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Aribert Heim, Doctor Muerte


Aribert Heim (28 de junio de 1914 – presuntamente falleció el 10 de agosto de 1992) fue un médico nazi austríaco, también conocido como Doctor Muerte. Como médico de las Schutzstaffel en el Campo de concentración de Mauthausen-Gusen, se le acusa de matar y torturar a muchos reclusos a través de diversos métodos, tales como las inyecciones directas de compuestos tóxicos en los corazones de sus víctimas.
Junto a Alois Brunner, Heim, que sería ahora nonagenario (a partir de 2008), fue uno de los últimos grandes criminales nazis fugitivos que no se le pudo ubicar.
Según una publicación de 2007 por el ex integrante de la Fuerza Aérea de Israel Danny Coronel Baz,  Heim fue secuestrado en Canadá y llevado a Santa Catalina frente a la costa de California, donde fue asesinado por un equipo de caza nazi código "El Búho" en 1982.  Baz mismo afirma haber sido parte de este grupo. El Centro Simon Wiesenthal en Jerusalén, aunque el cazador de nazis francés Serge Klarsfeld dice que esto no es cierto. 

La familia de Heim previamente dijo que había fallecido en 1993 en Argentina, pero no mostraron ningún certificado de defunción. 
Se cree que vivió durante muchos años en El Cairo, Egipto bajo el alias de Tarek Farid Hussein y según se dice murió allí el 10 de agosto de 1992. Su tumba y su cuerpo no han sido encontrados. 
Heim nació en Bad Radkersburg (Austria-Hungría). Hijo de un policía y un ama de casa, estudió medicina en Viena antes de presentarse voluntario para formar parte de las Waffen-SS en la primavera de 1940.
En octubre de 1941, Heim fue enviado al campo de concentración de Mauthausen, donde fue conocido por los crueles experimentos médicos que allí realizó utilizando a los presos como cobayas. Más tarde, fue enviado también a un hospital de campaña de las SS en Viena.Media 1,90 metros.

Los prisioneros del campo de concentración de Mauthausen llamaban a Heim "Doctor Muerte", los judíos sefardíes y los presos republicanos españoles le conocían, además, como "El banderillero". Heim estuvo en este campo cercano a Linz (Austria) durante aproximadamente dos meses (de octubre a diciembre de 1941), y allí realizó experimentos con los judíos, los rusos y los españoles como lo había hecho el médico de Auschwitz Josef Mengele. "Heim refleja en los presos su miedo a la muerte", dijo un superviviente. Marcelino Bilbao relata como él mismo junto a otros 29 reclusos fue envenenado con diversas inyecciones directamente en el corazón con el fin de inducir la muerte más rápidamente.
Desde febrero de 1942, forma parte de la 6.ª División de Montaña SS Nord, en el norte de Finlandia (sobre todo en Oulu) donde ejerce como médico en hospitales SS. Su servicio continuó hasta al menos octubre de 1942. 

El 15 de marzo de 1945, Heim fue capturado por soldados de Estados Unidos y enviado a un campamento para prisioneros de guerra. Fue puesto en libertad bajo dudosas circunstancias y trabajó como Ginecólogo en Baden-Baden hasta su desaparición en 1962. Huyó cuando un informador le dijo que la policía austríaca lo investigaba por crímenes de guerra. Posteriormente desaparece, se desplaza a España, Uruguay (donde abre un establecimiento Psiquiátrico y Ginecólogo de 1979 a 1983), y probablemente también a Chile, Argentina. Paraguay,  Egipto y Brasil, para luego posiblemente volver a España de nuevo hasta 2005. 
Después de Alois Brunner y de Adolf Eichmann, Heim ha sido el segundo Oficial Nazi fugado más buscado.

Heim aparentemente se ha escondido en América del Sur, España y los Balcanes. Efraim Zuroff, del Centro Wiesenthal, ha iniciado una búsqueda activa de su paradero. Ya a finales de 2005, la policía española determinó su posible ubicación en Palafrugell. De acuerdo con el diario "El Mundo", Heim habría sido ayudado por colaboradores de Otto Skorzeny, quien ha organizado una de las mayores bases de Odessa de Franco en España.  Odessa estaba, evidentemente, todavía en vigor de un modo u otro. Los informes de prensa a mediados de octubre de 2005 sugirieron que la detención por la policía española era "inminente". Dentro de esos días, sin embargo, los informes más recientes sugirieron que había eludido con éxito la captura y se había trasladado ya sea a otra parte de España o bien a Dinamarca.
A principios de 2006, se cree que Heim se encuentra en Chile, donde su hija Waltraud, ha vivido desde principios de los años 1970 en Puerto Montt. Cuando se le preguntó acerca del paradero de su padre por parte de las autoridades chilenas, en virtud de las solicitudes de Alemania, Waltraud Aribert alegó que había muerto en 1993. Sin embargo, cuando trató de recuperar un millón de dólares de herencia de él (en una cuenta a su nombre), no podía proporcionar ningún certificado de defunción.
Heim presuntamente se ha trasladado a España tras huir de Paysandú, Uruguay, cuando se encontró allí por el Mossad israelí. El gobierno alemán está ofreciendo € 150.000 por información que conduzca a su arresto, mientras que el Centro Simon Wiesenthal lanzó la Operación "Última Oportunidad", un proyecto para ayudar a los gobiernos en la localización y detención de presuntos criminales de guerra nazis que siguen vivos.
En los últimos cinco años, 300000 € se han retirado de sus cuentas y trasladados a España y Dinamarca. Un joven italiano de Palafrugell, España, tiene contacto con uno de los hijos de Heim en laCosta Brava, región de Cataluña.
El dinero transferido de la cuenta planteó la sospechas de los funcionarios israelíes, en contacto con el Instituto Penal en el estado alemán de Baden-Wurtemberg. Después de que el Instituto Penal investigase en la cuenta, llegaron a la conclusión de que era dinero de Heim, lo que sugiere que Heim estaba todavía vivo, y que su familia había mentido acerca de su presunta muerte en América del Sur debido al cáncer.
Los investigadores alemanes, junto con el Centro Simon Wiesenthal, han descubierto sus cuentas bancarias secretas en Berlín a comienzos del decenio de 2000. Demostraron tener 1 millón de € (£ 680000, $ 1350000) en efectivo y otros activos. Se ha partido del supuesto de que Heim sigue con vida, y esto se fundamenta en el hecho de que ninguno de sus tres hijos requirió nunca cualquier parte de este dinero en herencia. Impuestos sobre los registros demuestran que, lo más tarde en 2001, el abogado de Heim solicitó a las autoridades alemanas las ganancias de capital de devolución de impuestos percibidos por él, porque él estaba viviendo en el extranjero.
Fredrik Jensen, un noruego y ex SS, fue puesto bajo investigación policial en junio de 2007, acusado de ayudar a Aribert Heim en su fuga. La acusación fue negada por Jensen. 
En julio de 2007, el Ministerio de Justicia austriaco declaró que iba a pagar $ 50.000 por información que condujera a su arresto y extradición a Austria.

En 2006 un periódico alemán informó de que tenía una hija, Waltraud, viviendo en las afuera de Puerto Montt, que declaró que había muerto en 1993.  Cuando trató de recuperar una herencia de un millón de dólares de una cuenta a nombre de su padre no pudo aportar un certificado de defunción. 
En agosto de 2008, para tomar posesión de sus bienes, el hijo de Heim pidió que su padre fuera declarado muerto; pretendía donarlas a proyectos de investigación sobre las atrocidades cometidas en los campos. 
Después de años de avistamientos falsos, las circunstancias de la huida de Heim, vida como proscrito y muerte fueron proveídas juntas por la cadena alemana ZDF y el New York Times en febrero de 2009. Informaron de que vivió bajo la identidad falsa de Tarek Farid Hussein en Egipto, y que murió en 1992. 
Heim se había asentado en El Cairo en 1962 donde se convirtió al Islam. Según su vecino, "Su vida era muy ordenada: ejercicio por la mañana, después oraciones en la mezquita principal de Al-Azhar, y largas sesiones de lectura y escritura sentado en su mecedora". Los periodistas que investigaban su caso encontraron un certificado de defunción egipcio y confirmaron su autenticidad.
Durante una entrevista en la villa familiar en Baden-Baden Heim, de 53 años, admitió públicamente que había estado con su padre en Egipto cuando murió. Heim declara que fue durante las Olimpiadas, y que murió el día después de que éstas acabaran. El 21 de septiembre de 2012, un tribunal alemán en Baden-Baden, declaró oficialmente fallecido a Heim en Egipto.  Su apellido Heim en alemán significa hogar. 

Un documental expone a los genocidas de Indonesia "En Indonesia matamos a todos los comunistas"


Begoña Piña
Público

Joshua Oppenheimer muestra en 'The Act of Killing' a los genocidas de Indonesia fanfarroneando y recreando en un rodaje las torturas y asesinatos que cometieron tras el golpe militar de 1965. Los asesinos son tratados hoy como héroes nacionales

Un director de cine pide a un asesino que recree para una película las torturas y crímenes que cometió en su vida real. Éste, encantado con la oferta, se dispone a ello con entusiasmo y diligenc ia. El resultado del experimento es una alucinación cinematográfica que adquiere proporciones épicas cuando se descubre que el criminal es uno de los líderes más sanguinarios de los escuadrones de la muerte de Indonesia, bandas de carniceros que en 1965 acabaron con la vida de un millón de personas en menos de un año. The Act of Killing, de Joshua Oppenheimer, es la consecuencia de ese espeluznante delirio de fama de los genocidas indonesios, que hoy todavía viven como héroes en su país. La película se estrena el 30 de agosto en España.
Werner Herzog, uno de los cineastas que más genialidad ha aportado al cine documental, ha demostrado públicamente su asombro ante The Act of Killing. "No he visto una película tan potente, surreal y terrorífica en al menos una década", ha dicho y, desde luego, ha dado en el clavo con los adjetivos y con el orden en que los ha mencionado. Tan pasmosa, tan demencial es la historia de esta película, que la primera reacción ante ella es de sorpresa. Una especie de estupefacción que se convierte en aturdimiento y confusión antes de transformarse en espanto y, finalmente, en algo muy parecido a la angustia física.
Los escuadrones de la muerte
Anwar Congo, uno de los cabecillas de los escuadrones de la muerte que actuaron en Indones ia tras el golpe militar contra el presidente Sukarno, es la estrella de esta película. Verdugo responsable, según sus palabras, de la tortura y asesinato con sus propias manos de más de mil personas, escenifica ante la cámara los crímenes que cometió, explica cómo perpetraba sus agresiones y se vanagloria de haberse inspirado para ello en las películas de gángsteres que estrenaban en el cine.
Matón de cine, en su juventud él y sus amigos controlaban el mercado negro de entradas. El ejército les reclutó tras el golpe para los escuadrones de la muerte porque sabía que odiaban a los comunistas -principales boicoteadores de las películas de EEUU, las más rentables en los cines- y ya habían demostrado que eran capaces de cualquier acto de violencia. Hoy, casi cincuenta años después, Anwar Congo es una figura venerada en Indonesia.
Fundador de una poderosísima organización paramilitar (Juventud de Pancasila), en la que figuran públicamente ministros del Gobierno, se le trata con todos los honores. Es la imagen, el símbolo, de un país demente, que aplaude la corrupción y la violencia. Un país en el que los genocidas son invitados de lujo en los programas de televisión, donde se explayan sobre sus proyectos cinematográficos y sobre sus aterradores asesinatos reales. Un país donde una buena parte de la población sigue viviendo completamente aterrorizada y a la que da la espalda el resto del planeta.
Palabra de genocida
"Matar está prohibido, por tanto, todos los asesinos son castigados, a menos que maten en grandes ca ntidades y al sonido de las trompetas". Son las palabras de Voltaire con las que se abre esta película, en la que conviven las escenas del pavoroso rodaje en el que trabajan los criminales, con imágenes de ellos en otras situaciones y ante la cámara contestando a las preguntas del equipo de Oppenheimer.
- ¿Cómo exterminó a los comunistas?
- Los matamos a todos. Eso fue lo que pasó.
"No importa si acaba en la pantalla grande o en la televisión", dice Anwar Congo refiriéndose a la película que están rodando y antes de añadir: "Tenemos que demostrar que ésta es la historia, que esto es lo que somos, para que la gente en el futuro lo recuerde". Un esfuerzo tardío después de hablar ante las cámaras de este documental, pues es absolutamente imposible olvidar lo que cuentan, cómo lo cuentan y, lo peor, cómo lo celebran.
Anwar Congo baila vestido como un gangster de película después de mostrar el sitio donde llevaba a cabo las torturas. "Al principio los apaleábamos hasta la muerte, pero había muchísima sangre (...). Cuando limpiábamos, el olor era terrible. Para evitar la sangre, teníamos un sistema". Y dicho esto, unos pasos de chachachá. Estremecedor.
"Matar a gente que no quería morir"
Testimonios como éste se suceden a lo largo de toda la película y no solo pr ocedentes del recuerdo de Anwar Congo. Un editor de prensa -"mi trabajo era hacer que el público odiase a los comunistas"-, un líder paramilitar local que hace ante las cámaras una ronda de extorsión en el mercado exigiendo dinero, el mismísimo vicepresidente del país, otro verdugo de la época, un miembro del Parlamento de Sumatra del Norte o el subsecretario de Juventud y Deporte hacen sus personales aportaciones al documental, dejando constancia de una de las cosas más sorprendentes de todas, la absoluta banalidad con que todos perciben el genocidio cometido y la perfecta impunidad que han construido a su alrededor.
"¿A cuántas personas mató?" pregunta a Anwar Congo con una sonrisa deslumbrante una presentadora de la TVRI, televisión pública de Indonesia. "A unas mil", contesta él también sonriente. Espeluznante y, al mismo tiempo, lógico. Al fin y al cabo, Anwar Congo y sus colegas torturadores están ahí haciendo publicidad, promocionando la película que han rodado describiendo sus asesinatos.
La aberració n ha llegado aquí a su punto culminante. Han pasado casi dos horas desde que comenzara la película y el espectador ha asistido al grotesco espectáculo de la fanfarronería de unos asesinos de masas. En todo ese tiempo se habrá preguntado, seguramente varias veces, ¿cómo es posible vivir con ello y ni siquiera arrepentirse? La respuesta es que probablemente no es posible.
"Sé que mis pesadillas las causa lo que hice, matar a gente que no quería morir", dice en un momento del documental Anwar Congo, cada vez más afectado por el proceso de rodaje de la película y a quien la cámara de Oppenheimer graba también mientras interpreta el papel de víctima en una de sus recreaciones. Momento clave para el genocida y para The Act of Killing, éste en que el asesino se pone en lugar de sus víctimas. Es una secuencia que conduce al final de este documento. Y aquí, las turbulencias emocionales por las que ha pasado el espectador son tantas y tan profundas que ya es muy difícil decidir si ese hombre -en el que algo ahora ha cambiado- está arrepentido o si lo que siente es asco ante la marea de sangre provocada o si es que realmente no quería entender y ahora, por fin, ha entendido lo que significa el acto de matar.

"UNA TÉCNICA DE RODAJE PARA INTENTAR COMPRENDER"

Ganadora de múltiples premios, esta película se gestó después de tres años que el director Joshua Oppenheimer dedicó a rodar a los supervivientes de las masacres de 1965 y 1966. En ese tiempo, el equipo de la película fue amenazado, acosado y advertido para que abandonara. Sin embargo, "los asesinos estaban más que dispuestos a ayudarnos y, cuando los filmamos fanfarroneando sobre sus crímenes contra la humanidad, no encontramos ninguna oposición. Se nos abrieron todas las puertas". Y ahí, en medio de lo que Oppenheimer llamar "esa extraña situación", se inició un segundo punto de inicio de la película.
Propusieron a los gángsteres que rodaran su propia película y que se interpretaran a ellos mismos y a sus víctimas. "Los protagonistas se sentían seguros explorando sus recuerdos y sentimientos más profundos; y su humor más negro. Yo me sentía seguro desafiándolos continuamente sobre lo que hicieron, sin miedo de que me arrestaran o me golpearan".
"He desarrollado una técnica de rodaje con la que he intentado comprender por qué la extrema violencia, que muchos consideramos impensable, no solo es posible, sino que se ejerce rutinariamente. He intentado comprender el vacío ético que hace posible que los responsables del genocidio sean homenajeados en la televisión pública con vítores y sonrisas -dice el director-. Asimismo intentamos arrojar luz sobre uno de los capítulos más oscuros en la historia humana, tanto local como global; y expresar los costes reales de la ceguera, el oportunismo y la incapacidad para controlar la codicia y el ansia de poder en una sociedad mundial cada vez más unificada. Finalmente ésta no es una historia sobre Indonesia, es una historia sobre todos nosotros". Fuente: www.publico.es