Mostrando entradas con la etiqueta Televisión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Televisión. Mostrar todas las entradas

Pasa a la pantalla chica la exitosa serie de libros infantiles “Angelina Ballerina”

MUSICA Y BAILE. El descubrimiento de la danza y diversos géneros musicales es clave en la serie.

La versión animada de la obra de la escritora estadounidense Katherine Holabird, con cerca de 20 libros desde comienzos de los 80, se estrenará este lunes en la Argentina.

Angelina Ballerina, la exitosa colección de libros infantiles de la escritora estadounidense Katherine Holabird dará el paso a la pantalla chica en la Argentina desde este lunes.

Se trata de una de las series de libros para chicos más antiguas y premiadas (Holabird editó el primer volumen en 1984 y hasta 2005 escribió 19 obras).

La versión animada por computadora, (llamada Angelina Ballerina: los siguientes pasos) irá a partir de mañana, de lunes a viernes a las 11 (con repeticiones a las 17.30), por Discovery Kids.

La música juega un papel fundamental en la seriie, a medida que el personaje de la ratoncita Angelina conoce distintas formas de baile como la danza moderna, el ballet clásico, el tap, el jazz y las danzas folklóricas.

Fuente: Clarín

El último secreto de sus ojos

TELEVISION › LO QUE QUEDO DEL CAPITULO FINAL DE LOST

Tras una maratónica velada que arrancó el martes a las 20 por AXN, con un repaso de la vida de los protagonistas y los misterios del programa, los fans argentinos se enfrentaron al final de la criatura de J. J. Abrams. Hubo emoción, pero quedaron enigmas sin resolver.

Por Facundo Gari

El dramatismo de los violines hace de un vertiginoso tobogán de emociones. Allí va Jack, ese héroe inquebrantable, que no es más que un tipo ordinario empecinado en arreglarlo todo, ese que hace seis años corrió entre fuselajes destrozados para ayudar a los 48 sobrevivientes del accidente del vuelo 815 de Oceanic Airlines en una isla del Pacífico sur; va a reposar en el mismo sitio en el que Lost comenzó, el del primerísimo plano de su ojo derecho. Pero esta vez no son otros los que están rotos, sino él. Acaso para que aprenda que no era cierta su prédica, “live togheter, die alone”, Vincent, el perro de Walt, vuelve a descubrirlo, como en el primer episodio, entre bambúes. Y Jack sonríe, parece recuperado. Porque los ve, porque las puntas se unen y ahí están Hurley, Locke, Sayid, Claire, Charlie, Kate, Sawyer, Rose y Cía., en otro lugar sin lugar y tiempo sin tiempo. Ese Jack, sentado en un banco de iglesia, también sonríe. De la misma forma que, minutos antes, lo hace Juliet cuando descubre a James en el hospital y, finalmente, se comprende el balbuceo de ella en el primer capítulo de la sexta temporada. Es que Lost es (fue y será) binario y cíclico: el bien y el mal, la verdad y la mentira, la vida y la muerte, el pasado y el futuro, una procesión de un lado a otro de estos presuntos opuestos. Y también lo es (fue y será) hacia afuera, como lo evidencian Fringe (también producida por el gurú J.J. Abrams) y Flashforward: por estatuto y fundamento, hay (hubo y habrá) un Antes y un Después. Francis Fukuyama no tiene razón.

Es un cuchillazo en las tripas propinado por el Falso Locke o Flo- cke (curiosamente, Flocke es el nombre de una ¡osa polar! nacida en cautiverio en el Zoológico de Nuremberg, Alemania, con perdón por la apofenia) el que termina con la vida del cirujano, previa muerte del hermano de Jacob por un escopetazo de Kate. Y habrá sido la sensación que atravesó al séquito de peregrinos frente a la pantalla (sólo en Estados Unidos, fueron más de 13 millones): “The end” es el nombre del último episodio de la serie más controversial de los últimos tiempos, 104 minutos orgásmicos que en el Norte se estrenaron el domingo pasado, por la cadena ABC, y en Argentina el martes por la noche en una maratónica velada que arrancó a las 20 por AXN, con un repaso de la vida de los protagonistas y los misterios del programa. Habrá que incluir, en las cifras de rating nacional e internacional, a los miles de fanáticos que descargaron el capítulo desde Internet, tal vez la misma noche del estreno, para ver entre lágrimas –pero sin sollozos que despertaran al concubino desafectado por la pandemia– las imágenes amarillentas que recuperaban lo perdido en el no-lugar/no-tiempo (entre tantas, la de Terry O’Quinn con una naranja cual protector bucal se lleva los laureles en el emotivómetro).

Y sí, finalmente estaban muertos, como había deslizado Richard Alpert en “Ab Aeterno”. Pero lo estaban sólo en ese preludio al ¿Paraíso?, primereado como “realidad alternativa” (por el recurso denominado flashesideway). Ni consecuencia del accidente inicial ni del estallido de la bomba de hidrógeno en “The incident”, donde sólo muere Juliet. Los decesos de los demás “losties” no están necesariamente vinculados con sus destinos en la isla: de entre los “candidatos”, Hurley ocupa el lugar de Jacob, que fue de Jack por menos de un día; Claire, Miles, Kate, Lapidus, Sawyer y Alpert escapan en el avión de Ajira Airways; y váyase a saber lo que le ocurre a Desmond, responsable de vulnerizar a Flocke, volverlo mortal y evitar así la transformación de éste en el temido Humo Negro.

Muchos enigmas quedan sin resolver, pues los productores y guionista Damon Lindelof y Carlton Cuse pusieron el eje en los personajes, en el camino de redención de los “losties”, antes que en resolver la incidencia del efecto Casimir y los conejos numerados, la estatua con cuatro dedos, los viajes en el tiempo o la secuencia numérica 4, 8, 15, 16, 23, 42 (que sin embargo fue explicada en “The Lost Experience” como una “fórmula matemática diseñada para predecir el fin de la humanidad”, según Lostpedia). “Hay algunas preguntas que son muy agradables e interesantes de hacer, y hay otras que no tenemos interés en responder. Lo llamamos el ‘debate midicloriano’, porque en cierto sentido, explicar algo místico lo desmitifica”, había alegado Lindelof. Y da en el clavo: en buena parte, el éxito del programa estuvo en su fuerza mítica, intra y extra diegética.

Lost se acabó. Y es inacabable e inabarcable. Porque además de una nueva forma de consumo y de marketing viral, una estructura narrativa envidiable, un puñado de personajes entrañables y 121 episodios coleccionables, la criatura de Abrams es una síntesis perfecta entre realidad y ficción. Con tanta historia, ley, profecía, lírica y sabiduría encima, ¿cómo no pasar cuadro a cuadro Cloverfield o esperar con ansias el estreno de Super 8, dirigida por Abrams y producida por Steven Spielberg, o ver con detenimiento los Misterios del Universo? ¿Cómo evitar creer en la existencia de un Jacob elector, mientras Fito Páez entonaba ese enorme Himno Nacional, entre los miles de asistentes a la 9 de Julio? ¿Cómo no revisar los números del boleto del colectivo o el código de barras de cada producto en casa? ¿Cómo no buscar conspiraciones y organizaciones secretas en las páginas de los diarios sensacionalistas en busca del logo de Dharma? ¿Cómo no pensar que en algún lugar del mundo está Desmond apretando, una y otra vez, un botón para salvar el mundo?

Ya el “pastor cristiano” abre las puertas de la iglesia y la luz entra y lo inunda todo. Ya el ojo derecho de Jack relampaguea y se cierra. Será cuestión de recordar. Y dejar ir.

Fuente: Página 12

Otra manera de ver el mundo

TELEVISION › CLASE TURISTA, UN HALLAZGO ENTRE LOS PROGRAMAS DE VIAJES

Otra manera de ver el mundo

Lejos del formato de un famoso haciendo payasadas o el relato estándar del canal de cable, el programa que emite Telefe los miércoles ahonda en la visión de una ciudad determinada a través de la mirada de argentinos que llevan años en el lugar.

Por Emanuel Respighi

Programas turísticos hay muchos y variados. Incluso, hay canales que se encargan las 24 horas de “hacer turismo televisivo” con propuestas de todo tipo, mostrando lugares a partir de su historia, su gastronomía o su movida nocturna, entre otras muchas y obvias temáticas. Sin embargo, hay sólo un programa que es capaz de “trasladar” el pulso y la cultura de las diferentes ciudades del mundo a los hogares de cada televidente. Esa es la (no tan) pequeña característica que diferencia a Clase turista (miércoles al término de Botineras, por Telefe) del resto de los ciclos del género. El docu-reality producido por Eyeworks-Cuatro Cabezas es mucho más que un programa turístico: es un espacio en el que se entremezclan las historias de vida de los argentinos que viven en el exterior y sirven de guías circunstanciales en cada envío, y el deseo por conocer ciudades y culturas lejanas de los televidentes. Clase turista de por medio, nunca Argentina estuvo tan abierta al mundo.

Suerte de síntesis de los españoles Callejeros viajeros (Cadena Cuatro) y Españoles en el mundo (TVE), dos programas que se pueden leer como sus antecedentes más concretos, Clase turista renovó la lógica de uno de esos géneros televisivos que, si bien no congrega fanáticos, siempre es bienvenido a la hora del zapping pasatiempista. Aquí no hay famosos recorriendo el mundo haciendo payasadas por el solo hecho de viajar gratis, ni la mirada de la cámara se limita a mostrar aquellos restaurantes, bares u hoteles con los que la producción acordó previamente un canjecito. Pero lo más distintivo es que pese a su nombre, Clase turista no se propone mostrar los lugares más conocidos de cada destino, sino que lleva a los ojos de los televidentes aquellos espacios urbanos que no forman parte del circuito turístico tradicional. Y la idea no es desacertada: para filmar los típicos lugares turísticos de cada ciudad están cualquiera de los demás programas del género que se pueden sintonizar a cualquier hora en el cable.

El hallazgo del programa es que, para mostrar los aspectos menos conocidos de las ciudades a retratar, Cuatro Cabezas le cedió la cámara y la narración a argentinos que por diferentes razones viven en cada una de las ciudades del mundo en las que Clase turista hace foco. En una estructura por episodio en la que cuatro o cinco compatriotas muestran su cotidianidad y a través de ella las costumbres y hábitos de cada lugar, la propuesta gana en intimidad, en una suerte de “video hogareño” en alta calidad que conquista al espectador por la familiaridad del lenguaje. Incluso, cada capítulo se enriquece con la mirada que cada “cronista” transitorio aporta, cargada de la historia personal, la formación cultural y las preferencias de cada guía anónimo. Es en ese multifacético mix en el que la suma de las partes forma una cosmovisión integral sobre el destino a reflejar. Un programa que le debe mucho al casting internacional que la producción realizó a través de redes sociales, embajadas y consulados de Argentina en el exterior.

Si el formato de Clase turista trasciende la visión turística para transmitir de manera entrelazada las sensaciones que tienen los argentinos que viven a miles de kilómetros de su tierra natal, eso se debe a que en este caso Cuatro Cabezas abandonó con acierto la edición vertiginosa y las intervenciones en pantalla que son marca registrada de su factoría en todo el mundo. Con una imagen más limpia que la que acostumbra, la productora apenas aporta en pantalla los datos básicos del cronista anónimo (nombre, edad y profesión) encargado de cada segmento, como para que el espectador tenga una pequeña referencia de quién guía el recorrido y, en todo caso, por qué elige mostrar determinado lugar y no otro. Porque para conocer realmente una ciudad no hace falta ir “al” lugar turístico, sino adentrarse en lo más arraigado de su cotidianidad.

En esta suerte de “cosmovisión del mundo según los argentinos que no residen en su suelo natal” que, en definitiva, es Clase turista, ya pasaron ciudades tan heterogéneas culturalmente como distantes geográficamente, como Tokio, Río de Janeiro, Roma, Jerusalén, Londres, Beijing, Barcelona, Atenas y Las Vegas, entre otras. Mañana, el episodio hará foco en Singapur, quedando por delante las ciudades de Amsterdam y Berlín, hasta ahora los únicos destinos confirmados de un ciclo que sabe mostrar la cultura en las ciudades del mundo y la vida de cientos de argentinos en esas urbes, sin caer en la obviedad turística ni en la melancolía propia de estas pampas.

Fuente: Página 12