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Cuentos de hadas y el nazismo


La Ruta de las Hadas en Alemania —el castillo de la Bella Durmiente, la ciudad natal de los Grimm...— atrae a miles de turistas, pero no alemanes.
El año pasado se cumplieron 200 años desde la primera publicación de los hermanos Grimm, Die Kinder und Hausmärchen, una colección de 86 historias que acabaron convirtiéndose en clásicos mundiales. En la ciudad alemana de Kassel, se reunieron cientos de académicos de todo el mundo —lexicógrafos, psicoanalistas, lingüistas...— para discutir sobre cómo los Grimm alimentaron la imaginación erótica de una nación. En la época de los Grimm, Alemania no existía como tal. Era un conglomerado de territorios con un idioma común, el alemán. Y los Grimm eran dos filólogos que recopilaron los cuentos orales y los adaptaron a unos ideales nacionales.
Todavía se discute la influencia que tuvieron en el pueblo alemán, pero esos relatos son más populares fuera de Alemania que dentro. Según el autor alemán Matthias Matussek, los alemanes han sufrido una sobredosis de cuentos oscuros de hadas, cuentos que exploraban la parte más tenebrosa del alma humana, algunos de ellos brutales. Pone como ejemplo el cuento Cómo los niños jugaban a matarifes entre ellos —que fue retirado de la colección en la segunda edición—, en el que toda una familia se aniquila a sí misma. Matussek dice que tuvieron un efecto negativo sobre el caracter de los alemanes y que se demostró después de la segunda guerra mundial.
Según el libro Las raíces del nacionalismo alemán, de Louis Snyder, los hermanos Grimm ayudaron a marcar ciertos rasgos como la disciplina, la obediencia, el autoritarismo, la glorificación de la violencia y el nacionalismo. Todo eso pasó a formar parte del caracter nacionalista. El autor alemán Günter Birkenfeld dice que esos relatos explican «por qué los alemanes habían sido capaces de perpetrar las atrocidades de Belsen y Auschwitz».
Por este motivo, los libros de los Grimm estuvieron prohibidos en los colegios después de la guerra. Mientras, fuera de Alemania protagonizaban las películas de Disney. Fuente: www.kindsein.com 

La educación espartana


La agogé o educación espartana (gr. ἀγωγή 'conducta, movimiento') fue junto al radical rechazo del individualismo y la militarización de toda la vida privada y colectiva, el rasgo más característico y definitorio de la sociedad lacedemonia.

Época arcaica

Desde los siglos VIII al VII a. C., la educación espartana se consagra al dominio de las armas. Los jóvenes espartanos no debían buscar ya, como en los siglos anteriores, su gloria personal (ideal homérico), sino la colectiva, la victoria de la ciudad. El poeta Tirteo plasma bien esta novedad ética: “es bello morir, en primera línea, como valiente que lucha por su patria”.
La educación arcaica conserva, no obstante, rasgos de la educación homérica: la lucha, el atletismo y los deportes hípicos mantienen una gran importancia. En los Juegos Olímpicos, desde el 720 al 576 a. C., de 81 ganadores conocidos, 46 son espartanos; en cuanto a la carrera a pie, conocemos 36 ganadores, de los cuales 21 son espartanos. Inmediatamente a continuación en importancia viene la música (en esta época Esparta es la capital musical de Grecia). Las diversas fiestas (Jacintias, Carneas o incluso lasGimnopedias) son apenas un pretexto para los concursos de danza de un alto nivel de refinamiento, que precisan de entrenamiento especializado.

La agogé

A partir del siglo VI (hacia el 550 a. C.), la educación cambia de naturaleza. Se convertirá en la agogé (aunque este nombre es en realidad de época helenística): un sistema educativo profundamente original en su época por sus características, ya que es:
• Obligatorio: constituye un requisito indispensable para la plena ciudadanía. Para Jenofonte, aquellos que no han pasado por la agogé son ciudadanos de categoría inferior que no pueden acceder a las magistraturas ni a los cuerpos de élite o, según Plutarco, son directamente privados de sus derechos ciudadanos. Por el contrario, se puede dar el caso de no ciudadanos (presumiblemente ilotas) que, aceptados en el sistema educativo de la agogé, llegan a ser hombres libres: son los llamados mothakés (ver Ilota).
• Colectivo: frente a la educación personalizada con un preceptor esclavo, al estilo de otras ciudades griegas, la agogé se estructura en etapas para grupos de niños de edad similar.
• Organizado por el Estado: es el propio gobierno de la ciudad el que gestiona la educación pública como una de sus principales misiones, lo que merecerá la alabanza de Platón y Aristóteles. Además de contar con magistrados especializados, los éforos llevan a cabo personalmente una supervisión diaria.
A partir de este momento los ciudadanos se preparan para la vida militar ya desde la misma infancia. A los siete años se les aparta de sus familias y comienzan a vivir en barracones de estilo militar con los compañeros de su misma edad, sometidos a un entrenamiento que busca convertirlos en guerreros perfectos, preocupados sólo por el bien del Estado.
Aunque la agogé se atribuye a Licurgo, no se encuentra referencia histórica alguna a ella hasta el siglo IV a. C., en concreto en Jenofonte (República de los Lacedemonios ).

Desde el nacimiento hasta los siete años

Esparta implantó una estricta eugenesia destinada a lograr ciudadanos sanos y fuertes. De acuerdo con Plutarco (Vida de Licurgo) nada más al nacer, el bebe era examinado por una comisión de ancianos en la Lesjé(“Pórtico”, “Soportales”), para determinar si era hermoso y de constitución robusta. En caso contrario se le llevaba al Apóthetas, una zona barrancosa al pie del Taigeto, donde se le arrojaba o abandonaba en una cima. Se buscaba eliminar así toda boca improductiva. Si el niño, o niña, superaba la prueba, era Durante la infancia se instruía especialmente a las nodrizas para que lo criaran sin pañales que constriñesen su crecimiento o debilitaran su resistencia al frío y al calor. Al niño se le enseñaba a evitar toda clase de melindres, caprichos o rabietas, y debía acostumbrarse a estar solo y a no temer a la oscuridad. Era también costumbre bañarlos con vino, pues existía la creencia (así lo afirma el mismo Aristóteles) de que provocaba convulsiones, haciendo que las naturalezas enfermizas sucumbieran enseguida y robusteciendo, en cambio, las sanas. Creencia posiblemente debida a que, en aquella época, el vino se enriquecía con drogas alucinógenas capaces de provocar la muerte por sobredosis.1 Las nodrizas espartanas llegaron a gozar de fama en algunas regiones de Grecia. Espartana era, por ejemplo, Amicla, la que crio al ateniense Alcibíades.

Desde los siete hasta los veinte años

A los siete años, los niños espartanos abandonaban su casa y quedaban bajo la autoridad de un tutor, magistrado especializado que supervisaba la educación. Se integraban en una agelé, especie de unidad militar infantil, bajo el mando de un muchacho mayor, el irén (de diecinueve años cumplidos). Aprendían entonces a leer y a escribir (según Plutarco, este aspecto se reducía al mínimo indispensable), así como a cantar (principalmente las elegías de Tirteo, que servían como cantos de marcha). Pero lo esencial de su formación consistía en endurecerlos físicamente por medio de la lucha y el atletismo, y en aprender el manejo de las armas, a marchar en formación y, por encima de todo, a obedecer ciegamente a sus superiores y buscar siempre el bien de la ciudad. Plutarco lo expresa así: "Licurgo acostumbró a los ciudadanos a no saber vivir solos, a estar siempre, como las abejas, unidos por el bien público en torno a sus jefes" (Vida de Licurgo).
El Estado asume la tutela hasta los veinte años. Durante la infancia, todo el énfasis se pone en el rigor y la disciplina. Estos dos principios son la quinta esencia de lo espartano. A los niños se les corta el pelo al rape (más tarde, cuando sean efebos, lo llevarán largo y bien cuidado), van habitualmente descalzos y hacia los doce años sólo se les permite ya un himatión (manto de lana de una pieza) al año y ningún quitón (la habitual túnica corta, atada sobre los hombros). De hecho, la mayor parte del tiempo -en el gimnasio, en sus juegos- van desnudos y mugrientos, porque raramente se les permite bañarse. Las raciones de comida se reducen al mínimo imprescindible, lo que les obliga a robar si quieren evitar el hambre o así se lo manda su irén (y, de ser sorprendidos, se les castiga severamente no por el robo mismo, sino por su torpeza al cometerlo). Duermen en un lecho de cañas recogidas en el Eurotas, que deben cortar a mano ellos mismos, sin herramientas de ninguna clase. Pese a todo, los niños y jóvenes cuentan con servidores que les atienden, salvo durante laKrypteia. Al convertirse en efebos (hacia los quince años) se dejaban el cabello largo propio de los soldados, limpio y perfumado, en honor de la opinión atribuida a Licurgo, para quien la melena hacía a los guapos más apuestos y a los feos más temibles.
La esmerada atención que en Atenas y otras ciudades griegas se prodigaba a la educación retórica, en Esparta estaba orientada a formar en la máxima economía expresiva, hasta el punto de hacer proverbial la concisión espartana al hablar (laconismo). Se esperaba del joven que llegara a expresar sus ideas con solidez, pero de forma breve y mordaz, al tiempo que con gracia.
Toda la ciudad vela por la disciplina de los jóvenes. Cualquier ciudadano o compañero de más edad puede reñir a los niños o sancionarlos con castigos físicos: hacerles pasar hambre, morderles el pulgar, azotarlos, etc. Esta dureza, lejos de ser herencia de Licurgo, irá incrementándose a lo largo de los siglos de manera completamente inconexa con las auténticas necesidades militares de la ciudad. Así, durante la Pax Romana, cuando Esparta se ha convertido en una población sin importancia de la provincia de Acaya, las ceremonias a manera de novatadas en el santuario de Artemisa Ortia (combates rituales disputándose pilas de quesos colocados sobre los altares) se convierten en el sádico ritual de la dimastígosis, en la que a los niños, desnudos y al sol, se les flagela incluso hasta la muerte, ante las ávidas miradas de los espectadores, venidos de toda Grecia.
Durante la adolescencia, se pone especial énfasis en el aidós ("pudor", "decencia"). En la primera edad adulta se insistirá de modo particular en la emulación y la competencia, principalmente para llegar a ser uno de los "Hippeis". A partir de los veinte años, los jóvenes espartanos siguen viviendo en un régimen de cuartel y forman los grupos de sfareis (jugadores de pelota).
Todo este entrenamiento hace de los espartanos los soldados más temidos de Grecia y figuran, probablemente, entre los mejores combatientes de la Antigüedad.
Para entrenar el físico, aparte de los castigos y prácticas comentadas con anterioridad, lo más frecuente era apalearlos. El lugar de apaleamiento se encontraba ubicado en un bosque -en un sitio un poco apartado- pero al que podía acceder cualquier ciudadano de Esparta. Lo primero que se hacía era escoger un árbol vigoroso y robusto, al cual se le enganchaba una cadena -en el tronco- y a ésta un palo. Lo que hacía el muchacho era agarrar este palo mientras otros dos de sus compañeros lo apaleaban. Esta acción se llevaba a cabo con varas de bambú, puesto que dolía, picaba y desgarraba la piel. Por si el muchacho se caía de agotamiento o de dolor había otros dercicio era, para el que apaleaban, aprender a aguantar y soportar mejor el dolor. Para los que golpeaban, era no detenerse ni vacilar en el ataque aún cuando se sentía el terrible dolor que estaba sufriendo el enemigo. Y en tercer y último lugar, los que sujetaban, la finalidad era que aunque viesen sufrir o incluso morir a sus compañeros en combate no vacilasen y continuasen con la misión que les había sido encomendada por sus superiores.
Esta práctica no se realizaba como castigo, sino que se hacía de forma aleatoria entre los componentes del campamento. Aunque éste también era el castigo que recibían los muchachos a los cuales se les sorprendía robando.

Cuando el que estaba recibiendo el castigo tenía el cuerpo demacrado se le retiraba, pero a no ser que se encontrase muy herido no se le curaban las heridas. Había casos de jóvenes tan arrogantes que por no sucumbir al dolor y por no caer a los pies de sus compañeros preferían morir. Sus cuatro compañeros -los que apaleaban y los que sujetaban- no podían interrumpir la ceremonia, tan sólo podían aconsejar a su compañero que se soltase. Pero si este decidía no hacerlo se proseguía con la ceremonia hasta arrebatarle la vida.

Oporto: "El desafío es que los chicos permanezcan en la escuela"

Oporto: "El desafío es que los chicos permanezcan en la escuela"

Campana.- El director General de Cultura y Educación, Mario Oporto, participó del Primer Foro Regional de Gestión Integral Sustentable. "Con la Asignación Universal por Hijo hemos llegado a los sectores más pobres y más duros de la población escolar, pero hoy el desafío es que esos chicos permanezcan en la escuela, que además de permanecer egresen, y que egresen con conocimiento, porque cuando hablamos de inclusión hablamos de aprendizaje”, destacó el titular de la cartera educativa.

"Con la Asignación Universal por Hijo hemos llegado a los sectores más pobres y más duros de la población escolar, pero hoy el desafío es que esos chicos permanezcan en la escuela, que además de permanecer egresen, y que egresen con conocimiento, porque cuando hablamos de inclusión hablamos de aprendizaje”, aseguró hoy el director General de Cultura y Educación, Mario Oporto, durante su disertación en el Primer Foro Regional de Gestión Integral Sustentable, que se desarrolló en las instalaciones del Hotel Sofitel, en el distrito de Campana.

En el evento también estuvieron presentes el presidente de la Comisión Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina y Obispo de San Isidro, Monseñor Jorge Casaretto; el Obispo de la Diócesis Zárate-Campana, Monseñor Oscar Sarlinga; y la intendenta Municipal, Stella Maris Giroldi.

Ante más de 300 representantes de la Unión Industrial Argentina Regional Zárate-Campana, representantes sindicales, profesores y alumnos de escuelas de educación de la región, Oporto se refirió a los principales temas de la agenda educativa de la provincia de Buenos Aires. “Todos los chicos tienen que ir al jardín de infantes porque no hay mayor injusticia que unos chicos vayan y otros no, porque eso genera una desigualdad de origen que después es muy difícil emparejar”, dijo el titular de la cartera educativa como primer punto y agregó: “tienen que ir al jardín de infantes para alfabetizarse tempranamente y para aprender a leer y escribir en la primaria”.

En esa línea, y como segundo objetivo de la agenda, Oporto aseguró que “la escuela primaria tiene que enseñar a leer y escribir bien como hecho excluyente. Después tiene que enseñar otro idioma y el lenguaje de las tecnologías, pero la base es el idioma nativo”. Asimismo subrayó que en el nivel primario “hay que trabajar para bajar la repitencia y, por lo tanto, la sobreedad que genera la repitencia”.

Al continuar con el detalle de los temas educativos en la Provincia de Buenos Aires, el funcionario señaló que “tenemos que lograr que todos los alumnos terminan la escuela secundaria”. Y en ese sentido aseguró: “cuando digo todos significa todos, es decir, los más capaces y los que tienen más dificultades de aprendizaje; los que tienen voluntad de estudiar y los que no la tienen; los que tienen una familia detrás que los apoya y los obliga y aquellos que no la tienen”.

Al cierre de su disertación, Oporto detalló el programa general que atraviesa toda la agenda educativa al manifestar que “hay que educar para la paz, para poder vivir juntos, para eliminar la pobreza y, por lo tanto, educar a lo más profundo de la pobreza, darle mejor educación a los que menos tienen, porque eso es democracia”, a lo que finalmente agregó: “hay que educar para la democracia, para profundizar qué implica el federalismo, para conservar el patrimonio cultural porque eso somos, porque eso nos da nuestra identidad y nuestras tradiciones, y hay que educar para conservar el patrimonio natural porque eso es pensar el futuro”.

Fuente: http://www.prensa.gba.gov.ar/