a los ejercicios militares de Seúl y Washington como a las nuevas sanciones impuestas sobre el país por la ONU tras su última prueba nuclear de febrero. Fuente:www.cbn.com

Golpes de Estado den América Latina


F. VICTORIANO ESTADO. GOLPES DE ESTADO Y MILITARIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA INTRODUCCIÓN 

Durante las décadas de 1960 y 1970 del siglo xx, América Latina vivió, de manera sis- temática y estratégica, un proceso de militarización, el cual utilizó como acto político de expresión, como puesta en escena, la forma del golpe de Estado. Si bien la literatura política acuñó este término para describir la irrupción de gobiernos de facto asociados a un tipo específico de autoritarismo, en el curso de este proceso el término golpe de Estado adquirió la particularidad de expresar la captura del Estado por instituciones militares a partir de un acto material y simbólico. Material, en la medida en que fueron golpes que utilizaron infraestructura propia de una situación de guerra, movilizando sofisticados recursos para la conquista efectiva de instituciones organizadas exclusivamente desde el poder civil. Simbó- lico, debido a que dichas instituciones no sólo representaban los puntos más significativos del campo político (llámese casa de gobierno, ministerios, medios de comunicación, uni- versidades), sino que, además, sobre ellas se desplegó un conjunto de códigos altamente jerarquizados destinados a inundar el ámbito público de un principio de excepcionalidad, hasta entonces, propio de situaciones catastróficas o de agresión externa. Contunar leyendo en http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=59518491008.

Golpes de Estado en Argentina


En Argentina se realizaron seis golpes de Estado durante el siglo XX, en 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976. Los cuatro primeros establecieron dictaduras provisionales en tanto que los dos últimos establecieron dictaduras de tipo permanente según el modelo de Estado burocrático-autoritario (EBA). El último impuso un Terrorismo de Estado, en el que se violaron masivamente los derechos humanos y se produjeron decenas de miles de desaparecidos. En los 53 años que transcurrieron desde el primer golpe de Estado en 1930, hasta que cayó la última dictadura cívico-militar en 1983, los militares gobernaron 25 años, imponiendo 14 dictadores con el título de «presidente», uno cada 1,7 años en promedio. En ese período todas las experiencias de gobierno elegidas democráticamente (radicales, peronistas y radical-desarrollistas) fueron interrumpidas mediante golpes de Estado. 

Golpe del 6 de septiembre de 1930

El golpe militar del 6 de septiembre de 1930 fue liderado por el General José Félix Uriburu y derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen de la Unión Cívica Radical, quien había sido elegido democráticamente para ejercer su segundo mandato en 1928. Paradójicamente el general Uriburu había sido uno de los organizadores de la Revolución de 1890, un levantamiento cívico-militar que dio origen a la Unión Cívica Radical. El 10 de septiembre, Uriburu fue reconocido como presidente Provisional de la Nación por la Corte Suprema mediante la acordada que dio origen a la doctrina de los gobiernos de facto y que sería utilizada para legitimar a todos los demás golpes militares. Uriburu designó a un civil en el cargo de Ministro de Economía, José S. Pérez, vinculado a los grandes terratenientes y a los sectores más conservadores. El gobierno militar se proponía establecer un gobierno de inspiración fascista y le encargó la redacción de su proclama inicial al escritor Leopoldo Lugones, quién había adherido a las ideas fascistas en 1924, al pronunciar ante los jefes militares un difundido discurso «La hora de la espada», donde el escritor anunciaba el deterioro de la democracia, su inestabilidad y su devenir hacia la demagogia. Una de las primeras medidas de Uriburu fue establecer una estructura estatal represiva ilegal, creando una "sección especial" de la policía para utilizar sistemáticamente la tortura contra los opositores, siendo la primera en utilizar la electricidad con tal fin, mediante las picanas diseñadas para el ganado. Al no poder instaurar el régimen político que se proponía ante la falta de apoyo político, Uriburu llamó a elecciones pero dispuso proscribir la participación en ellas del radicalismo. La reinstauración democrática fue falaz, restringida y controlada por las Fuerzas Armadas que dio origen a una serie de gobiernos conservadores fraudulentos y corruptos que fueron conocidos como la Década Infame.4 5 El 20 de febrero de 1932, el general José Félix Uriburu le entregó el poder al general Agustín P. Justo, verdadera fuerza material del golpe de Estado; que si bien proponía este, pretendía un gobierno democrático conservador y restringido. Golpe del 4 de junio de 1943[editar · editar código] Artículo principal: Revolución del 43 Generales Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell, los tres dictadores sucesivos de la Revolución del 43. La Revolución del 43 originada en el golpe militar del 4 de junio de 1943 tuvo características distintivas a todos los demás: Ramón Castillo, el presidente derrocado, era parte del régimen conservador conocido como década infame, originado en el golpe militar de 1930 y apoyado en el fraude electoral generalizado, la represión y la corrupción. Único golpe militar que se desenvolvió en medio de una guerra mundial. No mantuvo relaciones de alianza con los grandes terratenientes y empresarios. Su desencadenamiento estuvo vinculado a las presiones de Estados Unidos para que la Argentina abandonara su tradicional neutralismo frente a la Segunda Guerra Mundial, con el fin de afectar los intereses británicos en el país y reemplazar a Gran Bretaña como poder económico dominante en la Argentina. Fue el único golpe de Estado en Argentina que fue pura y exclusivamente militar, sin apoyo civil6 Acabó con todo un sistema de gobierno conservador y fraudulento instaurado en 1930 y que tenía intenciones de permanencia. Al igual que todo quiebre institucional de la República Argentina, fue muy nocivo en términos de calidad democrática, ya que aún eliminando el «fraude patriótico» de la década anterior, continuó a futuro la nefasta línea de sucesiones de facto al frente del Gobierno. La Revolución del 43 fue un confuso proceso político durante el cual diversos grupos, muchos de ellos sin protagonismo anterior en la historia argentina, se disputaron el poder. El golpe no tenía pretensiones de permanencia en el poder, por lo que fue una dictadura de tipo transitoria. Todos los grupos militares que lucharon por el poder durante la Revolución del 43 eran marcadamente anticomunistas y mantenían estrechas relaciones con la Iglesia Católica que recuperó una sólida presencia (perdida desde el siglo XIX), sobre todo en el ámbito de la educación. Las luchas internas desencadenaron dos golpes de palacio, sucediéndose en el poder tres dictadores que llevaron el título de «presidente»: Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell. Durante este período los sindicatos argentinos, principalmente los socialistas y los sindicalistas revolucionarios (pero también algunos pocos comunistas), realizaron una alianza con un sector de oficiales jóvenes del ejército liderado por el coronel Juan Perón, constituyendo una exitosa corriente laborista-nacionalista, que finalmente terminó predominando y ganando el apoyo de la clase obrera en ese momento en plena expansión y adquiriendo el nombre de peronismo. El período se caracterizó por una extrema polarización de las clases sociales, y llevó también a la conformación de un gran bloque social fuertemente antiperonista, mayoritariamente integrado por los sectores medios y altos.8 Económicamente la Revolución del 43 se caracterizó por continuar la política de industrialización por sustitución de importaciones que venía de años anteriores. La dictadura finalizó con un llamado a elecciones democráticas realizadas el 24 de febrero de 1946, que todos los sectores aceptaron como impecables, en las que triunfó Juan Domingo Perón, quien asumió el 4 de junio de 1946. Perón sería derrocado por un golpe militar en 1955 antes de finalizar su segundo mandato. 

Golpe del 16 de septiembre de 1955

Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, los dos dictadores sucesivos de la «Revolución Libertadora». La llamada «Revolución Libertadora» fue una dictadura militar de tipo transitoria, originada en el golpe de Estado que derrocó al presidente Juan Domingo Perón entre el 16 y el 23 de septiembre de 1955, día éste último en que el jefe de la insurrección juró con el título de «presidente», a la vez que disolvió el Congreso. Al día siguiente designó como «vicepresidente» al almirante Isaac Rojas. La Revolución Libertadora contó con la Junta Consultiva Nacional integrada por la mayor parte de los partidos políticos: Unión Cívica Radical, Partido Socialista, Partido Demócrata Nacional, Partido Demócrata Cristiano y Partido Demócrata Progresista. El grupo golpista se dividió en dos sectores: un sector nacionalista-católico liderado por el general Eduardo Lonardi, que tomó el gobierno al comienzo, y un grupo liberal-conservador liderado por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas. Este último sector terminó predominando y dando un golpe palaciego, por el cual Lonardi fue reemplazado por Aramburu como «presidente». La dictadura impuso la proscripción del Partido Peronista y persecución de sus simpatizantes, que se mantendría por 18 años, y la intervención de los sindicatos. También, en un caso sin precedentes en la historia argentina moderna, fusiló a opositores, en algunos casos en forma pública y en otros clandestinamente. El gobierno militar asignó el Ministerio de Economía sucesivamente a Eugenio Folcini, Eugenio A. Blanco, Roberto Verrier y Adalberto Krieger Vasena, que llevaron adelante una política inspirada en los criterios de los sectores socialmente más acomodados y poderosos económicamente. Una de las medidas institucionales más importantes de la dictadura militar fue emitir una proclama derogando inmediatamente la Constitución Nacional vigente, conocida como Constitución de 1949, para reemplazarla por el texto de la Constitución de 1853. Esta medida sería luego avalada por una Convención Constituyente elegida con proscripciones, que sesionó bajo el régimen militar y le agregó el artículo 14 bis. En 1958 la Revolución Libertadora convocó a elecciones limitadas y controladas por las Fuerzas Armadas, con proscripción del peronismo que fueron ganadas por la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), un sector de la fracturada Unión Cívica Radical, liderado por Arturo Frondizi, quien había realizado un pacto electoral y político con Perón con el fin obtener el apoyo del decisivo voto peronista a su candidatura. El presidente Frondizi sería a su vez derrocado por los militares cuatro años después. 

Golpe del 29 de marzo de 1962

José María Guido, único presidente civil que tomó posesión de la presidencia tras un golpe de Estado en Argentina. El golpe militar del 29 de marzo de 1962 tuvo elementos tragicómicos que determinaron que no fuera un militar, sino un civil, quien accediera al gobierno luego de derrocar al presidente Arturo Frondizi (radical intransigente). Frondizi soportó durante su gobierno reiterados planteos e insurrecciones militares, mediante los cuales llegaron a imponerle incluso al ministro de Economía (Álvaro Alsogaray) y terminaron en el golpe del 29 de marzo de 1962, liderado por el Teniente General Raúl Alejandro Poggi, el Almirante Agustín Ricardo Penas y el Brigadier General Cayo Antonio Alsina, los comandantes en Jefe del Ejército Argentino, la Armada Argentina y la Fuerza Aérea Argentina respectivamente. El hecho que precipitó el golpe fue la amplia victoria del peronismo en las elecciones realizadas once días antes, en diez de las catorce provincias existentes en aquel momento, incluyendo la estratégica Provincia de Buenos Aires, donde triunfó el dirigente sindical textil Andrés Framini. El peronismo había sido proscrito por la dictadura militar de 1955, pero Frondizi volvió a habilitarlo electoralmente, aunque manteniendo la prohibición a Juan Perón de presentarse como candidato y volver al país. Frondizi inmediatamente intervino las provincias en las que había ganado el peronismo, pero el golpe era imparable. Producido el levantamiento militar el 29 de marzo de 1962, el presidente Frondizi, detenido por los militares en la Isla Martín García, se negó a renunciar («no me suicidaré, no renunciaré y no me iré del país»). Eso llevó a interminables movimientos, amenazas y gestiones que agotaron a los líderes de la insurrección, quienes se fueron a dormir antes de asumir formalmente el poder. En la mañana del 30 de marzo, el general Raúl Poggi, líder de la insurrección victoriosa, se dirigió a la Casa Rosada para hacerse cargo del gobierno, y se sorprendió con el hecho de que los periodistas le comentaban que un civil, José María Guido, había jurado esa mañana como presidente en el palacio de la Corte Suprema de Justicia.14 Guido era un senador radical intransigente que presidía provisionalmente la Cámara de Senadores, debido a la renuncia del Vicepresidente Alejandro Gómez. Teniendo en cuenta esto, la noche del golpe, algunos abogados relacionados con la Corte Suprema de Justicia de la Nación, entre ellos Julio Oyhanarte, resolvieron que el derrocamiento de Frondizi era un caso de acefalía y le propusieron a Guido asumir la presidencia por encontrarse en la línea sucesoria, algo que éste hizo jurando ante la Corte Suprema la mañana del 30 de marzo. Entre incrédulos, sorprendidos e indignados, los militares golpistas terminaron aceptando a regañadientes la situación y convocaron a Guido a la Casa Rosada para comunicarle que sería reconocido como presidente, en tanto y en cuanto se comprometiera por escrito a ejecutar las medidas políticas indicadas por las Fuerzas Armadas, siendo la primera de ellas anular las elecciones ganadas por el peronismo. Guido aceptó las imposiciones militares, firmó un acta dejando constancia de ello y recién entonces fue habilitado por estos para instalarse con el título de «presidente», pero con la obligación de clausurar el Congreso Nacional e intervenir las provincias. Efectivamente Guido cumplió las órdenes militares, anuló las elecciones, clausuró el Congreso, volvió a proscribir al peronismo, intervino todas las provincias y designó un equipo económico de derecha que incluía a figuras como Federico Pinedo y José Alfredo Martínez de Hoz. Finalmente en 1963 volvió a convocar a elecciones limitadas, con proscripción del peronismo, en las que resultó elegido presidente Arturo Illia (radical del pueblo), saliendo segundo el voto en blanco que muchos peronistas utilizaron como forma de protesta. El Presidente Illia asumió el 12 de octubre de 1963 y también sería derrocado por un golpe militar el 28 de junio de 1966. Golpe del 28 de junio de 1966[editar · editar código] Artículos principales: Revolución Argentina y Juan Carlos Onganía. Generales Juan Carlos Onganía, Marcelo Levingston y Alejandro Lanusse, los tres dictadores sucesivos de la autodenominada «Revolución Argentina». El 28 de junio de 1966 un levantamiento militar liderado por el general Juan Carlos Onganía derrocó al presidente Arturo Illia perteneciente a la Unión Cívica Radical del Pueblo. El golpe dio origen a una dictadura autodenominada «Revolución Argentina», que ya no se presentó a sí misma como «gobierno provisional», como en todos los golpes anteriores, sino que se estableció como un sistema de tipo permanente. Este tipo de dictaduras militares permanentes, se instalaron por entonces en varios países latinoamericanos en esos años (Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay, etc.) y fue analizado detalladamente por el destacado politólogo Guillermo O'Donnell quien lo denominó con la expresión de Estado burocrático autoritario (EBA).15 La Revolución Argentina dictó en 1966 un Estatuto que tenía nivel jurídico superior a la Constitución y en 1972 introdujo reformas constitucionales, algo que también la distinguió de las dictaduras anteriores. En general la dictadura adoptó una ideología fascista-católica-anticomunista, apoyada abiertamente tanto por Estados Unidos como por los países europeos.16 La alta conflictividad política y social generada durante la Revolución Argentina y las luchas entre los diversos sectores militares produjeron dos golpes internos, sucediéndose en el poder tres dictadores militares: Juan Carlos Onganía (1966-1970), Marcelo Levingston (1970-1971) y Alejandro Agustín Lanusse (1971-1973). Onganía entregó el Ministerio de Economía a los sectores civiles más conservadores-liberales, cuyo máximo exponente fue Adalberto Krieger Vasena, quien ya había sido ministro de la Revolución Libertadora. Sin embargo durante la dictadura de Levingston, predominó un sector nacionalista-desarrollista de las Fuerzas Armadas, que nombró Ministro de Economía al radical Aldo Ferrer. Acosada por una insurrección popular creciente y generalizada, la dictadura organizó una salida electoral con participación del peronismo (aunque impidiendo la candidatura de Perón), en 1973, en la que triunfó precisamente el candidato peronista Héctor J. Cámpora, con el 49,53% de los votos, asumiendo el 25 de mayo de 1973. Cámpora renunció para permitir elecciones libres, en las que ganó Juan Perón con el 62% de los votos, quien moriría menos de un año después de haber sido electo, y el gobierno peronista, en manos ahora de la Vicepresidente María Estela Martínez de Perón, sería también derrocada por un golpe militar en 1976. 

Golpe del 24 de marzo de 1976

El 24 de marzo de 1976 una nueva sublevación militar derrocó a la Presidenta María Estela Martínez de Perón instalando una dictadura de tipo permanente (Estado burocrático autoritario) autodenominada «Proceso de Reorganización Nacional», gobernada por una Junta Militar integrada por tres militares, uno por cada fuerza. A su vez la Junta Militar elegía a un funcionario con el título de «presidente», con funciones ejecutivas y legislativas. Al igual que la dictadura anterior, la Junta Militar sancionó en 1976 un Estatuto y dos Actas de carácter complementario con jerarquía jurídica superior a la Constitución. El Proceso fue gobernado por cuatro juntas militares sucesivas: 1976-1980: Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti 1980-1981: Roberto Eduardo Viola, Armando Lambruschini y Omar Domingo Rubens Graffigna 1981-1982: Leopoldo Fortunato Galtieri, Jorge Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo 1982-1983: Cristino Nicolaides, Rubén Franco y Augusto Jorge Hughes En cada una de estas etapas, las juntas designaron como «presidentes» de facto a Jorge Rafael Videla, Roberto Eduardo Viola, Leopoldo Fortunato Galtieri y Reynaldo Benito Bignone respectivamente, todos ellos integrantes del Ejército. Bignone, fue el único "presidente" que no perteneció a la junta. El «Proceso de Reorganización Nacional» llevó adelante una guerra sucia en la línea del terrorismo de Estado que violó masivamente los derechos humanos y causó la desaparición de decenas de miles de personas. Internacionalmente, la dictadura argentina y la violación de derechos humanos contó con el apoyo activo del gobierno de Estados Unidos (salvo durante la administración de James Carter) y la tolerancia de los países europeos, la Unión Soviética y la Iglesia Católica. Asimismo, en ese momento se instalaron con apoyo estadounidense dictaduras militares en todos los países del Cono Sur de Sudamérica (Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay) que coordinaron entre sí y con Estados Unidos la represión, por medio de una organización terrorista internacional denominada Plan Cóndor. En materia económica, la dictadura entregó formalmente los ministerios económicos a las asociaciones empresarias más conservadoras que impulsaron una política económica abiertamente desindustrializadora y neoliberal, con máxima expansión de una deuda externa Tras algunos años de política conservadora que no rendía frutos reales, y uso de procedimientos represivos del estado contra civiles que incluyeron todo tipo de violaciones a los derechos humanos, hicieron que hacia fines de la década del 70 el descontento de la población y la falta de apoyo fueran en aumento. El triunfo del equipo argentino como anfitriones del evento en el mundial de fútbol de 1978 calmó el descontento, pero solo temporalmente. Percibiendo un rápido ingreso en una crisis de poder el gobierno militar decide retomar una disputa de larga data sobre la soberanía de las Islas Malvinas, ocupadas por una población inglesa implantada 1833. En este marco el gobierno militar argentino decide retomar las islas, acción que ejecuta exitosamente dejando así declarada la Guerra de las Malvinas contra el Reino Unido. El hecho causó un fuerte eco en el país europeo ya que, justamente en el mismo momento el gobierno de la Primer Ministro [Margaret Thatcher] también se encontraba en una fuerte crisis política. Entablar y ganar una guerra era, justamente, lo que Tatcher necesitaba y dispondría de toda la fuerza bélica que sea necesaria para volver a invadir las islas, incluso solicitando el apoyo de [Estados Unidos]. Tal vez haya sido afortunado que la Junta Militar no haya sopesado este aspecto y que se hayan cometido otros desaciertos que hicieron perder las islas en ataque por medios convencionales, ya que el [Reino Unido] no descartaba el uso de armas nucleares para concretar sus fines. La derrota infligida terminó de zanjar la crisis del gobierno militar, lo cual condujo a la caída de la tercera junta militar y meses más tarde la cuarta junta llamó a elecciones para el 30 de octubre de 1983, en las que triunfó el candidato de la Unión Cívica Radical, Raúl Alfonsín, quien asumió el 10 de diciembre de 1983. Los jefes militares fueron enjuiciados y condenados, y muchos de ellos llevados a prisión, en complejos procesos que se extendieron en el tiempo. La dictadura militar llamada «Proceso de Reorganización Nacional» fue la última. Si bien entre 1987 y 1990 se produjeron varias insurrecciones militares, denominadas carapintadas, ninguna de ellas logró derrocar a los gobiernos democráticos. 

Cuestiones generales

Los golpes de Estado en Argentina generaron una serie de problemas jurídico-políticos específicos: La doctrina de los gobiernos de facto de la Corte Suprema de Justicia de la Nación;  La validez y suerte de los llamados "decretos-leyes" y demás normas sancionadas por los gobiernos militares, una vez finalizada la dictadura;20 La sanción de los golpistas. También es posible observar una escalada en la violencia represiva y una paralela reducción del respeto por las formas legales en cada uno de los golpes. En particular, mientras que los cuatro primeros golpes de Estado (1930, 1943, 1955 y 1962) se definieron como "gobiernos provisionales" y manifestaron desde un inicio su intención de llamar a elecciones democráticas en un breve lapso, los dos últimos golpes (1966 y 1976), establecieron dictaduras militares de tipo permanente, de acuerdo al modelo de Estado burocrático autoritario (EBA) descrito por Guillermo O'Donnell. Un elemento importante de los golpes de Estado en Argentina está relacionado también con los planes económicos y la actitud ante los mismos de las grandes potencias mundiales. En el primer caso, los equipos económicos de los gobiernos militares tendieron a recurrir a las mismas figuras, mayoritariamente provenientes del sectores conservador-liberal, llegándose a decir que las Fuerzas Armadas se comportaron como partido político de la clase alta. En el segundo caso en casi todos los golpes de Estado la o las potencias mundiales hegemónicas en el país, tuvieron participación directa, ya sea en su realización o posterior protección de los golpistas. A partir de la década del 60 los golpes de Estado en Argentina formaron parte de un cuadro subregional y regional más amplio, de golpes militares generalizados en Sudamérica y América Latina, en la mayoría de los casos apoyados o promovidos por Estados Unidos, a partir de las operaciones de la Escuela de las Américas con base en Panamá y la Doctrina de la Seguridad Nacional. Durante la Convención Constituyente que en 1994 reformó el texto de la Constitución Argentina se discutió largamente la doctrina de los gobiernos de facto y la forma de evitar que la misma pudiera volver a invocarse en un eventual golpe de Estado futuro. El resultado fue la aprobación del primer párrafo del artículo 36 de la Constitución Nacional, conocido también como de "defensa de la democracia o defensa del orden constitucional": «Esta Constitución mantendrá su imperio, aún cuando se interrumpiere su observancia por actos de fuerza contra el orden institucional y el sistema democrático. Estos actos serán insanablemente nulos».